
“Calçots limpios cocidos a baja temperatura. Se pueden comer directamente con salsa romesco. Calentar 2 minutos y listo”. “Calçots super sabrosos y de proximidad, directos de la masía. ¡La excusa perfecta para empezar a disfrutar de las cebollas protagonistas de la temporada sin moverte de casa! Conservar entre 0 y 4 ºC”. Son frases que harían a muchos catalanes echarse las manos a la cabeza, anuncios y descripciones que acompañan a productos online que podemos recibir sin salir siquiera de casa.
En plena temporada de calçots, esa hortaliza a medio camino entre la cebolla y el puerro que es la auténtica estrella del invierno, una pregunta está generando debate: ¿tienen hueco en esta tradición los calçots precocinados? Históricamente, las calçotadas han sido meras excusas gastronómicas para reunir a familia o amigos alrededor del carbón; sin lujos, con las manos manchadas y olor a humo en la ropa. Pero parece que el ritual está cambiando.
Tradicionalmente, el proceso comienza yendo a buscar los calçots crudos para cocerlos en casa con el fuego alimentado, para después, en la misma parrilla y después del festival vegetal, hacer la carne a la brasa. Pero en los últimos años, una tendencia al alza parece poner en peligro este ritual. Cada vez son más productores los que se dedican a la preparación de calçots precocinados, listos para comer en casa sin fuegos ni humos.

Según recoge un programa dedicado a ello en 3Cat, algunos productores empezaron a cocerlos de forma casi anecdótica hace ya más de una década, haciendo calçots para unos amigos. Lo que comenzó como una anécdota se ha traducido en la venta de entre 5.000 y 8.000 calçots cocidos, según un productor de las comarcas tarraconenses, durante los fines de semana más fuertes de la temporada de calçotadas.
Además del incremento de la demanda, Laura Blanch, responsable de Horta Blanch de Altafulla, apuntaba en este programa que de esta forma “se da valor añadido al calçot", un producto cuyo precio es habitualmente bajo. En diferentes webs especializadas, vemos precios que van desde los 17 hasta los 27 euros el kilo, cuando hablamos, en realidad, de un producto que en crudo ronda los 6 euros por kilogramo.
Blanch también recuerda cómo con la pandemia de la COVID se dispararon las ventas de calçots cocidos. Una tendencia que continuó en años venideros, con un perfil de clientela que, dicen, es muy variado: desde jóvenes sin una masía, tiempo ni hueco para una parrilla, hasta personas mayores que buscan la comodidad para disfrutar de uno de los clásicos de la cocina catalana. También despierta cada vez mayor interés entre vecinos y vecinas de otras raíces culturales.
Como no podía ser de otra manera, esta propuesta ha generado cierto debate. Algunos dicen que ahora les compran cocidos porque es más práctico y son igual de buenos, mientras que otros aseguran que el ritmo de vida actual no ayuda a poder hacer una calçotada como las de toda la vida, y que no tener que hacer los calçots permite disfrutar de familia y amigos incluso cuando los medios no acompañan. Por el contrario, hay quien apunta que hacerlos en casa es más barato y consigue mejores resultados, y que comprarlos hechos se pierde la esencia de la auténtica calçotada.
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