
Rusty es un perro que ha pasado toda su vida atado, encarcelado, que no conocía nada más allá de lo que se estiraba una cadena y le alcanzaba la vista. Hoy es anciano, pero está viviendo una segunda juventud gracias a la intervención de los voluntarios de Peta (Personas por el Trato Ético de los Animales).
Ahora vive una vida fuera del encarcelamiento, de la que disfruta de libertad, compañía y calidez en brazos de una nueva familia con casa en la playa de Florida, en Carolina del Norte, Estados Unidos, según ha informado La Stampa.
Una vida encadenado
Para Rusty, la vida siempre había estado delimitada por una valla, que cercaba una estrecha zona por donde se podía mover hasta lo que alcanzara una cuerda que tenía atada su cuello. Diez largos años sufriendo todo tipo de condiciones climáticas y como única protección, una caseta de perro ruinosa.
Sin caricias, sin poder correr por el campo o disfrutar de un paseo, sin consuelo; solo silencio, desesperación y espera. Su historia conmovió profundamente a los activistas de Peta, quienes durante años lucharon por aliviar el sufrimiento del animal.
“Cada vez que lo veía, se me rompía el corazón. Trajimos comida, juegos, paja aislante para el invierno, pero sabía que no era suficiente. Rusty merecía algo mucho mejor”, ha explicado Chris Klug, uno de los activistas de la organización.
El problema estaba en que liberarlo no iba a ser nada fácil. Fueron necesarios varios años de intensas negociaciones antes de que su dueño aceptara dejarlo ir. Y por fin, ese día llegó, el 4 de diciembre de 2024, cuando Hanna Cladwell se enteró de su situación y decidió adoptarlo.
“Bienvenido a casa”
Su nueva vida comenzó con una fiesta organizada por los voluntarios de la organización, en la que Rusty pudo disfrutar de un trozo de pastel rodeado de cariño y abrazos. Luego, emprendió su viaje hacia su nuevo hogar, en West Palm Beach, Florida.
Chris Klug, que había seguido al perro durante todo el proceso de liberación, también acompañó a este hasta su nueva familia. Durante el viaje, Rusty pudo experimentar sensaciones que le eran desconocidas: el viento que le rizó el pelaje, las vistas que nunca pudo ver o el dulce descubrimiento de lo que significa el amor.
Al llegar a la puerta de la señora Cladwell, Rusty encontró una cálida y afectuosa bienvenida. “¡Bienvenido a casa, Rusty!”, exclamó Hannah mientras le daba un abrazo. También se podía ver un cartel de bienvenida en el que se podía leer: “El oro viejo es el nuevo”.
Ahora Rusty vive una vida que nunca se imaginó soñar. Tiene la libertad de correr por la arena de la playa, recibir mimos diarios y la tranquilidad de dormir en una cama caliente todos los días. Antes era una cadena la que no le permitía imaginar todo esto, ahora es el amor de una familia la que le permite poder soñar con todo lo que desee.
Un luchador
Uno de los mayores problemas que tuvo Rusty de vivir a la intemperie durante más de una década es el padecimiento de varias enfermedades. Concretamente, cuando la fundación Peta le rescató, encontraron que el perro sufría la enfermedad del gusano del corazón, una enfermedad transmitida por la picadura de un mosquito.
En los perros, el parásito se desarrolla y se reproduce, causando problemas pulmonares severos, insuficiencia cardíaca, daño a otros órganos e incluso la muerte, según ha comentado la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA).
En una de las publicaciones de Instagram, sus dueños publicaron una foto en la que se puede leer: “Acabo de terminar mi tratamiento el mes pasado. ¡Estoy emocionado por todas mis aventuras por venir!”.
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