Cuando Franco y los Borbones volvieron a encontrarse ante el altar: recordamos la histórica boda de Carmen Martínez-Bordiú y Alfonso de Borbón

El 8 de marzo de 1972 España fue testigo de la boda de Carmen Martínez-Bordiú y Alfonso de Borbón

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Boda de la nieta de
Boda de la nieta de Franco, Carmen Martínez-Bordiú y Alfonso de Borbón.(Foto de ARCHIVO/EUROPA PRESS)

El 8 de marzo de 1972 se celebraba en Madrid una de las bodas más comentadas de la España del tardofranquismo. Aquel día, Carmen Martínez-Bordiú, nieta del dictador Francisco Franco, contrajo matrimonio con Alfonso de Borbón Dampierre, bisnieto del rey Alfonso XIII. Más allá de lo social, el enlace representaba una fuerte carga de poder político y dinástico, ya que culminaba la unión de las dos familias cabeceras de la España de la época.

La ceremonia tuvo lugar en la capilla del Palacio de El Pardo, residencia oficial del jefe del Estado durante la dictadura. Aquel escenario fue testigo de una boda que reunió a buena parte de la aristocracia europea, a representantes del régimen y a miembros de diversas casas reales. Entre los invitados se encontraban los entonces príncipes de España, Juan Carlos I y Sofía de Grecia, así como figuras internacionales como Grace Kelly y el príncipe Rainiero III de Mónaco.

La historia entre los novios había comenzado pocos meses antes en Estocolmo. Allí ejercía como embajador español el duque de Cádiz, que conoció a la joven durante una estancia en la capital sueca. A pesar de haberse visto en contadas ocasiones —algunas fuentes hablan de apenas cinco encuentros— la relación avanzó con rapidez y terminó desembocando en un compromiso formal. La diferencia de edad entre ambos, de unos quince años, no supuso un obstáculo para las familias, que vieron con buenos ojos la unión.

Aparcamientos, pisos y una herencia millonaria: el incalculable patrimonio de la familia Franco.

Para Carmen Martínez-Bordiú, que entonces tenía poco más de veinte años, el matrimonio representaba también la única manera de ganar independencia y salir de las estrictas normas de una familia manejada por su abuelo. En sus memorias publicadas años más tarde, la socialité recordaría que su relación con Alfonso cambió por completo la actitud de su entorno familiar hacia ella: “Todo eran facilidades. Mi padre, de pronto, dejó de cuestionar mi vida, mis amigos y de amenazar con castigos tremendos como eran los internados. Todo cambió, y entraba y salía cuando quería sin dar explicaciones. No existía horario nocturno de ‘a las diez en casa’”.

La petición de mano se celebró en diciembre de 1971, y desde ese momento comenzaron los preparativos para un enlace que se organizó como un auténtico acontecimiento de Estado. Cerca de mil invitados asistieron a la ceremonia religiosa, oficiada por el cardenal Vicente Enrique y Tarancón. El propio Franco acompañó a su nieta hasta el altar ejerciendo como padrino, mientras que la madrina fue la madre del novio, Emanuela de Dampierre.

Boda de Carmen Martínez-Bordiú y
Boda de Carmen Martínez-Bordiú y Alfonso de Borbón (EFE).

Un vestido ‘marca España’ hecho a medida

Aquel día, la atención mediática se centró especialmente en la novia. Carmen apostó por un vestido creado por el célebre diseñador vasco Cristóbal Balenciaga, uno de los grandes nombres de la alta costura del siglo XX. El modisto, que ya había cerrado su casa de moda años antes, aceptó diseñar la prenda para la ocasión. Sin saberlo entonces, aquel sería el último vestido de novia firmado por Balenciaga, ya que el creador fallecería apenas dos semanas después. “Estaba ilusionada con mi boda, pero nunca la vi como el cuento de hadas que decía la gente, aunque sí tomé la decisión de que el vestido de novia me lo tenía que hacer Balenciaga”, confesó en Carmen Martínez-Bordiú. A mi manera.

El traje destacaba por su elegancia sobria y por una silueta clásica en línea A, fiel al estilo del diseñador. Estaba confeccionado en raso natural blanco y presentaba mangas largas, cuello cerrado y una capa que caía desde los hombros a modo de manto. Sin embargo, la verdadera espectacularidad se encontraba en los detalles: miles de perlas y brillantes cosidos a mano adornaban el diseño, junto a bordados realizados con hilo de plata.

El estilismo se completó con una llamativa tiara que la novia recibió como regalo de sus abuelos. La pieza, acompañada de un conjunto de joyas con collar, broche y pendientes, estaba adornada con grandes piedras verdes que muchos identificaron como esmeraldas. Sin embargo, con el paso del tiempo surgieron dudas sobre la autenticidad de aquellas gemas.

Décadas después, Carmen decidiría deshacerse de la pieza en la caza de subastas Sotheby’s y saldría a la luz el secreto que guardaba detrás la tiara. Según supuestamente le contó la nieta de Franco al joyero Pablo Milstein, las esmeraldas eran en realidad “cristales pintados de verde por detrás, pegados a una lámina de talco con clara de huevo”. La incógnita nunca quedó del todo resuelta, algo que convierte la ‘joya’ en uno de los misterios más comentados de aquella boda.

Carmen Martínez-Bordiú y su hijo
Carmen Martínez-Bordiú y su hijo Francisco de Borbón (EFE).

Una carga política muy efímera

Más allá del glamour, el enlace también tuvo una lectura política. En aquel momento, el régimen de Franco había designado a Juan Carlos como futuro jefe del Estado tras su muerte. Sin embargo, algunos sectores vinculados a la familia del novio soñaban con la posibilidad de que el dictador reconsiderara su decisión y viera en Alfonso de Borbón un candidato alternativo para el futuro de la monarquía. Una aspiración que nunca llegó a materializarse.

Tras la ceremonia, la pareja inició su vida en común y, durante los primeros años, el matrimonio fue seguido con enorme atención por la prensa. En 1972 nació su primer hijo, Francisco de Asís de Borbón, y dos años más tarde llegó el segundo, Luis Alfonso de Borbón. Sin embargo, la pareja no obtuvo su final feliz. Un año más tarde del nacimiento de su segundo hijo y tras el fallecimiento de Franco, Carmen se enamoraría perdidamente del francés Jean Marie Rossi. Una obsesión que la llevaría a mudarse a París y, por ello, perder la custodia de sus hijos tras su divorcio en 1982.

En el año 1986 finalizaría la historia del matrimonio con la nulidad eclesiástica solicitada por Alfonso de Borbón, donde se evidenció que la joven no fue consciente de la gran envergadura que suponía un enlace que para ella solo sirvió como forma de escapar de El Pardo. “No me encontraba suficientemente madura ni preparada”, admitió ante el Tribunal de Rota a los 35 años y dos años después de haber contraído segundas nupcias con el francés que le había robado realmente el corazón.