Reino Unido deja que Estados Unidos use sus bases militares para atacar a Irán en el estrecho de Ormuz

Esta decisión, que se ha tomado tras una reunión de los ministros, no quiere decir que el país vaya a participar directamente en el conflicto

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El presidente de Estados Unidos,
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el primer ministro británico, Keir Starmer, se dan la mano. Imagen de archivo. (REUTERS/Kevin Lamarque)

Con o sin ayuda. Donald Trump lo ha dejado claro: quiere liberar el estrecho de Ormuz. El presidente de Estados Unidos ha llamado este viernes “cobardes” a los países de la OTAN por no colaborar en esta misión. Y tras esta presión, ha llegado la respuesta de Reino Unido. El Gobierno británico ha confirmado que Estados Unidos puede utilizar sus bases militares para “operaciones defensivas estadounidenses” con el fin de neutralizar “las capacidades que se utilizan para atacar buques en el estrecho de Ormuz”.

Esta decisión, que se ha tomado tras una reunión de los ministros, no quiere decir que el país vaya a participar directamente en el conflicto, ha querido recalcar Downing Street en un comunicado; además, insiste en que sus principios ante el conflicto “siguen siendo los mismos”. “Los ministros confirmaron que el acuerdo por el que Estados Unidos utiliza bases británicas en el marco de la autodefensa colectiva de la región incluye operaciones defensivas estadounidenses destinadas a neutralizar las instalaciones y capacidades de misiles que se están utilizando para atacar buques en el estrecho de Ormuz”, indica el texto.

Las fuerzas estadounidenses destruyen objetivos navales iraníes en el estrecho de Ormuz

La autorización para el uso de las bases británicas para las operaciones destinadas a proteger el estrecho de Ormuz representa una victoria parcial para Donald Trump. Desde que comenzó el conflicto en Oriente Medio, incluso antes, el presidente estadounidense ha criticado al Gobierno británico y cargado duramente contra el primer ministro Keir Starmer, de quien decía que “no es Winston Churchill” y que un país que Estados Unidos alguna vez consideró “el Rolls Royce de los aliados” ahora resultaba decepcionante.

Este anuncio puede interpretarse como una concesión de Reino Unido a las exigencias de Trump, especialmente después de que se haya puesto en tela de juicio la solidez de la alianza entre ambos países. Sin embargo, no es exactamente lo que ha exigido Trump, que desde que comenzaron los ataques en Irán —la llamada Operación Furia Épica— ha instado a los aliados de Estados Unidos, incluido el Reino Unido, a que hagan más para escoltar a los buques que transitan por el estrecho.

Hace tan solo cuatro días, Starmer aseguraba que su Ejecutivo estaba trabajando junto a sus aliados para llevar a cabo un “plan colectivo viable” que reabriera el estrecho de Ormuz. No obstante, se negaba a enviar buques de guerra pese a las presiones de Donald Trump. A principios de esta semana, Starmer remarcaba en rueda de prensa que evitaría que Reino Unido se involucre en una escalada bélica mayor.

La importancia del estrecho de Ormuz

Este mapa ilustra la Operación
Este mapa ilustra la Operación Furia Épica, destacando la ubicación estratégica del Golfo Pérsico cerca de Irán, donde se concentra la actividad de buques de guerra y corbetas. (Comando Central de EEUU)

El estrecho de Ormuz es uno de los puntos estratégicos más sensibles del comercio mundial. Por él pasa aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial. En su parte más angosta, tiene solo unos 33 km de ancho, y las rutas de navegación son aún más estrechas. Esto lo convierte en un lugar vulnerable: cualquier conflicto o accidente puede interrumpir el tráfico fácilmente. Si algo ocurre allí, afecta rápidamente a los precios, la economía y la estabilidad internacional.

Su bloqueo —como el que actualmente ejerce Irán— ha provocado ya subidas en los precios de la energía y el temor a una crisis económica global. En este contexto, Donald Trump ha amenazado con una respuesta militar si Teherán no reabre la ruta, al considerar que interrumpir el flujo de petróleo supone un riesgo estratégico mundial y una presión directa sobre los aliados occidentales. Según sus propias advertencias, cualquier intento de cerrar el estrecho sería respondido con una fuerza “mucho mayor”. El control de este estrecho es por motivos económicos, pero también por una cuestión de poder geopolítico y militar.