
Caminar por salud, por desconexión o simplemente por placer. Pero también por puntos, por equipos y por clasificación. Los retos corporativos de pasos se han convertido en una tendencia creciente dentro de las empresas europeas, con el objetivo de fomentar hábitos saludables entre empleados y mejorar la cohesión de los equipos. Sin embargo, cuando la competitividad entra en escena, algunas iniciativas, pensadas para unir y motivar, terminan por convertirse en una maratón disfrazada.
Una joven urbanista entrevistada por BFM Business, el pasado sábado 7 de junio, ha recordado algunas de las acciones extremas a las que llegó: “Salí de una fiesta a las 4 de la mañana y caminé una hora y media para llegar a casa. Llevamos el reto al extremo”, confesó al inicio. Según ha comentado, su compañía, como muchas otras, organizó un desafío de pasos entre empleados que se extendió durante un mes. “Al principio, lo hicimos solo por diversión, y enseguida nos enganchamos; realmente creó un espíritu de equipo entre nosotros”, cuenta.
Deporte, sí, pero también obsesión

La dinámica era sencilla: formar equipos, registrar los pasos mediante una aplicación y superar retos semanales para sumar puntos. La competición, sin embargo, desbordó lo previsto. “En lugar de ir a tomar algo, caminamos durante una hora y media bajo la lluvia”, explica la trabajadora, refiriéndose a una ocasión en la que le visitó un amigo en París. De esta manera, poco a poco, su rutina cambió: caminaba una hora para ir al trabajo, otra para volver y, después, paseo nocturno. En total, más de 2,5 horas al día andando.
Así, todo momento libre era una oportunidad para avanzar en la clasificación. “También tuvimos un seminario de empresa con fiesta por la noche. Terminamos alrededor de las 3 a.m. y todos caminamos a casa”, rememora la joven. En algunos casos, el esfuerzo bordeaba lo absurdo. “En Inglaterra, hubo un participante que se volvió un poco loco, se levantó a las 3 de la mañana y salió a caminar con su linterna frontal”, ha comentado la urbanista. “El fin de semana, caminé de Asnières a Bercy, una ruta de 13 kilómetros, para cumplir los objetivos”, recuerda Guillaume, diseñador en una empresa industrial.
Cohesión y productividad… con letra pequeña
Más allá de las anécdotas, los responsables de Recursos Humanos ven efectos positivos. “A la hora del almuerzo, todos hablaban de ello; había un ambiente eufórico”, recuerda la urbanista. “Los equipos son mixtos, hay directivos, becarios, esto me permitió conocer a compañeros con los que de otra manera nunca habría hablado”, añade.
Por su parte, Valérie Le Bris, directora de RR. HH. de Procter & Gamble, considera que estas iniciativas funcionan porque se adaptan a cada perfil. “Cada uno se inició en el deporte a su propio nivel, según sus capacidades”, afirma. Para garantizar la inclusión, explica, también incorporaron “eventos no deportivos, más bien lúdicos, que permitieron que todos se sintieran incluidos”.
Mientras, Geoffrey Fournier, director de RR. HH. del fabricante de spas Snow Group, asegura que el impacto en su empresa anterior fue inmediato: “En mi empresa anterior, implementé este reto y enseguida vimos un efecto positivo en la productividad, el bienestar y la asistencia”. Según él, se redujo en 1,5 puntos la tasa de absentismo y aumentó la participación en actividades deportivas organizadas por el comité de empresa. “No pensé que se vería de esta magnitud”, admite.
Sin embargo, no todo es entusiasmo. Las quejas también surgen cuando el juego se convierte en control. “El riesgo es enviar un mensaje a un compañero el domingo por la noche para recordarle que suba sus pasos; de lo contrario, se pierde todo el esfuerzo de la semana”, ha advertido la joven urbanista. También señala otro problema: “Hay un ligero riesgo de vigilancia porque vemos el número de pasos que dan nuestros compañeros y podemos decirnos rápidamente: ‘Oh, no caminó el sábado’”.
Algo que Gautier, empleado de una institución financiera pública, vivió en forma de tensiones inesperadas. “Recuerdo que algunos se quejaban, diciendo que los participantes de otros equipos hacían trampa; había mucha delatación”, cuenta. “Aunque es cierto que un participante corría 50 kilómetros al día, parece imposible...”.
A pesar de los excesos, quienes participaron coinciden en que fue una experiencia enriquecedora. “Ayudó a concienciar sobre la importancia de caminar, y los pasos dados se convirtieron en donaciones para una organización benéfica”, celebra Gautier. La iniciativa, con luces y sombras, refleja cómo lo saludable puede desbordarse cuando la competitividad se impone. Y cómo caminar, incluso a las tres de la madrugada con una linterna, puede terminar siendo más que un simple juego.
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