El accidente de Adamuz genera “miedo e intranquilidad” entre los viajeros habituales de la ruta Madrid-Andalucía: “Me va a costar volver a viajar”

El catedrático y experto en dinámica ferroviaria, José María Goicolea, asegura que este tipo de accidentes son excepcionales y que la alta velocidad cuenta con protocolos “exigentes”

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El accidente en Adamuz siembra
El accidente en Adamuz siembra el miedo entre los viajeros que suelen coger el tren entre Madrid y Andalucía. (J.J. Guillén(EFE)

Un tramo de vía, dos trenes, 42 víctimas mortales y centenares de heridos. El descarrilamiento del coche 6 de un tren Iryo que cubría la ruta Málaga-Madrid provocó que invadiera el sentido contrario, por donde en pocos segundos iba a pasar un Alvia que cubría el viaje opuesto, a 200 km/h. En 20 segundos, el accidente se convirtió en tragedia.

“Pudo deberse a defectos en los ejes o bogies del coche, o defectos en la vía, o una combinación de ambos”, explica José María Goicolea, catedrático de la Universidad Politécnica de Madrid y especialista en dinámica ferroviaria. “Los carriles son de barra larga soldada, lo cual es perfectamente seguro. Las juntas solo existen en desvíos o extremos de viaductos y reciben inspección especial. Es poco probable un fallo previo de la soldadura”, aclara.

Pero más allá de las cifras o de las posibles causas, el siniestro ha dejado marcada la percepción de los viajeros habituales del trayecto. “Siento un poco de miedo. Creo que es el segundo accidente que ha pasado en poco tiempo”, dice Isa Molina, usuaria frecuente de la línea Madrid-Andalucía.

Los restos de uno de
Los restos de uno de los vagones de tren tras el choque en Adamuz. (AP foto/Manu Fernandez)

Entre el miedo y la necesidad

Para quienes dependen del tren como principal vía de conexión familiar o laboral, la tragedia de Adamuz se ha convertido en un “runrún” constante. Molina realiza el trayecto al menos “seis veces al año, ida y vuelta”. Otra viajera, Marta P., viaja semanalmente entre Málaga y Madrid “por trabajo y familia”, y Alejandro Sevilla, estudiante en Madrid, cuando quiere “volver a casa o volver a Madrid para seguir estudiando”. Por su parte, Jessica Flores calcula “unas ocho o nueve veces” para visitar a su familia y Alejandro Pons sitúa su promedio entre “30 y 50 veces al año″, muchas de ellas para ver al Málaga CF.

Precisamente, Pons cogió la misma ruta aquella misma mañana. “El domingo 18 llegué a Córdoba a las 13:00 horas”, explica a este diario. Antes del accidente, la relación de la línea y los viajeros era de confianza y rutina. “Yo ya estaba superhabituada y lo había dado como algo normal. No tenía ni idea”, señala Marta P. en referencia a las vibraciones.

Y es que, la tragedia ha alterado la percepción de seguridad en su método de transporte. “Siento un poco de miedo, aunque no creo que lo cambie, pero la primera vez que me monte no pararé de darle vueltas”, admite Molina. Del mismo modo, Marta P. reconoce que “probablemente las primeras veces que me vuelva a montar en ese AVE mi sentimiento sea triste y preocupada, pero confío en que se revisará el tema y se detectarán posibles problemas similares”.

La tragedia ocurrida en Adamuz, donde la colisión de dos trenes ha causado decenas de muertos y heridos.

Por otro lado, Alejandro Sevilla pone el foco en el estado de la vía: “Es bastante preocupante”. Sus padres, que planeaban visitarlo en poco, han decidido posponer su viaje a la capital. “Hasta el 2 de febrero no se podrá recuperar la normalidad”, expresa. Asimismo, Jessica reconoce que le volverá a costar subirse al tren: “Por tiempo y dinero, tendré que volver a usarlo, pero me va a costar tomar la decisión de viajar”. Aun así, no todos temen al tren. Pons confiesa “sentirse más intranquilo”, pero mantiene la confianza en el sistema ferroviario. “Imagino que se abrirá cuando esté comprobado que está en buen estado”, subraya.

Algo que se repite en los demás, aunque el sentimiento gira hacia la “falta de otras alternativas”, como explica Molina. “Es muy cansado ir en coche y, al final, el tren es un medio superágil, sobre todo cuando tienes que ir por trabajo”, añade Marta P. A ello se suma el encarecimiento del avión: “Los vuelos están a un precio desorbitado y además ir al aeropuerto complica bastante la situación”.

Pertenencias esparcidas en el accidente
Pertenencias esparcidas en el accidente de Adamuz. (Reuters)

Desde el punto de vista técnico, Goicolea recalca que este tipo de accidentes son muy excepcionales y que la alta velocidad cuenta con protocolos “especialmente exigentes”. A su juicio, más allá de la causa concreta, el foco debe ponerse ahora en la prevención: “Hay que reforzar la inspección, la monitorización y la coordinación entre el administrador de la infraestructura y los operadores ferroviarios”.