
La fluctuación de las economías del mundo y, sin ir más lejos, las situaciones económicas dentro de cada país en cada sector de la sociedad provocan en la población unos efectos muy diferentes, dependiendo de a quién se refieran. En España, actualmente convergen varias problemáticas socioeconómicas de gran calibre por las que los ciudadanos están preocupados y se manifiestan y reivindican constantemente. Algunas de las cuestiones más sonadas son, cómo no, el problema de la vivienda, además de otros servicios públicos como la sanidad y la educación, cuya gestión por parte de las autonomías es discutida de manera constante.
De esta manera, son un conjunto de estas situaciones, unidas a los recursos de las familias y a la manera de afrontar los imprevistos, los que causan algunos fenómenos sociales latentes en la población y que, en muchos casos, constituyen una problemática globalizada. En términos de vivienda, economía y familia, las diferentes generaciones han ido adaptándose a los nuevos tiempos y, mientras los jóvenes luchan por un acceso digno a la vivienda y los mayores reivindican unas pensiones decentes, los adultos sopesan las decisiones que en su día tomaron y que, con el transcurso del tiempo y las diferentes problemáticas existentes, han desembocado, en algunos casos, en un verdadero quebradero de cabeza para ellos mismos.

Un problema generalizado con muchas causas posibles
En este contexto, en algunos casos han surgido las llamadas familias multigeneracionales, en las que, por definición, toman un papel muy relevante la generación adulta que debe cuidar de sus hijos, que aún viven con sus padres en casa, y, además, de sus mayores. Este tipo de generación se conoce comúnmente como los ‘cuidadores sandwich’ que, por algunas razones u otras, son responsables de otras dos generaciones diferentes en su familia. Algunos de los motivos pueden ser de origen sociopolítico como, por ejemplo, el difícil acceso de los jóvenes a una vivienda, lo que provoca que se queden en casa de sus padres hasta edades adultas, también económicos, si hay falta de recursos, o de otra índole como, por ejemplo, en el caso de los mayores, si necesitan algún cuidado especial que les impida vivir solos.
El caso de la familia de María Shahid es bastante representativo ya que, además, no es un caso español. Esto indica que la ‘generación sandwich’ es una problemática presente en muchos países y que, en el caso de esta familia británica, afecta a todos los miembros del hogar. Tanto María como su marido ven muy lejana la ocasión de jubilarse, y deben cuidar de sus dos hijos de 15 y 19 años, además de la madre de María, que quedó viuda durante la pandemia y ahora vive con su hija: “Cuando compramos nuestra casa adosada en un suburbio de Londres a finales de los 2000, acabábamos de mudarnos de un piso de dos habitaciones a uno más grande. En comparación, la nueva casa parecía un espacio enorme. El lugar perfecto para criar una familia. Pero veinte años después seguimos aquí“, relata María.

“Nuestra casa de cuatro dormitorios nunca se sintió más pequeña”
Esta madre de dos hijos explica que compraron la casa sin saber cuánto tiempo se quedarían pero que, aun así nunca imaginó “tener que alojar a mi familia multigeneracional de cinco adultos bajo este mismo techo”. Ahora, María sueña con reducir el espacio de su casa para no tener que cargar con el peso y el gasto que supone ser una ‘cuidadora sandwich’: “Mi padre falleció antes de la llegada de la COVID-19, y mi madre tiene más de 80 años. Sola, y tras algunas caídas, decidimos que necesitaba estar más cerca de nosotros. En aquel momento, pensamos que mudarse con nosotros sería una solución temporal. Pero, tras unas cuantas caídas y enfermedades, se quedó. Ha sido un poco difícil acomodarla”.
En este caso, lo cierto es que ha sido un cúmulo de situaciones el que ha provocado que María y su familia vivan de esta forma. A pesar de que su hijo mayor, de 19 años, se ha ido fuera a estudiar, su madre cuenta con que volverá en cuanto acabe la universidad: “Mi madre está en uno de los dormitorios más grandes, mientras que mi hijo menor, ahora un chico alto de 15 años, estaba apretado en el dormitorio más pequeño. Era deprimente. Habíamos comprado esta casa para que los niños tuvieran espacio para crecer pero yo, simplemente, no podía dejar a mi madre vivir en ningún otro lugar sin cuidados a tiempo completo. Nuestra generosa casa de cuatro dormitorios nunca se sintió más pequeña”.
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