Cómo se hace una endoscopia, la prueba que ayuda a los médicos a mirar el interior de nuestro cuerpo para detectar el cáncer

La intervención dura entre 15 y 30 minutos y se realiza con el paciente sedado o anestesiado

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Imagen recurso del interior de
Imagen recurso del interior de un quirófano (SANTYPAN/ ISCTOK)

Aunque para muchos puede tratarse de una prueba desagradable, la endoscopia es hoy en día uno de los procedimientos médicos más realizados tanto para diagnosticar como para tratar diversas afecciones internas sin necesidad de cirugía mayor. En términos simples, es una prueba que permite a los médicos ver el interior de nuestro cuerpo.

La endoscopia evita que los profesionales deban hacer un incisión mayor en el cuerpo. Para ello se utiliza un instrumento llamado endoscopio, que es una sonda larga, delgada y flexible equipada con una luz y una cámara en el extremo, lo que posibilita explorar órganos y cavidades internas con gran precisión.

El procedimiento comienza con la preparación del paciente, que puede variar según el tipo de endoscopia que se vaya a realizar. En muchas, especialmente las que acceden al tracto digestivo superior, se indica ayuno previo de varias horas para garantizar que el estómago esté vacío y se reduzcan los riesgos durante la exploración.

Durante la endoscopia, el paciente suele recibir sedación o anestesia ligera para mayor comodidad. El endoscopio se introduce a través de una apertura natural del cuerpo, como la boca o el recto, dependiendo del área que debe examinarse. Una vez dentro, el médico puede observar en tiempo real las imágenes enviadas por la cámara a un monitor. En procedimientos como la esofagogastroduodenoscopia (EGD), que examina el esófago, el estómago y la primera parte del intestino delgado, el tubo se introduce por la boca y desciende cuidadosamente hasta alcanzar la zona de interés.

La duración de la exploración suele ser relativamente corta, comúnmente entre 15 y 30 minutos, aunque puede extenderse si se realizan biopsias o tratamientos adicionales durante el mismo procedimiento.

¿Para qué sirve una endoscopia?

El valor principal de la endoscopia reside en su capacidad para diagnosticar y, en muchos casos, tratar problemas internos sin cirugía mayor. Según MedlinePlus, este procedimiento no solo permite observar con detalle el interior del cuerpo, sino también tomar muestras de tejidos anormales (biopsias), extirpar pequeños tumores, detener sangrados o extraer cuerpos extraños, como alimentos atrapados en el esófago.

La Clínica Mayo destaca que, en el contexto del aparato digestivo superior, las endoscopias se usan para investigar síntomas como dolor abdominal, acidez persistente, náuseas, vómitos, dificultad para tragar y sangrado gastrointestinal. Además, la capacidad de recolectar muestras de tejido permite diagnosticar enfermedades como inflamaciones, infecciones e incluso cánceres en etapas tempranas, cuando son más tratables.

Episodio: Prevención del cáncer.

Las otras endoscopias

Más allá del aparato digestivo, existen múltiples variantes de endoscopia adaptadas a distintas partes del cuerpo, como la broncoscopia para examinar los pulmones o la cistoscopia para la vejiga, entre otras. Cada una tiene aplicaciones específicas según la zona a evaluar y las sospechas clínicas.

Una de las mayores ventajas de la endoscopia es su carácter mínimamente invasivo: al evitar grandes cortes, reduce el dolor postoperatorio, acorta los tiempos de recuperación y disminuye los riesgos asociados a la cirugía tradicional. La Clínica Mayo incluso destaca el avance de la endoscopia terapéutica, que permite tratar condiciones como úlceras o bloqueos sin necesidad de cirugía abierta.

Como todo procedimiento médico, la endoscopia conlleva algunos riesgos (sangrado, infección o reacciones a la sedación), aunque estos son poco frecuentes y suelen ser menores cuando se realizan en entornos controlados bajo supervisión médica.