
Fuera de lo que es el mundo económicamente más privilegiado, en realidad los grandes apagones son bastante frecuentes. En Cuba, por ejemplo, es tan habitual que no exista la suficiente generación eléctrica como para cubrir la demanda del país que los apagones están regulados por el Gobierno: por decreto, los cubanos deberán afrontar, siempre que el suministro sea insuficiente, largos apagones de más de 72 horas de duración.
Si se compara, entonces, el apagón de alrededor de 10 horas que ha tenido lugar en España este lunes 28 de abril con eso de tener que pasar tres días sin luz cada intervalo indefinido de tiempo, pierde de inmediato bastante peso. No así para los ciudadanos del país, que lo han vivido con incertidumbre - aunque, en general, en el aire se respiraba tranquilidad -, sobre todo debido a la falta de información en todo momento, al menos hasta que, alrededor de las 20:30, comenzó a volver la electricidad, progresivamente, en distintas zonas del país.

Lo analógico triunfa con la caída de la red eléctrica
Cuando ha caído el internet, con todo dispositivo eléctrico conectado a la corriente, a muchos les habrá quedado clara una cosa: todo depende de la red eléctrica. Muchos son los comercios que han tenido que echar la chapa - si tenían la suerte de que fuese manual y no eléctrica - por no poder aceptar pagos con tarjeta; el Metro ha quedado paralizado, al igual que todo el sistema ferroviario; padres han recogido a sus hijos del colegio; trabajadores han tenido que fichar temprano; la gente se visto teniendo que caminar horas para volver sus hogares; y a las personas, que se veían a oscuras y sin saber por qué, no les ha quedado otra que recordar cómo funcionaba el mundo antes de todo eso de la corriente eléctrica y el internet.
Una residente anónima de Malasaña (Madrid), por ejemplo, compartió con Infobae como, por enterarse de algo, salió a la calle y, al escuchar una radio a través de la ventana de una vecina, decidió quedarse cerca para escuchar la información. Allí, sentada, notó que mucha gente “en la calle te hablaba y era fleje humana, porque como no tenía batería en el móvil se ponían a hablar. Y todos con la misma anécdota de ‘mañana no voy a currar’ o ‘bueno, no me puedo comunicar con mi familia, pero aquí estamos’”. Los comercios, añade, “vendiendo toda la comida”; y las personas, “comprando comida como si fuese cuarentena”. Otra vecina, de Hortaleza, contó como se encontró una radio, “ahí en la mesilla, quince años que lleva ahí la radio. Y tenía pilas, se lo he puesto y funcionaba, y aquí estaba, con la radio puesta, intentando escuchar noticias”. Así es: más allá de las personas que se dedicaron, alarmadas, a tratar de abastecerse de comida “por si acaso” (como cada vez que la situación parece torcerse) este lunes 28 de abril el verdadero éxito lo han tenido las velas, las linternas, las pilas, y sobre todo: las radios.
Desconectados de sus familiares y necesitados de información, muchos son los vecinos que se han lanzado a los bazares a tratar de hacerse con alguna radio que, al no depender de la corriente ni del internet, ha sido a lo largo de hoy el único canal constante de información. Tal ha sido el revuelo, que muchas personas, incapaces de conseguir una radio, se han enganchado a la primera que han visto para enterarse, aunque fuese poco, de lo que estaba pasando. De acuerdo con Europa Press, a las 13:30 del lunes, apenas una hora después de que toda pantalla y bombilla pasase a negro, las radios a pilas ya se habían agotado en los bazares que seguían abiertos. “¿Tenéis radios?“, preguntaba una vecina de Chamartín en un bazar del barrio - en el que había una larga fila para comprar velas y mecheros -, pero, por desgracia, mucha gente ya había tenido la misma idea: ”Sólo nos quedan radios para enchufar, de las que no valen".
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