Hace un año fallecía el escritor Martin Amis, prácticamente coincidiendo con el estreno mundial de la adaptación de una de sus novelas más perturbadoras e importantes, La zona de interés, en el Festival de Cannes.
La película, dirigida por Jonathan Glazer se convirtió en una de las favoritas del certamen y logró el Gran Premio del Jurado, el segundo en importancia después de la Palma de Oro, que fue a parar a Anatomía de una caída, de Justine Triet.
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La película tenía la particularidad de introducirse en el espacio de terror de los campos de exterminio nazis sin enseñar ni una sola imagen del horror que allí se produjo, utilizando, como punto de vista, una familia adscrita al Tercer Reich que vivía en Auschwitz justo al lado donde los cuerpos de los presos se incineraban sin cesar.
Un mirada al Holocausto (fuera de campo)

Lo que producía esta película era una inmersión en el horror del Holocausto a través de estampas cotidianas de una familia aria alemana (encabezada por Sandra Hüller) que intentaba vivir ajena a las atrocidades que se cometían a su lado.
Hay varias cuestiones que convierten a La zona de interés en una auténtica obra maestra. La primera, ese fuera de campo en el que se siente el miedo sin que seamos visualmente partícipes de él, en un ejercicio formal completamente inaudito.
La segunda, cómo se utiliza el sonido para generar una experiencia sensorial. La tercera, cómo asistir a la ausencia de sentimientos de una familia que ha suprimido la empatía para sobrevivir dentro del infierno sin que podamos percibir ningún tipo de cercanía con ella.
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Jonathan Glazer ya había practicado con las películas de terror encubiertas en Reencarnación y Under the Skin, acercándonos al lado más oscuro de la humanidad a través de la incomodad expresiva.
Pero, lo que hace en esta ocasión, no tiene que ver con el género fantástico, sino que está integrado en nuestra terrible memoria histórica, integrando la banalidad, es decir, el elemento cotidiano, como fuente de estupor frente a lo que está ocurriendo a nuestro alrededor.

Por esta película, Jonathan Glazer ganó el Oscar a la Mejor Película Internacional, categoría en la que se encontraba J.A. Bayona con La sociedad de la nieve. Parecía un galardón incuestionable pero, el discurso del director, lo sumió en la polémica al comparar el genocidio en Palestina con el del régimen de Hitler, alentando a la comunidad judía (a la que pertenece medio Hollywood) a reflexionar sobre ello.
Las reacciones no se hicieron de esperar generando una enorme controversia. Hay que decir que el propio Jonathan Glazer es de origen judío y que parte de sus familiares fueron víctimas del Holocausto.
En cualquier caso, La zona de interés, es una de las mejores películas que se han hecho sobre el tema. Lo ha dicho Steven Spielberg, que dirigió La lista de Schindler, pero no haría falta, porque su valor cinematográfico resulta incalculable.
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