En las cocinas de todo el mundo, la pasta es sinónimo de sencillez y sabor. España la ha adoptado como propia, incorporándola a menús diarios y celebraciones por igual. El ritual de hervir agua, medir cantidades y elegir la salsa perfecta parece sencillo, pero lograr que este plato resulte digno de restaurante depende de detalles poco conocidos.
El error más común es confiar ciegamente en las instrucciones del fabricante. Según el blog especializado Serious Eats, esta costumbre puede arruinar la textura y el sabor de la pasta, sobre todo cuando se sirve acompañada de salsa. Cocer la pasta demasiado tiempo provoca que las moléculas de almidón se descompongan, produciendo macarrones blandos, resbaladizos y sin capacidad de absorber la salsa. El resultado es un plato que pierde esa característica firmeza apreciada en la cocina italiana.
Las recomendaciones de chefs y expertos coinciden en que la clave está en cómo y cuándo detener la cocción. Nombres reconocidos, como Jordi Cruz o la propietaria de Il Pastao, insisten en que respetar el “al dente” va más allá de un gusto. La pasta bien cocida, con su punto justo de resistencia, transforma una receta casera en un plato de chef.
La forma perfecta para cocer la pasta
El secreto para conseguir una pasta con calidad de restaurante comienza antes de que termine el tiempo sugerido por el fabricante. El truco consiste en retirar los espaguetis del agua uno o dos minutos antes de lo indicado. Al probarla, el centro debe ofrecer una ligera resistencia; no debe estar crujiente, pero sí tener una elasticidad que invite a masticar.
Este paso es fundamental sobre todo en recetas con salsa. Cuando la pasta aún está firme, conviene transferirla directamente a la sartén o cazuela donde hierve la salsa, sin enjuagar ni dejarla reposar. En ese breve tiempo final, mientras se mezcla a fuego lento, la pasta termina su cocción absorbiendo parte de la salsa y liberando almidón. Este proceso une los sabores y proporciona esa textura envolvente que distingue una buena receta.
Otro consejo esencial es tapar la olla mientras se calienta el agua. Así se alcanza el punto de ebullición más rápido y se ahorra energía. La sal debe añadirse solo cuando el agua comienza a hervir, ya que hacerlo antes retrasa el proceso. No es necesario agregar aceite: basta con remover la pasta al principio para evitar que se pegue. En el caso de ensaladas de pasta o guisos, sí es posible seguir las indicaciones del paquete, ya que la pasta se enfría o se cocina más en otros líquidos.
Trucos para elegir la salsa ideal
Una vez ha terminado la cocción, seleccionar la salsa adecuada puede realzar o decepcionar el resultado final del plato. Las pastas largas y finas, como los espaguetis o tallarines, combinan mejor con salsas ligeras. El aceite de oliva, la salsa de tomate suave o el pesto se reparten fácilmente y envuelven cada hebra sin sobrecargarla.
Por otro lado, las pastas cortas y con huecos, como los penne o rigatoni, resultan ideales para salsas más densas y con tropezones. Las formas tubulares atrapan trozos de carne, verduras o quesos, logrando que cada bocado sea completo y con diferentes matices de sabor. Así, una boloñesa espesa o una salsa de champiñones encuentran en este tipo de pasta su mejor aliado.
Las pastas planas, como la lasaña o los canelones, están diseñadas para gratinar y soportar capas generosas de salsa y relleno. Aquí, la bechamel y las salsas al horno aportan cremosidad y un acabado dorado que potencia la experiencia.