Cuando usamos ingredientes para cocinar, lo más habitual es intentar buscar los mejores productos a un precio asequible. Sin embargo, en ocasiones no sabemos cómo reconocer si tienen una buena calidad o son mediocres.
Uno de los productos que se suelen pasar más por alto es la salsa de soja. En muchos casos, pensamos que todas son muy similares y que no hay diferencias notables. Pero, nada más lejos de la realidad, existen numerosos factores que determinan su calidad y sabor.
David Guibert, un cocinero que publica contenido en redes sociales, ha explicado en uno de los últimos vídeos que ha subido a su cuenta de TikTok (@davidguibertchef) cómo reconocer la calidad de la soja. “Cuando tengas dudas de cuál comprar, agita las dos botellas juntas y en la que aguanten más las burbujas es la buena”, afirma el chef.
Cómo reconocer una buena salsa de soja
El truco de la botella no es algo casual, de hecho, está respaldado por la ciencia. Las salsas de soja de mayor calidad pasan por una fermentación larga y natural que puede durar desde varios meses hasta casi dos años. Durante ese tiempo, la soja y el trigo se transforman, dando lugar a compuestos que aportan sabor, aroma y una textura más densa.
Este proceso genera proteínas solubles que modifican la estructura del líquido, haciendo que no sea tan acuoso. Esa ligera viscosidad es clave para que, al agitarla, las burbujas se formen y permanezcan durante más tiempo en la superficie. En cambio, las salsas más baratas suelen elaborarse mediante hidrólisis química, un método mucho más rápido que no desarrolla estas propiedades.
Otros factores que determinan la calidad de la salsa
Además de la fermentación y la textura, existen varios aspectos que pueden ayudarnos a identificar una salsa de soja de alta calidad. Uno de los más importantes es el color. Una buena salsa tiene un tono oscuro y uniforme, brillante, que refleja su proceso de fermentación natural. Si el líquido se ve demasiado claro o tiene reflejos apagados, puede indicar que se han añadido colorantes o que se ha acelerado la producción mediante métodos químicos.
El aroma es otro indicador fundamental. La soja fermentada de manera natural desprende un olor profundo y complejo, con matices tostados, dulces y ligeramente afrutados. Las salsas más baratas suelen oler más suaves o incluso a cereal procesado, careciendo de ese carácter intenso.
El sabor, por supuesto, es clave. Debe ser equilibrado, con un umami pronunciado que aporta profundidad a los platos sin resultar excesivamente salado. La presencia de estas notas umami es un reflejo directo del tiempo de fermentación y de la calidad de los ingredientes utilizados.
Por último, la viscosidad también cuenta. Tal y como se ha explicado con el truco de las burbujas, una salsa de soja de calidad no es completamente líquida. En conjunto, color, aroma, sabor y textura son señales claras de que estamos ante un producto auténtico y bien elaborado.