Un despido inesperado genera casi siempre desconcierto e incertidumbre en el trabajador, especialmente cuando llega tras un largo historial de estabilidad y compromiso profesional. La situación puede resultar aún más difícil de asimilar cuando el empleado no entiende la justificación que ofrece la empresa para poner fin a la relación laboral, ni reconoce en ella su propio desempeño. En esos casos, el impacto no es solo económico, sino también emocional, ya que el despido cuestiona de forma abrupta una identidad profesional construida durante años.
Trabajadores con trayectorias impecables, décadas de antigüedad y evaluaciones positivas reciben de un día para otro una carta de despido. Al leerla, descubren con sorpresa y desconcierto que los motivos alegados no se corresponden con su desempeño real, sino que contienen acusaciones que consideran falsas o desproporcionadas. Según el abogado Miguel Benito Barrionuevo, esta situación es mucho más frecuente de lo que suele creerse y responde a dinámicas muy habituales en el mercado laboral.
El letrado explica que muchas de estas cartas incluyen “mentiras o exageraciones”, pero subraya que no deben interpretarse como un ataque personal al trabajador. Lejos de ello, se trata de documentos diseñados como parte de una estrategia empresarial. “Esto es frío, es injusto y tienes todo el derecho del mundo a reclamar”, afirma Benito Barrionuevo, refiriéndose a los empleados que se enfrentan a un despido mal justificado tras años de entrega profesional.
Una estrategia de negociación de la empresa
El contexto legal español es clave para entender este fenómeno, según relata el experto en un video publicado en su perfil de TikTok (@empleado_informado). En España no existe el despido libre, lo que obliga a las empresas a justificar cualquier rescisión contractual. Esa obligación, según el abogado, lleva a algunas compañías a construir relatos que no siempre se sostienen en hechos objetivos. En sus palabras, llegan incluso a “inventarse la carta de despido” cuando no existe una causa real que lo justifique. El documento, por tanto, no siempre refleja la trayectoria real ni el valor del empleado, solo se trata de una necesidad formal de la empresa.
El trasfondo de estas prácticas es fundamentalmente económico. Benito Barrionuevo lo explica con un ejemplo claro: “Por ejemplo, si Fulanito le debo 60.000 euros, pongo todo esto a ver si lo puedo defender y antes de entrar a juicio pacto 50.000 o 45.000 en lugar de los 60.000 euros”. De este modo, la carta de despido se convierte en una herramienta de negociación previa al conflicto judicial, con el objetivo de reducir la indemnización que correspondería legalmente al trabajador.
Impacto emocional de un despido
Este enfoque, además de ser legalmente cuestionable en muchos casos, genera un impacto emocional considerable en quienes lo padecen. Por ello, el abogado insiste en la importancia de separar el plano jurídico del personal. El especialista en derecho y creador de contenido sobre asesoramiento legal en redes aconseja no permitir que el contenido del despido condicione la autoestima ni la percepción de la propia valía profesional. “Para ellos, ha sido una herramienta. Intenta que no te afecte en tu vida privada”, recomienda, recordando que la lógica empresarial no define la calidad humana ni laboral del trabajador.
Finalmente, Benito Barrionuevo subraya que reclamar lo que corresponde no solo es legítimo, sino necesario para evitar abusos. No obstante, insiste en mantener una mirada equilibrada: “Toma las medidas legales que tengas que tomar, pero trata de separar lo que ha sido una estrategia de la empresa con la realidad de lo bueno o malo que tú eres como trabajador”. Una distinción esencial para afrontar el proceso con firmeza legal, pero también con estabilidad emocional.