Responder con un automático “bien” cuando nos preguntan cómo estamos es una costumbre tan habitual como engañosa. Detrás de esa respuesta rápida se esconde, en muchas ocasiones, una desconexión con nuestras emociones que puede tener consecuencias negativas a largo plazo. Así lo asegura el psiquiatra Javier Quintero, quien en su libro ¿Cómo estás? 21 días para crear el hábito de ser feliz ofrece herramientas para reconectar con lo que sentimos y aprender a gestionar la felicidad de una manera realista.
Según Quintero, uno de los mayores problemas en nuestra sociedad es que hemos normalizado no detenernos a pensar cómo nos sentimos realmente. “Si no somos capaces de saber cómo estamos, es inviable que gestionemos las emociones. Tenemos tan instaurado ese ‘bien’ que perdemos una oportunidad valiosa de conectar con nosotros mismos”, explicaba en una entrevista con la cadena COPE. Esa respuesta automática, lejos de ser inocente, genera una especie de muro que nos impide identificar y afrontar lo que nos ocurre.
El psiquiatra insiste en que no es fácil ser feliz todo el tiempo, entre otras cosas, porque existe una concepción equivocada de lo que significa la felicidad. Para cada persona tiene un significado distinto, y precisamente esa diversidad de visiones provoca frustración. “La felicidad consiste en alinear mi propósito con lo que siento, y no siempre es sencillo. Nos cuesta ser felices porque acumulamos frustraciones que terminan opacando nuestra vida”, señala.

Buena parte de esa frustración surge de la distancia entre lo que esperamos y lo que finalmente vivimos. Quintero identifica cuatro factores que pueden desequilibrar este proceso. El primero es el entorno, es decir, el equilibrio entre la vida personal, profesional y relacional. El segundo está en el afrontamiento, lo que hacemos para intentar estar bien en nuestro día a día. También resulta clave la comunicación interna, esa voz interior que interpreta la realidad y que a menudo puede ser demasiado crítica. El cuarto aspecto es el impacto, la manera en que el cerebro reacciona y nos envía señales sobre nuestro estado. Cuando alguna de estas variables se rompe, la sensación de bienestar desaparece con rapidez.
De qué depende la felicidad
Otro de los puntos centrales del análisis de Quintero es el peso que tiene cada factor en la construcción de la felicidad. “Un 50% de nuestra felicidad es genética, un 10% depende de las circunstancias y el 40% restante tiene que ver con lo que hacemos, con lo que nos toca vivir”, explica. En este sentido, subraya que gran parte de la responsabilidad recae en cada individuo.
Quintero apunta que el autocuidado, el descanso adecuado, una alimentación equilibrada y la práctica regular de ejercicio son pilares básicos para mantener un buen estado de ánimo. No obstante, considera que la herramienta más poderosa es mucho más sencilla: hacerse cada día la pregunta “¿cómo estoy?”. Ese ejercicio de introspección, insiste, permite detectar a tiempo los desequilibrios emocionales y actuar antes de que los problemas se intensifiquen.
Escuchar al propio cuerpo y a la mente
La propuesta de Javier Quintero no busca fomentar una idea idealizada de felicidad constante, sino promover una escucha activa de nuestras emociones. Para el psiquiatra, la clave no está en evitar la tristeza o la frustración, sino en reconocerlas, aceptarlas y aprender de ellas. “La felicidad no es un estado permanente, es un proceso que exige parar, observarse y responder con honestidad a la pregunta más sencilla y, al mismo tiempo, más poderosa: ‘¿cómo estás?’”, concluye.
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