El debate sobre los despidos en España suele estar rodeado de confusión, miedo y una fuerte asimetría de información entre empresas y trabajadores. Para muchas personas, recibir una carta de despido supone el final del camino. Sin embargo, esta idea, muy extendida, no siempre se ajusta a la realidad legal. Así lo explica Rafael Alonso, experto en recursos humanos, en un vídeo en el que desmonta uno de los mitos más arraigados del mercado laboral: que sea la empresa la que decide si un despido es procedente o improcedente.
Alonso pone el foco en un aspecto clave que muchos trabajadores desconocen. La empresa puede calificar un despido como procedente, objetivo o disciplinario, pero esa calificación no es definitiva ni vinculante por sí sola. Tal y como recuerda el experto, la última palabra no la tiene la compañía, sino un juez, en caso de que el trabajador impugne la decisión y el conflicto llegue a los tribunales.
En su explicación, Rafael Alonso subraya que cualquier despido parte siempre de una versión unilateral: la de la empresa. En la carta de despido, el empleador expone una serie de causas -económicas, organizativas, técnicas, productivas o disciplinarias- para justificar la extinción del contrato. Sin embargo, que la empresa alegue esas causas no significa que estén bien fundamentadas ni que puedan probarse con solidez.
Según explica el experto en recursos humanos, un despido solo será considerado procedente si, llegado el caso, un juez entiende que la empresa ha acreditado correctamente las causas alegadas. Si no lo consigue, será el propio juez quien declare el despido improcedente. Esta distinción no es menor, ya que de ella dependen cuestiones tan relevantes como el derecho a una indemnización mayor o incluso la posibilidad de ser readmitido en el puesto de trabajo.
Burnout, cansancio y decisiones precipitadas
Uno de los aspectos más relevantes del mensaje de Rafael Alonso tiene que ver con el estado emocional de las personas despedidas. El experto advierte de que muchas aceptan sin cuestionar lo que pone en la hoja de despido porque están agotadas, quemadas o atravesando una situación de desgaste psicológico. El llamado burnout, cada vez más frecuente en el entorno laboral, reduce la capacidad de reacción y defensa del trabajador justo en el momento en el que más la necesita.
En estos casos, aceptar sin más la versión de la empresa puede tener consecuencias económicas importantes. Un despido que inicialmente se presenta como procedente puede acabar siendo declarado improcedente si se impugna y se demuestra que las causas no estaban bien justificadas. Pero para ello es necesario dar el paso de informarse, asesorarse y, en su caso, reclamar.
Otro de los mensajes centrales es la importancia de contar con asesoramiento legal especializado. El experto en recursos humanos anima a los trabajadores a consultar con profesionales antes de aceptar sin más las condiciones de un despido. En muchos casos, una revisión jurídica puede detectar defectos formales, falta de pruebas o errores en la carta que cambian por completo el escenario.
Aceptar un despido como procedente cuando no lo es puede suponer renunciar a una indemnización mayor o a derechos que sí corresponderían al trabajador. Por eso, Alonso insiste en que informarse también forma parte del bienestar laboral. Conocer los propios derechos no solo tiene un impacto económico, sino también psicológico, al devolver al trabajador una sensación de control en un momento especialmente delicado.