Cómo afrontar el estrés de viajar en avión, según un psicólogo

Los pasajeros pueden mejorar su experiencia evitando escalas ajustadas y llevando solo equipaje de mano

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Un hombre sentado en un aeropuerto hablando por teléfono junto a su maleta.
El estrés de viajar en avión afecta cada vez a más personas. Freepik

El estrés de viajar en avión afecta cada vez a más personas, incluso mucho después de aterrizar. La experiencia de perder conexiones, enfrentar retrasos o quedarse sin equipaje deja una huella emocional que resulta difícil de borrar. Para quienes viven esta situación, la frustración no termina al volver a casa: reclamar gastos por objetos perdidos o esperar una compensación se convierte en una extensión del malestar.

En los últimos meses, se ha vuelto más común que los viajeros elijan no volar, salvo que sea indispensable. La razón principal es el aumento de obstáculos y la sensación de indefensión ante el funcionamiento de las aerolíneas.

Según una encuesta de 2023, hasta el 92% de los estadounidenses considera viajar como una experiencia “estresante”. Esta percepción se ha agudizado, especialmente entre quienes padecen ansiedad, depresión o han vivido traumas previos: para ellos, las largas filas y la falta de información clara pueden resultar abrumadoras.

El impacto de los retrasos es tangible. En el segundo trimestre de 2025, una de cada cuatro rutas domésticas no llegó a tiempo, según Psychology Today. Las aerolíneas recomiendan presentarse tres horas antes para vuelos internacionales y dos horas antes para los nacionales, una señal de que las demoras y los controles exhaustivos se han convertido en la norma, no en la excepción.

Los pasajeros pueden mejorar su experiencia evitando escalas ajustadas y llevando solo equipaje de mano. REUTERS/Annegret Hilse
Los pasajeros pueden mejorar su experiencia evitando escalas ajustadas y llevando solo equipaje de mano. REUTERS/Annegret Hilse

Estrategias para mitigar el malestar que genera volar

El psicólogo clínico y profesor de la Universidad de Georgetown, Kurt Ela, asegura que, aunque los viajeros no pueden controlar los retrasos ni la burocracia, sí pueden tomar medidas concretas para disminuir el impacto emocional. “No confíes en las aerolíneas”, advierte. Planificar con margen, evitar escalas ajustadas y optar por no facturar equipaje cuando sea posible son acciones simples que ayudan a reducir la incertidumbre.

La espera en los aeropuertos suele parecer interminable. Para aprovechar ese tiempo, Ela recomienda pensar en actividades que aporten algo positivo: leer una novela, escuchar música relajante o escribir puede transformar la percepción de las horas muertas. Técnicas como la respiración consciente o el mindfulness también resultan útiles para frenar la reacción al estrés.

Los desplazamientos dentro de las terminales pueden ser agotadores. En algunos aeropuertos, la distancia entre el control de seguridad y la puerta de embarque puede ser considerable. Por eso, viajar ligero, usar maletas con ruedas o solicitar una silla de ruedas si se necesita son recursos que pueden marcar la diferencia. Las personas con movilidad reducida tienen derecho a asistencia gratuita y pueden programarla con antelación.

Una agente de aeropuerto sonriente señala un mapa a una familia de cuatro personas, incluyendo dos niñas, en un mostrador de información. Un cartel de "Welcome" está a la izquierda.
Los pasajeros se quejan de la frialdad del personal de las aerolíneas. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El impacto psicológico de viajar en avión

Más allá de los retrasos o el extravío de equipaje, la mayor queja entre los pasajeros es la frialdad en la comunicación con el personal de las aerolíneas. Los mensajes automáticos y la falta de empatía generan sensación de abandono y desesperanza. Según Ela, esta respuesta institucional puede llevar a muchos a experimentar “indefensión aprendida”, un factor de riesgo para cuadros depresivos.

A pesar de esto, el especialista sugiere valorar los gestos de amabilidad que se encuentren durante el viaje, tanto de otros pasajeros como del personal, que enfrenta condiciones laborales complicadas y altos niveles de agotamiento. Reconocer estos pequeños momentos positivos puede contribuir a un estado mental más equilibrado, incluso en un sistema sobrecargado.

Aunque el control sobre la experiencia de volar es limitado, adoptar una actitud proactiva y buscar espacios de autocuidado puede ayudar a que el viaje no se convierta en una fuente de malestar persistente.