
El pasado viernes 1 de agosto, Francisco pasó más de cinco horas esperando a ser atendido en las Urgencias del hospital Gregorio Marañón. Durante esa larga jornada tenía fiebre alta, proveniente de una posible infección. “Entré a las seis y media de la tarde y no me atendieron hasta pasadas las once y media. En ese período de tiempo, me noté que tenía fiebre. Me dieron un termómetro y tenía 38,6º”, cuenta a Infobae España. Francisco, de 63 años, enfermo crónico desde hace 15 años, está más que acostumbrado a ingresar en hospitales. A las seis horas de espera para ser atendido, hay que sumarle que permaneció toda la noche en un pasillo en tránsito en una sala de observación, hasta que pasadas las ocho de la mañana del sábado, 14 horas después, le confirmaron que tenía que ingresar.
La escena que describe Francisco se repite a menudo, pero se agudiza cada verano en los hospitales madrileños. La falta estructural de personal y camas se agrava durante julio y agosto, cuando los hospitales enfrentan una disminución de sus trabajadores debido a las vacaciones que, unidas a las bajas laborales y las vacantes sin cubrir, obligan a cerrar miles de camas en los hospitales y a paralizar servicios completos. El Sindicato de Enfermería, Fisioterapia y Salud Pública (SATSE) denunció a mediados de julio el cierre masivo de camas en la Comunidad de Madrid, una media casi del 30% en los hospitales madrileños. Este año, la saturación se repite en el Gregorio Marañón.
Este martes, 19 de agosto, el propio equipo de Urgencias del hospital ha enviado un escrito interno tanto a la dirección del Servicio Madrileño de Salud (SERMAS) como a la dirección del hospital, para dejar constancia de la situación “crítica” que vive el Gregorio Marañón desde hace unas semanas. Como relatan, a las 9 de la mañana de este lunes, había 105 pacientes pendientes de ingreso, algunos llevaban hasta cuatro días en urgencias esperando cama; ocho permanecían sentados en sillas casi 24 horas sin ser encamados; 14 ocupaban camillas en pasillos de tránsito y 16 más estaban en un área improvisada sin medicación ni personal médico presencial. A esto hay que sumarle 100 pacientes en observación y otros 100 ambulatorios. “Nuestra responsabilidad es cuidar, pero necesitamos condiciones mínimas que lo hagan posible”, reclama los sanitarios en la carta a la que ha tenido acceso este medio.
Ante esto, el sindicato de enfermería SATSE ha denunciado que en el Gregorio Marañón hay casi un centenar de pacientes “hospitalizados” en las Urgencias, repartidos en pasillos y salas sin recursos adecuados. El problema, aseguran, no es solo la falta de camas, sino que hay plantas cerradas —más de 100 camas en el propio hospital y 40 en el Instituto Provincial de Rehabilitación— que no pueden abrir por ausencia de enfermeras.
La situación se repite en otros grandes hospitales de la región. En el hospital del Henares, las ambulancias estuvieron bloqueadas tres días antes del puente de agosto porque no había capacidad para recibir más pacientes, como relata al sindicato su delegado en el centro. En el hospital de Getafe, 12 de Octubre o el Clínico San Carlos, las urgencias y plantas de hospitalización también están al límite. En el caso del 12 de Octubre, solo ha sido posible contratar al 50% de las enfermeras autorizadas.
España necesitará casi 30 años para superar el déficit de enfermeras
SATSE recuerda que Madrid es una de las comunidades con peor ratio de enfermeras por paciente y con sueldos más bajos, lo que empuja a muchas a trabajar en regiones vecinas.
En el escrito realizado por el Gregorio Marañón, apuntan que “en términos de recursos humanos, la situación es igualmente insostenible”. “La ratio recomendada internacionalmente es de 1 enfermera por cada 6 pacientes, pero nuestra realidad supera con creces ese estándar: únicamente con los pacientes pendientes de ingreso ya excedemos la capacidad asistencial razonable”, apuntan.
Según señalan, hay enfermeras que trabajan con hasta 10 pacientes. Por ello, solicitan desbloquear camas hospitalarias, agilizar el flujo de ingresos, así como ampliar las plantillas de enfermería de forma estructural. “El objetivo de este comunicado es denunciar y dejar constancia formal de una realidad que resulta insostenible tanto para pacientes como para profesionales. Nuestra responsabilidad es cuidar, pero para ello necesitamos condiciones mínimas que lo hagan posible", finalizan .
A datos de enero de 2025, según los cálculos del Ministerio de Sanidad, en España trabajan 345.000 enfermeras, con un ratio de 6,3 profesionales por cada 1.000 habitantes, que queda lejos de 8,5 de la Unión Europea. De hecho, a nuestro país le faltarían unas 100.000 enfermeras, un dato que se desvía en más de 20.000 de lo estimado por el Consejo General de Enfermería (CGE). Para ponerse a la altura de nuestros vecinos harán faltan entre 22 y 29 años.
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