“Tengo un mal presentimiento sobre esto”, se puede escuchar en boca de uno de los personajes de The Acolyte durante sus primeros episodios. Una frase que no significaría gran cosa si no fuese dicha dentro del universo Star Wars, en la que se ha convertido en una icónica cita casi a la altura del “Que la fuerza te acompañe”. Pero aquellas mismas palabras de advertencia que reprodujeron en su día personajes tan ilustres como Luke Skywalker o el Obi-Wan Kenobi de Ewan McGregor corresponden más a un desesperado intento de apelar a la nostalgia por una época que hace ya tiempo que pasó y que esta nueva serie no tiene visos de recuperar.
Bien es cierto que The Acolyte supone el mayor salto al vacío casi desde The Mandalorian, que no obstante ya lo era de por sí al convertirse en la primera serie de Star Wars para Disney+. Las que vinieron después de ella o bien se aprovechaban del tirón -El libro de Boba Fett- de otras producciones del universo bajo el sello Disney -Andor- o directamente apelaban a las famosas precuelas de George Lucas, como Ahsoka o principalmente Obi-Wan Kenobi. The Acolyte partía en este sentido con cierta desventaja, ya que no solo se ambienta mucho antes de los eventos de la saga original, sino que no tenía además ningún otro elemento o personaje con el que remitir a las anteriores producciones.
Según como se mire, era una desventaja o también una oportunidad para demostrar que Star Wars va mucho más allá de lo establecido y que hay infinito espacio para reinventarse. Sin embargo, en el caso de The Acolyte, la sensación es que la serie se queda a medio camino entre, por un lado, recuperar el espíritu de las precuelas -la oscuridad, el thriller y el desgaste en la relación maestro alumno que representaban Obi-Wan y Anakin-; y por otro, el de establecer su propia identidad dentro de la saga como un producto completamente nuevo. Y cuando eso sucede, es porque los cimientos no están del todo bien planteados.

The Acolyte gravita en torno a un misterio que deja de serlo apenas arrancada la serie, el de quién está asesinando a maestros Jedi y por qué lo hace. Osha (Amandla Stenberg) pasa de ser la principal sospechosa a la única que puede arreglarlo todo en cuestión de segundos, y aunque la serie se va guardando miguitas con respecto al suceso que ocasionó todo, no es que suscite demasiado interés una vez concluye cada episodio. Es como si su showrunner -y directora de los dos primeros episodios- Leslie Hyland quisiera darle demasiada expectación a algo que no la tiene tanto realmente, en vez de mantener la serie en un tono in crescendo que pueda enganchar al espectador.
Todo esto también repercute en los personajes, que se ven por momento demasiado atados por esas pseudoespectaculares set-pieces y que no terminan de encontrar el desarrollo que merecen. A pesar de todo, Amandla Stenberg resulta ser un gran acierto de casting para llevar savia nueva al universo, en un papel nada sencillo, ya que ha de dar vida a dos personajes tan parecidos como diferentes. Lo mismo sucede con Dafne Keen, que tiene la particularidad de ser la primera actriz española en participar en el universo Star Wars y que aporta la parte de comicidad en su química con Charlie Barnett.

Pero volvemos de nuevo al gran problema de la serie, y es que nunca termina de mostrar ese lado oscuro que prometía en sus primeros adelantos y en la propia promoción por parte de Hyland y el resto del equipo. La idea de una serie que explorase los orígenes de los Sith y la vuelta de la maldad a la galaxia era sin duda seductora y remitía en gran medida a La venganza de los Sith, quizá la película más violenta y oscura de toda la saga, pero The Acolyte deviene en una ficción mucho más suave y adaptable al sello Disney que a las precuelas de Lucas. Los propios duelos de sable láser parecen estar contenidos, como si no se quisiera dar rienda suelta a la fisicidad y espectacularidad de aquellos combates entre Anakin y Obi-Wan.
En definitiva, The Acolyte es un regreso algo agridulce al universo Star Wars, aunque no por ello del todo frustrado. Hyland descubre nuevos planetas y personajes a seguir explorando, aunque las formas de hacerlo quizá se sientan demasiado ortopédicas y poco orgánicas. Se nota que la showrunner es, además de máxima responsable, una gran fan de Star Wars, pero es una pena que esa pasión no termine de contagiarse en pantalla, y construya un relato por momentos demasiado anodino y banal. Puede que a los fans de las últimas producciones les siga entusiasmando, pero desde luego la sensación con The Acolyte es de oportunidad perdida a la hora de conquistar nuevos territorios o recuperar el espíritu de lo que algún día la hizo tan grande. Y eso es mucho más que un mal presentimiento.
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