Un reciente estudio internacional, publicado en la revista Nature Medicine, analizó la dieta de la población en 204 países a lo largo de 30 años y concluyó que la calidad de los alimentos consumidos incide directamente en la mortalidad por cardiopatía isquémica, la principal causa de muerte en el mundo.
En 2023, una dieta deficiente fue responsable de más de 4 millones de muertes por infarto y otras enfermedades del corazón. El mismo informe atribuye a la alimentación la pérdida de 97 millones de años de vida saludable en ese periodo, lo que pone en evidencia el peso de los hábitos alimentarios sobre la salud cardiovascular global. La investigación identifica la dieta como uno de los factores de riesgo modificables de mayor impacto para prevenir este tipo de enfermedades.
El análisis muestra que la insuficiente ingesta de cereales integrales, verduras, semillas, frutos secos y ácidos grasos poliinsaturados, como el omega-6, junto con un consumo elevado de sodio, aumenta el peligro de desarrollar infartos y anginas de pecho.
Factores alimenticios que elevan el riesgo de infarto
Los investigadores identificaron trece factores dietéticos específicos relacionados con un aumento del riesgo de mortalidad por cardiopatía isquémica. Entre los principales, destaca la poca presencia de cereales integrales, verduras, semillas y frutos secos en el menú diario. También se señaló la importancia de los ácidos grasos poliinsaturados, especialmente el omega-6, y el efecto adverso del consumo excesivo de sodio.
El estudio revela diferencias importantes según la región y el perfil de la población. Los hombres y las personas mayores de 65 años fueron los más afectados por la carga de cardiopatía isquémica vinculada a la dieta. Además, las tasas de mortalidad varían notablemente entre países. Mientras regiones como Australasia, Europa Occidental y América del Norte lograron reducir las muertes atribuibles a la dieta desde 1990, en África subsahariana central se observó un aumento del 20,86 % en el mismo periodo.
Cambios en la alimentación y medidas preventivas
El trabajo alerta sobre una tendencia preocupante en países en transición económica: el consumo de alimentos procesados y carnes industriales está aumentando. El abaratamiento de estos productos ha propiciado su presencia en la dieta diaria, incluso en regiones que antes no los incluían. Aunque representen una fracción menor del total de la carga dietética, su impacto en la salud resulta alarmante.
Los expertos destacan que la solución no pasa solo por reducir los alimentos nocivos, sino también por aumentar la ingesta de alimentos protectores. Disminuir el consumo de carne procesada y, al mismo tiempo, incorporar más cereales integrales, verduras, semillas, frutos secos y fuentes de omega-6, ofrece una estrategia más eficaz para bajar el riesgo de muerte por cardiopatía isquémica, según los hallazgos del estudio.
La investigación concluye que las medidas preventivas deben adaptarse a las características de cada región y grupo poblacional. Promover el acceso y el consumo de alimentos frescos y nutritivos, junto con políticas que limiten la disponibilidad y el consumo de ultraprocesados, constituye un camino prioritario para reducir la carga global de enfermedades cardiovasculares relacionadas con la dieta.