
Jan Glazewski sostenía un papel arrugado entre las manos y lo observaba con detenimiento. En ese folio, su padre, Adams Glazewski, de 89 años, acababa de dibujar de memoria el lugar donde la familia enterró sus pertenencias más valiosas en 1944, cuando las fuerzas rusas avanzaron por el este de Polonia. Han pasado más de medio siglo desde que Adams huyó de su tierra natal, pero las líneas del mapa parecen seguras, precisas. “Mi padre me dio este mapa, algunas direcciones, y dibujó todo de memoria, cincuenta años después de que se fuera”, explicó Jan, según recoge el medio italiano Il Messaggero.
El mapa señala un área cerca de Lviv, en lo que hoy es territorio ucraniano. Allí, donde antes se levantaba la mansión de la familia, solo quedan escombros y vegetación salvaje que ha ido reclamando el terreno con los años. Jan decidió atravesar campos cubiertos de maleza, descender por una pendiente y finalmente llegar a la linde de un bosque. Según las indicaciones de su padre, allí debía estar lo que buscaba.
Con un detector de metales en mano, comenzó a peinar el terreno con paciencia. La aguja del aparato se movía y lo guió hasta un punto concreto. Cuando empiezó a cavar, sus manos se toparon con algo sólido: un joyero enterrado hacía ochenta años, intacto bajo la tierra.
Un reencuentro cargado de emociones
Al abrir el cofre, Jan descubrió que perteneció a su madre, quien murió cuando él tenía solo siete años. Dentro había joyas, una cuchara de bautismo grabada y otros objetos cuidadosamente empacados, recuerdos que ella protegió antes de que la familia huyera.
“Tocar los objetos que mi madre empacó hace ochenta años fue increíblemente conmovedor”, dijo. “Tiene un significado inmenso. Es como cumplir un sueño de la infancia de encontrar un tesoro. Pero, sobre todo, honró los deseos de mi padre. Me dio una profunda sensación de satisfacción. Ahora camino más alto, más seguro”, añadió.
Aunque el valor económico de los objetos se estima en miles de dólares, para Jan representa algo que ningún precio podría medir: un vínculo tangible con su madre y con una historia familiar que parecía perdida para siempre.
El mapa como puente entre generaciones
La familia Glazewski nunca regresó a su hogar después de huir de la invasión rusa. La guerra los dispersó, la casa fue destruida y la ubicación exacta de sus pertenencias quedó como un relato difuso, transmitido de generación en generación. “El mapa dibujado por mi padre resultó ser más que un papel con líneas y referencias. Fue el puente entre dos épocas, la llave que abrió un capítulo que había permanecido inconcluso durante generaciones”, afirmó Jan.
Ahora, planea exhibir algunos de los objetos, no solo como homenaje a sus antepasados, sino también como testimonio de las miles de familias que tuvieron que enterrar su vida entera durante la guerra, con la esperanza de recuperarla algún día. Para Jan, este hallazgo no es solo la recuperación de objetos. Es un reencuentro con sus raíces, una conexión con su pasado y con la memoria de quienes lo precedieron.
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