Menos incendios, pero más “explosivos”. El número de incendios forestales parecen haberse reducido en los últimos veinte años, en gran parte gracias a la mayor concienciación de la ciudadanía y la persecución de la piromanía. Sin embargo, el 95% de los 9.700 incendios que se producen cada año en España están provocados por el ser humano. Si bien en muchas ocasiones se debe a negligencias y accidentes (23%), más de la mitad son producidos de forma intencionada.
Así lo revela el informe de incendios forestales elaborado por la organización WWF. En él, alertan del leve ascenso en los últimos años de la intencionalidad, lo que pone de manifiesto “la existencia de graves conflictos sociales y económicos en el medio rural”, aseguran.
Aunque disminuyan en número, estos incendios provocados generan cada vez más daño. De media, se queman más de 100.000 hectáreas al año, un 13% menos que hace una década, pese a que estos incidentes se hayan reducido en un 37%. “Cada vez se quema más en menos incendios”, avisa la organización. Y no es de extrañar si se tiene en cuenta que los grandes incendios se han incrementado en un 25% respecto a la década anterior. “Apenas suponen el 0,23% del total, pero en ellos se registran los mayores impactos ambientales y sociales”, asegura WWF en su informe. De media, en los últimos diez años se han registrado 23 grandes incendios en España. Suponen apenas un 0,2% del total, pero en los que se quemó el 50% de la superficie afectada. Son incendios “explosivos” en los que de poco valen los medios de extinción tradicionales. “Los operativos no pueden entrar porque comprometería su propia seguridad”, comenta Lourdes Hernández, experta en incendios forestales de WWF España.
Por ello, denuncian que la política basada en extinción de incendios española ha quedado obsoleta por el cambio del clima y el territorio. “España es el país que más presupuesto invierte en extinción por hectárea del mundo y dispone de uno de los mejores sistemas de respuesta contra incendios. Sin embargo, las estadísticas confirman que invertir exclusivamente en apagar el fuego no implica mejores resultados”, expresan en su informe. La organización recuerda que la prevención es la única estrategia eficaz ante el nuevo contexto de incendios agravado por condiciones meteorológicas extremas que ocurren en la actualidad.
2023, el cuarto peor año de la década

Son incendios como el de Doñana en 2017 o el de Tenerife en agosto de 2023 los que provocan estos enormes daños. De hecho, si el 2022 fue un annus horribilis para los bosques españoles, el 2023 tampoco se quedó atrás: en el primero, más de 300.000 hectáreas de terreno se vieron afectadas. En el segundo, fueron más de 89.000 las hectáreas arrasadas, lo que le sitúa como el cuarto peor año de la última década en número de siniestros.
A la extensión de estos incendios contribuye la emergencia climática, que aumenta la magnitud y virulencia de los incendios forestales. Las condiciones meteorológicas adversas y las sequías persistentes dejan unos bosques muy estresados hídricamente y debilitados. Es más, la crisis climática está alterando la distribución de los incendios a lo largo del año, pues las olas de calor se adelantan y las lluvias se reducen. Ello, junto al abandono del mundo rural, aumenta el riesgo de incendios extremos. De hecho, en la península Ibérica, se multiplican año a año los incendios inapagables, con potencial de quemar miles de hectáreas en pocas horas, sin importar los medios destinados a su extinción.
“Este nuevo escenario pone de relieve que hemos dado la espalda al mundo rural y es necesario volver a enfocarnos en él para enfrentar el contexto actual. Para ello es necesaria una planificación y gestión a escala paisaje que, tomando a la naturaleza como aliada y ayudándola a través de la restauración de espacios degradados, nos permitan prevenir incendios inapagables”, explica Hernández. En ese sentido, la reciente aprobación del Reglamento de Reglamento Europeo de Restauración de la Naturaleza puede ser una oportunidad para poner en marcha medidas al respecto. “Es el momento de diseñar un Plan Nacional de Restauración ambicioso y participado, que contribuya a reducir el riesgo de incendios. Con respecto a la gestión integral, la principal medida es desarrollar y aprobar una Estrategia Estatal de Prevención Integral de Incendios Forestales”, expresa Diana Colomina, responsable del programa de bosques de WWF.
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