
Los líderes europeos estudian los siguientes movimientos en Groenlandia ante las pretensiones de Donald Trump de conquistarla “por las buenas o por las malas”. El pequeño contingente europeo, formado por ocho países europeos y de la OTAN, ya ha tenido un cierto efecto disuasorio. Trump ya no habla de mandar tropas, pero sí de utilizar su arma preferida: los aranceles. Ante las amenazas de Washington, los europeos hacen frente común: “No aceptaremos chantajes”, ha afirmado el primer ministro sueco, Ulf Kristersson.
A pesar de ser un contingente pequeño, los gobiernos europeos insisten en que el propósito es aumentar el coste de una invasión para Trump, ya que si el ejército estadounidense recibe la orden de disparar contra soldados europeos podría desencadenarse una escalada muy compleja de resolver —y claramente negativa para los intereses de la OTAN—.
En una declaración conjunta, los ocho dirigentes que integran el escuadrón —Dinamarca, Finlandia, Francia, Alemania, los Países Bajos, Noruega, Suecia y el Reino Unido— reafirmaron este domingo su intención de mantener a sus tropas, que, según defendieron, “no suponen una amenaza”, y mantuvieron la mano abierta al diálogo, que “sigue siendo esencial”. “Estamos comprometidos a continuar el proceso iniciado la semana pasada entre el Reino de Dinamarca y los Estados Unidos”, señalaron en otro comunicado conjunto el presidente del Consejo Europeo, António Costa, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.
Mientras suceden las llamadas a la diplomacia, el presidente francés, Emmanuel Macron, ha solicitado a los Veintisiete la activación del bazuca comercial, conocido formalmente como el instrumento anti-coerción, contra Washington. Se trata de un arsenal de medidas comerciales que la Comisión Europea diseñó para responder ante cualquier situación en la que un tercer país —en este caso se planteó inicialmente contra China— intentase presionar a la UE para imponer decisiones contrarias a los intereses europeos.
La Comisión Europa explica que este paquete es, ante todo, un “elemento disuasorio” en el caso de que un país se niegue a eliminar la coerción por su parte. Entre las medidas se incluyen la imposición de aranceles, restricciones al comercio de servicios y aspectos relacionados con el comercio de los derechos de propiedad intelectual, y restricciones al acceso a la inversión extranjera directa y a la contratación pública.
Estados Unidos es el primer destino de las exportaciones de la Unión Europea, que tiene un superávit comercial con Washington de 155.800 millones de euros, según los últimos datos disponibles de la oficina estadística europea, Eurostat, publicados en 2023.
En concreto, las exportaciones europeas a Estados Unidos suponen el 19,7% de las ventas del bloque comunitario al resto del mundo. Alemania, Irlanda e Italia son los principales impulsores.
Apretar el botón nuclear parece una idea lejana de momento, puesto que todavía hay países como Irlanda que ven la idea como “prematura”. No obstante, según una información del diario Finantial Times, la UE prepara aranceles de 93.000 millones de euros como represalia a los gravámenes estadounidenses.
Otra medida que coge forma es la suspensión del acuerdo arancelario con Estados Unidos, en el que la UE se comprometió a asumir un arancel base para la mayoría de sus productos del 15% a cambio de no iniciar una escalada comercial.
La Eurocámara también eleva el tono
La idea del Instrumento Anti-Coerción fue propuesta a las capitales cuando la Comisión Europea trató de negociar los aranceles recíprocos que Trump implantó contra todos los productos europeos. Finalmente, los líderes europeos recularon y acabaron claudicando por un acuerdo claramente desigual contra los intereses europeos ante el miedo de las capitales a una escalada comercial.
Muchos en Bruselas continúan alegando que el manual de negociación convencional no funciona con el magnate estadounidense y aquella negociación acabó con un acuerdo que puso en jaque la autonomía estratégica. En este sentido, las últimas palabras de Macron han sido secundadas por una parte de la Eurocámara. El reconocido diputado comercial Bernd Lange, después de lo visto en Groenlandia, ha señalado que “volver a la normalidad es imposible”. “Ante la amenaza de un arancel adicional del 10%, no creo que podamos continuar con la normalidad y preveo que tendremos que suspender nuestras labores. Además, es hora de usar el Instrumento Anti-Coerción”.
Esta decisión, afirmó el parlamentario, será discutida con el resto de los grupos de la Eurocámara el próximo miércoles. “Después de todo lo ocurrido, lo más europeo sería que la amenaza de un arancel del 10% fuese lo que impulsara a la UE a vivir”, escribió en una publicación en X.
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