
Lorazepam, diazepam y clonazepam han pasado a formar parte de vocabulario cotidiano. Están en las conversaciones, pero también en las canciones. Forman parte del día a día de muchos. Más de lo que se debería y más de lo aconsejado. El consumo de estas benzodiazepinas se ha multiplicado en España en los últimos años. A su vez, el del alcohol se mantiene. Es la sustancia psicoactiva más consumida en España. De hecho, según datos de la Encuesta sobre Alcohol y Drogas en Población General en España (EDADES), entre los 15 y los 64 años, el 76,5 % de los españoles afirma haber consumido alcohol en los últimos 12 meses; el 63,5 %, en los últimos 30 días, y el 10,5 % reporta un consumo diario en los últimos 30 días. Son dos sustancias que no deben mezclarse.
Las interacciones entre los fármacos y el alcohol son bidireccionales, es decir, los fármacos pueden influir en el comportamiento del alcohol y sus efectos en nuestro organismo y, el alcohol, a su vez, puede influir en el comportamiento de los fármacos, aumentando o reduciendo su concentración, potenciando sus efectos adversos o aumentando o reduciendo sus efectos.
Aunque es cierto que en determinados casos el consumo moderado de alcohol no ocasiona interacciones graves con determinados medicamentos, siempre conviene consultar con el médico o el farmacéutico para garantizar el uso seguro, teniendo en cuenta que las recomendaciones se deberán adaptar a cada paciente en función de su situación concreta, puesto que en muchas situaciones sí puede haber interacciones importantes. De hecho, el Consejo General de Colegio de Farmacéuticos de España advierte de los riesgos para la salud derivados del consumo simultáneo de alcohol y medicamentos. Y es que, actualmente, hay 292 principios activos que presentan interacciones con la ingesta de alcohol, y entre ellos, se rencuentran los ansiolíticos del tipo de las benzodiazepinas.
La combinación con alcohol puede potenciar los efectos, que presentan tanto el alcohol como estos fármacos, pudiendo ocurrir pérdida de la consciencia y una depresión respiratoria que puede llegar a ser mortal sin tratamiento. No obstante, los efectos de la interacción pueden llegar a ser muy graves cuando se produce un consumo en dosis elevadas de alcohol, del fármaco o de ambos. Además, se debe tener en cuenta que la alteración del nivel de consciencia puede tener consecuencias peligrosas, especialmente, en pacientes mayores debido a la posibilidad de caídas.
Multiplicación de los efectos de ambas sustancias
El psicólogo Fernando Azor, conocido por su labor de divulgación en redes sociales, explica en uno de sus últimos videos a través de su cuenta de TikTok (@azorfernando), que al ingerir ambas sustancias “vamos a multiplicar el efecto de ambos”. De este modo, tanto el efecto del alcohol como el de los ansiolíticos se intensifican, lo que puede derivar en un mayor desgaste hepático.
Azor detalló que esta interacción puede provocar un enlentecimiento del ritmo cardíaco y, en personas con patologías previas, incluso desencadenar un infarto, una parada cardíaca o la muerte. “La unión de estas dos sustancias puede producir un problema cardíaco, en concreto un enlentecimiento del ritmo cardíaco y en algunos casos, si hubiera algún tipo de patología, pues podría producir un infarto, una parada cardíaca, la muerte”, explicó el psicólogo.
Aunque Azor explica que en dosis muy bajas la mezcla no necesariamente genera efectos adversos, advierte de que “si las dosis son más altas y uno no calibra bien, el efecto, la consecuencia puede ser grave”. Por este motivo, insiste en la importancia de considerar esta combinación como peligrosa y evitarla a toda costa.
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