
Tras más de dos años buscando casa, Ana Fernández puede por fin respirar tranquila. Y eso que no ha podido comprarla en Palma de Mallorca, como le hubiera gustado, pues la ciudad —y la isla en general— se ha convertido en uno de los lugares más caros de España para adquirir una vivienda con precios que superan los 4.500 euros por metro cuadrado. Su situación era especialmente compleja porque, durante este tiempo, ella y su pareja, Iván, han tenido que vivir separados, cada uno en casa de su respectiva madre, para poder ahorrar y dar así la entrada de un piso ante la imposibilidad de alquilar uno por un precio asequible. Lo peor, asegura, es que sus dos hijos pequeños también se han visto afectados al no tener más remedio que “ir turnándose” con ellos.
“Estos dos años han sido muy duros, sobre todo para ellos, porque no han podido ver a su padre todos los días y sus rutinas se han visto alteradas”, explica a Infobae España esta gestora cultural mallorquina de 37 años, que habló por primera vez con este medio en mayo de 2024 para contar su historia. Por suerte, relata, el pasado mes de marzo encontraron una oportunidad, “un piso embargado por el banco que llevaba 10 años cerrado” y que, a pesar de necesitar reforma, se ajustaba a sus necesidades y a su presupuesto: 72 metros cuadrados —tres habitaciones— por 240.000 euros. El precio era más bajo de lo habitual por ser precisamente un inmueble procedente de una ejecución hipotecaria y sin ningún tipo de mantenimiento durante los años que ha permanecido cerrado.
“Como era un piso embargado que había estado tanto tiempo vacío, al principio teníamos nuestras dudas porque no sabíamos si estaba en buen estado o si había deudas del anterior inquilino, pero por suerte no hemos tenido problemas, más allá de que hay que cambiar el baño o las ventanas”, señala. Es más, pronto se dieron cuenta de que era su única opción tras dos años de intensa búsqueda, por lo que después de un largo proceso, en marzo firmaron la hipoteca. El piso pertenecía a la inmobiliaria Aliseda, del Banco Santander, una de las entidades con mayor número de viviendas en propiedad en España, y muchos de esos inmuebles provienen de adjudicaciones por impagos hipotecarios durante la crisis y de la gestión de activos tóxicos.
Ana admite que, antes de encontrar este piso en Calvià —a unos 20 minutos de Palma de Mellorca y también uno de los municipios más caros—, habían llegado a un punto en el que se plantearon dejar Mallorca y mudarse a la península, pese a “todas las complicaciones que conllevaba” esa decisión, tanto por el trabajo como por sus dos hijos pequeños. “El proceso con los pisos embargados es largo y hemos tardado casi ocho meses en cerrarlo, pero al final todo el mundo nos dice que hemos encontrado un chollo y al final lo ves así, porque ya estábamos desesperados y planteando mudarnos. Hemos tenido suerte”.
“O heredas casa o te vas”
Y es que en Baleares el problema de acceso a la vivienda no solo se debe a que los precios están disparados, sino también a la escasez de oferta. “La realidad es que aquí, o tienes la suerte de conseguir casa heredada de tu familia o te tienes que ir, porque en sitios como en Palma ya hay muchas familias que están dejando su piso de alquiler y se marchan a una habitación. Los precios son abusivos y solo se los pueden permitir la gente rica que viene de fuera”, asevera.
De momento, Ana y su pareja están reformando su ansiado piso, pero calculan que a finales de verano podrán mudarse y vivir finalmente todos bajo el mismo techo.

Manifestaciones para protestar contra la masificación turística
Si bien es cierto que el acceso a la vivienda presenta cada vez más dificultades en toda España y ya se ha convertido en el principal problema de la población, la situación resulta especialmente grave en Baleares.
El archipiélago concentra algunos de los precios más altos del mercado inmobiliario, tanto en venta como en alquiler, de forma que la presión turística, la compra de inmuebles por parte de extranjeros y la oferta limitada han disparado los costos y reducido las opciones para la población local. Y lejos de que el contexto mejore, cada vez son más las personas que se ven obligadas a marcharse de las islas, ya sean jóvenes o jubilados a los que les alcanza con su pensión por el alto costo de vida, mientras que otras optan por vivir en autocaravanas o compartir habitación.
Tras las manifestaciones multitudinarias que se celebraron en las islas el año pasado para protestar contra la masificación turística, exigir un cambio de modelo y reclamar medidas que garanticen una vida digna para los residentes y el acceso a la vivienda, este domingo 15 de junio hay convocada una nueva movilización en Palma con el mismo propósito.
La plataforma ciudadana ‘Menos Turismo, Más Vida’ ha realizado un nuevo llamamiento a la población para salga a las calles y “haga una demostración de fuerza” para así denunciar los “efectos negativos del actual modelo turístico”, al que se considera responsable de ese encarecimiento de la vivienda, la precariedad laboral, la sobreexplotación de recursos naturales y la pérdida de calidad de vida de los residentes.
La marcha, que comenzará a las 18.00 horas en la Plaza de España, se desarrollará de manera simultánea con otra manifestación en Ibiza y en otras ciudades que forman parte de la ‘Red del Sur de Europa contra la Turistificación’.
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