Miriam Pascual, abogada: “He tenido varios casos en los que, por culpa de los mensajes de WhatsApp, ha sido mucho más difícil la defensa”

Los mensajes han sido los grandes reveladores de secretos, datos y fechas en los últimos escándalos políticos

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Los mensajes han sido los
Los mensajes han sido los grandes reveladores de secretos, datos y fechas en los últimos escándalos políticos. (REUTERS/Dado Ruvic)

Los cuatro mosqueteros”. Así se llamaba el grupo de WhatsApp donde se coordinaban comisiones y pagos de la trama de las mascarillas. Un nombre que parecía sacado de una película, pero que acabó siendo la pieza clave para que la Guardia Civil reconstruyera, mensaje a mensaje, cómo se movían el dinero y las influencias en plena pandemia.

No es el único caso. “El 1” (presunta referencia al presidente del Gobierno), la logística de las maletas de Delcy Rodríguez en Barajas, o el revelador “yo estaré allí para lo que haga falta” de la Operación Kitchen. Los grandes escándalos políticos de los últimos años tienen un denominador común: WhatsApp.

O como en la gestión de la DANA que arrasó Valencia el 29 de octubre de 2024, los mensajes se convirtieron en una cronología implacable. La ministra Teresa Ribera aseguró haber intentado contactar con el president Carlos Mazón durante horas críticas. La tardanza en responder quedó registrada al minuto. El móvil no solo mostró lo que se dijo, sino lo que no se dijo y cuándo no se dijo.

Los dos mensajes enviados en
Los dos mensajes enviados en los grupos de emergencias (Infobae España)

WhatsApp como juez

Los abogados conocen bien los riesgos. Así lo ha explicado la abogada Miriam Pascual en un vídeo en sus redes sociales que se ha viralizado: “He tenido varios casos en el despacho que por culpa del WhatsApp ha sido mucho más difícil su defensa”. Sus advertencias no van solo dirigidas a políticos, sino a cualquiera que use la aplicación.

Nunca reconozcas culpas por escrito: “Si alguien te escribe acusándote de un delito o de un hecho que, aunque consideres que no es un delito, puede llegar a serlo, nunca reconozcas las culpas”, ha advertido. En el fragor de una discusión, un simple “perdón, no volverá a pasar” puede interpretarse como confesión ante un juez.

Cuidado con las palabras cotidianas: “Nunca envíes ningún tipo de insulto a tu pareja. Hay expresiones que pueden parecer más cotidianas, como por ejemplo ‘putilla’, y lo digo así porque se me ha dado el caso, y pueden acabar en un delito leve”. El lenguaje de WhatsApp carece de tono. Para un fiscal que lee meses después, solo existe la literalidad, ha explicado.

Las amenazas no desaparecen: “Si estás manteniendo una discusión con alguna persona, no se te ocurra amenazar. En ese momento, tú puedes entender que no tiene ningún tipo de importancia porque está dentro de esa discusión, no deja de ser un delito de amenazas”, ha dicho. Escribir “te vas a enterar” o “vas a pagar por esto” deja un rastro permanente.

Los peligros del ámbito laboral

La abogada también alerta sobre los riesgos en el trabajo: “Si tienes una empresa, no crees un grupo de WhatsApp grupal con los números de teléfono personales de esos trabajadores, sin consentimiento y sin normas establecidas”. Vulnerar la protección de datos puede acarrear sanciones administrativas graves.

Pero hay algo peor: “Ni se te ocurra compartir fotos o stickers de contenido sexual de una persona, independientemente de que la conozcas o no. Podrías incurrir en un delito castigado con prisión”. No importa si el contenido llegó por otro grupo. El simple hecho de reenviarlo convierte al usuario en autor de un delito de revelación de secretos.

Y es que un mensaje enviado es un mensaje que ya no te pertenece. Puede ser reenviado, capturado en pantalla, recuperado por la policía años después. La tecnología forense actual permite rescatar conversaciones que el usuario creía borradas para siempre.