
Ingerir un ibuprofeno o un tramadol para el dolor de espalda está a la orden del día. De hecho, un estudio del Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos (CGCOM) estima que el 80% de la ciudadanía tendrá a lo largo de su vida problemas de este tipo, más ahora que la vida laboral se ha convertido en una prolongación del sedentarismo. Sin embargo, un nuevo ensayo médico cuestiona este tipo de prácticas de consumo.
Joan-Ramon Laporte, que durante muchos años ocupó el cargo de jefe de servicio de Farmacología del Hospital del Vall d’Hebron, ha publicado el libro Crónica de una sociedad intoxicada (editorial Península), donde hace un recorrido histórico por el abuso de fármacos en España, el control de las patentes en el mercado europeo y el exceso del consumo de medicamentos entre los pacientes.
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Entre otras cosas, el experto pone en tela de juicio a toda la industria farmacéutica en cuanto al tratamiento de dolores de espalda se refiere. Laporte no duda en afirmar en su libro que “en nueve de cada diez casos no se puede determinar de manera fiable cuál es la causa anatómica” de estos dolores, por lo que el consumo de un medicamento no será efectivo.
El farmacólogo hace un recorrido histórico por las decenas de estudios que han desmontado todo uso de fármacos para tratar dolores de espalda y asegura que “una bolsa de agua caliente puede ser más efectivo que un analgésico”, ya que “el dolor mejorará con el movimiento moderado”.
El sanitario sostiene en este capítulo dedicado al dolor de espalda que en muchos casos se ha atribuido la mejora del dolor a los medicamentos, cuando en realidad dejar pasar el tiempo trae consigo una reparación. “Este fenómeno ocurre con muchas patologías y se denomina regresión a la media, o en otras palabras, recuperación del estado anterior de salud”, arguye en su ensayo.
Por este motivo, se valora negativamente la existencia de medicamentos para este dolor y pone en tela de juicio a la industria farmacéutica: “El dolor de espalda, que generalmente se alivia y desaparece por su cuenta, es un escenario ideal para introducir tratamientos que no son más eficaces que el placebo”, asegura su autor.
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El tratamiento para el dolor de espalda
El tratamiento ideal para el dolor de espalda es no guardar reposo. El libro se hace eco de dos investigaciones. La primera, de 1986 y publicada en la prestigiosa revista The New England Journal of Medicine (NEJM) bajo el título ¿Cuántos días de reposo en cama para el dolor lumbar agudo? Un ensayo clínico aleatorizado comparaba pacientes a los que se recetaban siete días de reposo frente a otros pacientes a los que se recetaban dos. “Los de dos días pudieron retomar las actividades habituales con mayor rapidez que los asignados a siete días. Se rompía un mito”, explica Laporte en ese capítulo.
Otra investigación, esta vez publicada en 1995 también en NEJM, demostró que cuando se tiene una lumbalgia conviene no hacer nada particular, simplemente proseguir las actividades habituales hasta donde el dolor lo permita. El estudio, titulado El tratamiento del dolor lumbar agudo: reposo en cama, ejercicios o actividad ordinaria, llega a la conclusión de que “se puede extraer es que es necesario no dejar el cuerpo quieto y en reposo, pero también no forzarlo”.
Laporte reivindica que al no ser necesario ningún fármaco, la industria ha construido discursos favorables a la ingesta de medicamentos para este dolor: “Muchos fármacos sin eficacia demostrada, algunos muy peligrosos, han tenido éxitos comerciales sonados para el mal de espalda”.
Primero fueron inyecciones de vitamina B en los setenta, luego los corticoides y en los ochenta tuvo lugar el boom del diazepam, así como de otras benzodiacepinas que se recetaban. “Encontraron un lugar al sol en el mercado del dolor de espalda. No tiene eficacia demostrada en el tratamiento del dolor de espalda”, denuncia el autor de Crónica de una sociedad intoxicada. Del mismo modo, apunta a que “los antiinflamatorios no esteroides (ibuprofeno y primos hermanos) tienen una eficacia modesta sobre el dolor de espalda crónico”.
Con la irrupción de todos estos medicamentos, un grupo de investigadores australianos revisó 98 ensayos con más de 15.000 participantes en los que se analizaban estos fármacos: “La fiabilidad de los resultados sobre la eficacia de todos los fármacos era baja o muy baja, e insuficiente para sacar conclusiones sobre cuáles son los preferibles”, apunta Laporte.
Del mismo modo, otro estudio australiano publicado en la revista Lancet indagaba en el efecto de los analgésicos opioides para tratar dolores de espalda crónicos. El ensayo, titulado Analgesia opioide para el dolor lumbar agudo y el dolor de cuello que vio la luz en 2023 demostró que los efectos de estos medicamentos es “ligeramente inferior a la de placebo” y además causan “efectos adversos con frecuencia”.
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