
El ciclo lunar, uno de los fenómenos astronómicos más antiguos y observados por la humanidad, vuelve a captar la atención de los amantes del cielo nocturno en España esta semana. La Luna, en sus diferentes fases de iluminación, no solo ha sido un espectáculo visual, sino también un elemento clave en la organización de calendarios, rituales y actividades humanas desde tiempos remotos. Este evento astronómico, aunque se repite periódicamente no deja de sorprender tanto a expertos como a aficionados.
La Luna ha desempeñado un papel central en las cosmovisiones de diversas civilizaciones a lo largo de la historia. Desde las antiguas culturas mesopotámicas y egipcias, que basaron sus calendarios en los ciclos lunares, hasta las creencias indígenas en América y los rituales agrícolas en Asia, el satélite natural de la Tierra ha sido un referente para toda la humanidad.
¿Qué veremos esta semana en el cielo nocturno?
De acuerdo con la NASA, así es cómo se podrá observar al satélite natural más grande de la Tierra.
- La luna de hoy está 45,46% visible y está menguando.
- La última fase de la Luna: Luna Llena.
- Faltan 0 días para la fase Cuarto Menguante. Hora de actualización: 15:00 (UTC)
Cómo son las fases lunares
La Luna atraviesa un ciclo regular compuesto por cuatro fases principales: luna nueva, cuarto creciente, luna llena y cuarto menguante. Este ciclo, conocido como lunación, tiene una duración aproximada de 29.5 días y se produce por el cambio en la posición relativa entre el Sol, la Tierra y la Luna. A medida que la Luna orbita nuestro planeta, diferentes porciones de su superficie iluminada por el Sol se hacen visibles desde la Tierra.
El ciclo comienza con la luna nueva, cuando el satélite se encuentra entre la Tierra y el Sol, lo que impide ver su cara iluminada desde nuestro planeta. Luego sigue el cuarto creciente, donde se empieza a observar una porción del hemisferio iluminado, formando una media luna en el cielo. Posteriormente se alcanza la luna llena, cuando la Tierra se sitúa entre el Sol y la Luna, permitiendo ver la cara lunar completamente iluminada. Finalmente, llega el cuarto menguante, donde nuevamente se observa solo la mitad iluminada, pero esta vez en disminución.
Entre estas fases principales también se identifican fases intermedias: luna creciente y luna menguante, que corresponden a los periodos de transición entre los cuartos y la luna llena o nueva. Este ciclo ha sido observado desde la antigüedad y aún hoy sigue marcando el ritmo de diversas actividades humanas, desde prácticas agrícolas hasta aspectos culturales y religiosos en distintas partes del mundo.

Otros espectáculos que ofrece la Luna
Un eclipse lunar ocurre cuando la Tierra se ubica entre el Sol y la Luna, proyectando su sombra sobre el satélite. Este fenómeno solo puede suceder durante la fase de luna llena, cuando hay una alineación entre los tres cuerpos celestes. Si la Luna entra completamente en la sombra de la Tierra, se produce un eclipse total; si solo una parte del satélite queda cubierta, se trata de un eclipse parcial o penumbral, dependiendo del tipo de sombra implicada.
Durante un eclipse total, la Luna adquiere un tono rojizo debido a la refracción de la luz solar a través de la atmósfera terrestre, que filtra las longitudes de onda más cortas y desvía las más largas, principalmente las rojizas. Este efecto óptico es lo que genera el color visible durante el eclipse y ha dado lugar al término popular “luna de sangre”, aunque se trata de una expresión sin base científica formal.
Otro fenómeno observado es la llamada “superluna”, que ocurre cuando la Luna llena coincide con el perigeo, es decir, el punto más cercano de su órbita a la Tierra. En estos casos, el satélite puede verse ligeramente más grande y brillante de lo habitual. Aunque el cambio en tamaño y luminosidad es limitado, el término se utiliza comúnmente para destacar esta coincidencia astronómica.
Por otro lado, expresiones como “luna rosa”, “luna roja” o “luna del cazador” no hacen referencia a cambios físicos en el satélite, sino que provienen de tradiciones culturales o calendarios agrícolas, especialmente del hemisferio norte. Por ejemplo, la “luna rosa” se refiere a la luna llena de abril y está asociada al florecimiento de ciertas plantas, como el phlox musgoso, en América del Norte. Estos nombres, aunque populares, no implican alteraciones en el color de la Luna ni tienen un origen astronómico estricto.
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