Aragón no es Extremadura, empezando por el número de fuerzas que se disputan los escaños, que van más allá de PP, PSOE y Vox. Lo facilita un umbral del 3% y no del 5% para obtener uno. Otra diferencia es que hay una candidata socialista sólida, o que no necesita presentación, recién aterrizada desde el Gobierno. Miguel Ángel Gallardo no lo era. Pero Gallardo sí tenía unidad a su izquierda, Pilar Alegría no. Esta es la perspectiva local. Toca ahora abordar qué significa el 8 de febrero a escala nacional, qué se juegan los partidos y sus líderes. Solo un mes después será Castilla y León y, antes del verano, Andalucía.
En vista de la agenda electoral, se espera un primer semestre duro para Pedro Sánchez. El PSOE ya perdió estrepitosamente en Extremadura y sería una sorpresa que pudiera gobernar en Aragón. Castilla y León se presenta igualmente complicada, no menos Andalucía. En todas ellas el PP resiste o crece y Vox, en su mejor momento en intención de voto, está disparado. Lo que Sánchez haga en el país obrará a favor o en contra de sus aspirantes en las comunidades autónomas, y en estos momentos tiene las manos atadas para sacar adelante iniciativas, y las posibles no han tenido la evolución esperada.
Porque en lo doméstico, la financiación autonómica, que se suponía iba a significar munición para las candidaturas socialistas en cada territorio y que pretendía un incendio interno en el PP, se le ha vuelto en contra. Solo Cataluña la respalda. Lo mismo con la nueva propuesta para facilitar el acceso a la vivienda, que ahorra impuestos a los caseros. Con este mar de fondo, Pilar Alegría ha hecho campaña en Aragón. La exministra de Educación y Deportes y exportavoz del Gobierno lo ha hecho a la antigua, pueblo a pueblo, puerta a puerta, pero con los más punteros altavoces, como son las redes sociales. La dirigente ha tratado de recortar desventaja.
De Salazar a Lambán
Sin el oxígeno de la financiación, el Consejo de Ministros también ha ideado una subida del SMI o una regularización masiva de migrantes, que, sumado al pretendido (y tumbado) escudo social votado en el Congreso, han intentado asistir a Alegría en su difícil misión. Pero el PP también ha jugado sus cartas, y al menos una fue ganadora. A solo cuatro días del 8-F, este jueves, sentó a Paco Salazar en el Senado presuntamente para interrogarle por el caso Koldo, y le preguntaron por Alegría. Salazar, señalado por acoso sexual, negó que la candidata le haya afeado nunca su comportamiento.
La derrota de Gallardo no es tan dolorosa para Sánchez como lo sería una de Alegría, o como lo sería la de su todavía hoy vicepresidenta María Jesús Montero frente a Juanma Moreno. Infobae pudo hablar con Alegría solo horas antes de que anunciara su adiós al Gobierno. La copa de Navidad de Moncloa, el 15 de diciembre, fue su última aparición en el cargo. Aseguró que afrontaba la candidatura con “ilusión” y que no consideraba este reto como menos relevante que ser parte del Consejo de Ministros. Ahora se trata de su tierra y quiere “convencer” de que el suyo es “el mejor proyecto” para Aragón.
Quien estuvo al frente del PSOE en Aragón antes que ella, el fallecido Javier Lambán, no preparó el terreno a Alegría ni dentro de las filas. No por Alegría, sino por exministra y, más que eso, por exportavoz del Gobierno de Sánchez, a quien Lambán señaló en repetidas ocasiones, en su mayoría por concesiones al independentismo catalán. Tanto es así que Jorge Azcón usa el nombre de Lambán en campaña para atacar a la socialista: “En este debate de la financiación, si el presidente Lambán todavía estuviera con nosotros, yo tengo absolutamente claro qué es lo que estaría opinando”, dijo Azcón en su entrevista con ‘Infobae’.
Azcón, entre Llorca y Guardiola
Es por esto que Alegría cambió a contrarreloj el traje de ministra por el de candidata y lleva semanas recorriendo la región para exponer sus propuestas. Sabe además que no podrá contar con demasiados escaños a su izquierda, donde no han tomado nota de Extremadura. Enfrente tiene a Azcón, que tuvo que adelantar las elecciones por no entenderse con Vox, pero que va a las urnas tranquilo. Su campaña es más conservadora. Vende gestión y lo no logrado lo achaca al Gobierno central y al bloqueo de Vox, con quienes tendrá que volver a entenderse. Alberto Núñez Feijóo no está especialmente preocupado: tendrá foto de la victoria.
La Comunidad Valenciana sigue siendo del PP tras Carlos Mazón gracias a Vox, y Extremadura seguirá siendo del PP con María Guardiola gracias a Vox, en este caso muy seguramente con presencia en el ejecutivo. Aragón, si la derecha suma, seguirá con Azcón al frente porque para Núñez Feijóo ya no es un problema la defensa de estas alianzas. A corto plazo. A medio, cuando se acerquen unas generales, será cuando Vox apriete tanto en las políticas autonómicas como en aspiraciones de ministerios, y ese ya será un salto cualitativo. Pero, por ahora, el PP no deberá abordar algo que no haya abordado ya antes.
Si Núñez Feijóo se juega menos que Sánchez, todavía menos que Núñez Feijóo se juega Santiago Abascal, no obstante muy presente en la campaña. Si Alejandro Nolasco (el candidato de Vox) considera que Azcón hará políticas del gusto de su partido, le dejará gobernar en solitario, caso de Juanfran Pérez Llorca; si valora que tratará de evitar su programa, exigirá consejerías, caso de Guardiola. En ambos casos, Vox es quien decide y puede detonar los gobiernos. Caso parecido con Junts o Sumar en lo nacional, pero sin que ni uno ni otro termine de hacerlo. Tampoco Sánchez adelanta elecciones pese a no tener una situación mejor que la que ha forzado a Azcón a ir a las urnas.
La izquierda
Y está la izquierda a la izquierda del PSOE, que en parte es problema y en parte oportunidad para Alegría. Yolanda Díaz e Ione Belarra quedan señaladas. Una sopa de siglas solo conseguirá que miles de votos se queden sin escaño, generando desencanto entre quienes apuesten por ellas. O bien Alegría puede apelar a ese elector y tratar de mostrarle que la única forma de tratar de derrotar a Azcón es la papeleta del PSOE. Que es voto útil. Parece que ni con eso. Otra ventaja o más bien alivio para Alegría es que, tras Extremadura y en el clima de pesimismo reinante, hay derrotas que entrarían dentro de lo honroso, como lo sería estar cerca de recuperar Aragón o ya solo igualar el resultado de 2023.
Pero derrota al fin y al cabo. La segunda en 50 días. Y sin tiempo para levantarse o para la reflexión en la izquierda, en otros 35 hay urnas de nuevo. El ciclo termina en generales y Sánchez se presenta. En el camino se la juegan varios ministros. Además de los ya mencionados, Diana Morant y Óscar López. Frente a Isabel Díaz Ayuso este último, nada menos. El presidente ya ha estrechado vínculo con ERC (financiación) y Podemos (regularización de migrantes). Será con el Congreso o no será. Para tener la mínima opción, deberá echar a andar la legislatura cuando la legislatura ya empieza a encarar la recta final.
Los pronósticos coinciden: ganará el PP, que necesitará a Vox, y para el PSOE ya será un alivio no bordear su peor resultado histórico. A partir de las 20:00 horas este domingo comenzarán a concretarse los números.