
El 15 de octubre de 2005, Sevilla vivió una jornada que más de dos décadas después sigue siendo recordada, la boda de Cayetano Martínez de Irujo, hijo de la carismática duquesa de Alba, y Genoveva Casanova, una joven mexicana que por entonces era aún una figura discreta y poco mediática.
La idea de pareja era tener una boda tranquila, familiar e íntima, algo que fue imposible dada la gran expectación que generaba el enlace, al que acudieron nombres muy conocidos. Desde bien temprano, los alrededores del Palacio de Las Dueñas, la residencia sevillana de la duquesa, se llenaron de periodistas, curiosos y vecinos con ganas de ver de cerca lo que se anticipaba como la boda del año. Y no exageraban.
Aunque los novios no se dejaron ver por la entrada principal en ningún momento, el desfile de invitados conocidos y, sobre todo, la aparición estelar de Cayetana de Alba, que iba vestida con un elegante diseño burdeos de Tony Benítez, fueron suficiente para arrancar los flashes y las ovaciones del público.

La historia de amor de Cayetano y Genoveva
El duque de Arjona y la mexicana se habían conocido seis años antes en Sevilla a finales de los 90, cuando ella estudiaba en la capital hispalense como parte de un intercambio con la Universidad de México. Sin embargo, la chispa saltó más tarde, durante una competición hípica en Jerez en la que Cayetano competía y a la que ella asistió como espectadora. Lo que vino después fue tan rápido como inesperado: en 2001, y con la relación aún en sus primeros pasos, se convirtieron en padres de los mellizos Luis y Amina, quienes nacieron en México. Como dijo el propio Cayetano entonces, su llegada “ni se buscó ni se dejó de buscar, simplemente vino así”.
A pesar de que no tenían planes de boda en aquel momento, ambos asumieron la responsabilidad de la paternidad. Pasaron cuatro años hasta que decidieron formalizar su relación con un enlace que acabó siendo un auténtico evento social. La ceremonia religiosa se celebró en la capilla del propio Palacio de Las Dueñas y fue oficiada por Ignacio Jiménez Sánchez-Dalp, confesor personal de Cayetana de Alba y una figura muy cercana a la familia. A la ceremonia asistieron más de 200 invitados, muchos de ellos rostros muy conocidos del panorama aristocrático, taurino, empresarial y televisivo. Fueron testigos, por ejemplo, El Litri y su entonces mujer, Carolina Adriana Herrera; Enrique Ponce con Paloma Cuevas; Curro Romero, Carmen Tello, Lydia Bosch, Ramón García, María Chávarri…

Genoveva, impecable, lució un vestido de Alta Costura de Manuel Mota para Pronovias, valorado en 60.000 euros, estaba realizado en organza, chantilly y contaba con un encaje bordado con microcristales. Una creación de aire clásico y regia inspiración años 50 que acompañó con una chaqueta entallada a juego y una tiara improvisada, pero con historia y es que era una conversión de una pulsera que Luis Martínez de Irujo regaló en su día a Cayetana para su boda.
Cayetano, por su parte, optó por el uniforme de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, el mismo que había lucido años atrás como padrino en la boda de su hermana Eugenia. Esta, precisamente, protagonizó uno de los momentos más comentados de la jornada, ya que tuvo que compartir celebración con su exmarido, Francisco Rivera —testigo del enlace— mientras su entonces pareja, Gonzalo Miró, se quedó fuera por falta de aprobación de la Duquesa.
Los pequeños Luis y Amina también tuvieron su papel estelar como pajes, acompañados por su prima Tana Rivera. La ceremonia incluyó detalles muy personales: música de mariachis en honor a las raíces mexicanas de la novia, un cuadro de la Virgen de Guadalupe presidiendo la capilla, y un ambiente íntimo dentro de lo que las circunstancias permitieron. El banquete, elaborado por el chef Salvador Gallego, incluyó platos como escalibada con puntillas, merluza al pil pil y un postre de membrillo con vinagreta de frambuesa.
Tan solo dos años después, en octubre de 2007, Cayetano y Genoveva anunciaban su separación. “Discutíamos por todo”, confesó ella tiempo después. “Éramos dos personas con caracteres muy fuertes. Ni opuestos ni parecidos, sencillamente fuertes”. Genoveva no dudó en calificar el divorcio como traumático, y durante un tiempo, la relación entre ambos fue tensa.
Lo curioso es que, con el paso de los años, lo que parecía una historia truncada se transformó en un ejemplo de buena sintonía entre ex. “Para mí, Cayetano es mi familia. Es mi pilar”, ha dicho Genoveva. “Me preocupo mucho por ella. La quiero personalmente”, ha respondido él en entrevistas. Juntos siguen siendo el centro de esa pequeña familia de cuatro que formaron sin esperarlo y que, pese a todo, lograron mantener unida.
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