
Es habitual que, en los hogares con perros, a la hora de la comida el animal se dedique a rondar la mesa, por debajo y entre asientos, acercando de vez en cuando el hocico al mantel, esperando que algo caiga al suelo o, con más suerte, a que alguien haga caso a sus miradas suplicantes y le de algo de su plato. Una mirada fija, la cabeza inclinada o una pata depositada sutilmente en el regazo, como quien dice “compartamos”.
Estas situaciones tan cotidianas pueden parecer insignificantes pero, a medio plazo, se transforman en un hábito para el perro que puede acabar siendo problemático. El caso es que parece que les nace de forma instintiva, así que, ¿qué se puede hacer para que el perro no pida comida en la mesa? El veterinario Adrián Conde se ha propuesto dar respuesta esta pregunta desde sus redes sociales (@adrianconde.vet), donde comparte consejos prácticos y realistas, basados en el día a día de cualquier casa con perro.
Cómo enseñar a un perro a no pedir comida
Conde plantea varias estrategias para afrontar este pequeño drama doméstico. Su primer consejo es directo y sencillo: si es posible, mejor que el perro no esté presente durante las comidas familiares. “Lo más importante: si podemos hacer que no esté en ese momento, que no esté allí”, recomienda. Para el veterinario, la prevención resulta mucho más eficaz que cualquier otra medida. Si el animal aprende que no es bienvenido durante ese rato, deja de asociar la presencia en el comedor con la oportunidad de recibir comida extra.
Si no hay manera de aplicar esto y el perro debe quedarse cerca durante las comidas, Conde sugiere hacer coincidir ese rato con la hora de su propia comida. Así, cada cual dispone de su plato y el momento de comer se vive a la vez para mascotas y personas. “Podemos aprovechar para darle su ración de comida. De esta forma, nosotros comemos y él también”, explica. La estrategia busca convertir la comida en una rutina simultánea.
El veterinario recomienda también mantener al animal entretenido con un masticable o juguete que lo mantenga ocupado durante la comida. Un hueso especialmente pensado para perros, un mordedor resistente o una golosina comestible pueden centrar la atención del animal en otra actividad. “De esta forma, estará masticando un rato y estará pendiente de ello sin molestar en la mesa”, resume el especialista.
A pesar de la efectividad de estas tácticas, Conde considera que hay un principio aún más importante: reforzar de manera positiva la conducta deseada y no dar atención a la que se quiere evitar. “Recordemos premiar aquellas conductas que queremos e ignorar las que no”, señala. La clave reside en felicitar, acariciar o reforzar con un pequeño premio cuando el perro permanece tranquilo, en vez de insistir o pedir comida. Al mismo tiempo, cuando busque llamar la atención con ladridos, miradas o insistencias, lo más eficaz es no responder, no premiar ni reñir. El animal aprende por asociación, y esta estrategia ayuda a diferenciar entre comportamientos aceptables y no deseados.
La educación canina se basa más en la constancia y el ejemplo que en los castigos. Para un perro, lo cotidiano y predecible resulta tranquilizador. Si siempre ocurre lo mismo durante las comidas y no recibe ni restos ni atención, dejará de intentar conseguirlo. El proceso requiere cierta paciencia y comprensión, pero permitirá que las cenas y almuerzos puedan discurrir de forma tranquila, sin interrupciones, súplicas ni miradas que despierten culpa entre los comensales.
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