
José Luis Rebordinos lleva doce años al frente del Festival de San Sebastián. Desde su llegada se ha encargado de renovar el certamen dotándolo de un nuevo impulso que tiene que ver con los nuevos tiempos. Han sido muchos los retos a los que se ha enfrentado: que la sección oficial no fuera siempre obvia, el descubrimiento de nuevos talentos, la incorporación de voces femeninas que tienen que ver con una nueva ola de directoras que han sacudido los cimientos de la industria, el compromiso de componer un comité de selección paritario, así como la ampliación de algunas de las secciones que han ido adquiriendo con los años una contundente personalidad, como es el caso de Horizontes Latinos, en la que se recoge buena parte de lo mejor del cine latinoamericano o Zabaltegi- Tabakalera, que se ha consolidado como el apartado arty y más exigente del festival, la inclusión de las series de ficción, así como fortalecimiento de toda la parte de industria.
Sin embargo, el trayecto no ha sido fácil, como él mismo dice, porque llegó a la dirección en 2011, justo al final de la primera gran crisis económica, después tuvo que enfrentarse a la pandemia, a la Guerra de Ucrania y ahora ha de lidiar con la inflación, que inevitablemente lo encarece todo. “La época de la pandemia la recuerdo con mucha tensión, porque estábamos hablando de gente que moría, sobre todo el primer año, y fue muy difícil tomar la decisión de hacer o no la edición. Decidimos llevarla a cabo con toda la prudencia del mundo y, a pesar de las complejidades, todo salió bien, siempre con el apoyo del Consejo de Administración y el alcalde de San Sebastián, pero también gracias a todas las personas que se comprometieron con el festival y contribuyeron a que saliera adelante”.
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En esta edición, tendrá un hándicap más que superar: la huelga de guionistas y, sobre todo, de actores de Hollywood, que prácticamente dejará la alfombra roja sin estrellas norteamericanas. Uno de los afectados por esta situación ha sido precisamente uno de los Premios Donostia, el actor Javier Bardem, que no recogerá el galardón hasta el año que viene en solidaridad con el momento por el que pasa su profesión en Estados Unidos, donde él mismo está sindicado. “Ha sido una decisión complicada, pero creo que es lo mejor para todos. Lo que está claro es que en España tenemos a gente increíble a la que a veces no valoramos como se debería, algo que no pasa en Francia, donde, por poner un ejemplo, Catherine Deneuve o Isabelle Huppert son casi glorias nacionales”.
Apuestas y polémicas de esta edición

El año pasado asistimos a un boom del cine español en los festivales internacionales, algo a lo que no estábamos acostumbrados. Hasta hace poco, estar en San Sebastián parecía la única salida posible, pero ahora se abren nuevas vías que hacen que todo el tejido se enriquezca. Este año solo hay tres películas españolas a competición oficial, y las tres están dirigidas por mujeres: una es de animación (El sueño de la sultana), otra es una segunda película hablada en gallego (O Corno) y, por último, la adaptación que ha hecho Isabel Coixet de la novela de Sara Mesa, Un amor.
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“Este año había mucho donde elegir, muchas propuestas interesantes. Quizás nada tan rotundo como lo que ocurrió la pasada temporada, pero sí una gran variedad. Y está bien mezclar nombres consagrados como el de Isabel Coixet con otros que están empezando, como ocurre con Jaione Camborda, que miran hacia un futuro muy prometedor”.
Pero a José Luis Rebordinos todavía le quedaba una polémica más para la recta final, la inclusión en la Sección Made In Spain, que este año alberga varios estrenos nacionales, el documental de Jordi Évole en torno a miembro de la banda terrorista ETA, Josu Ternera. Tal fue el revuelo que hace unos días el propio director tuvo que mandar un comunicado defendiendo la programación en el festival de No me llame Ternera. “La no ficción que ahora nos ocupa ni justifica ni blanquea a ETA, porque este Festival no proyectaría una película con estas premisas”, decía el comunicado oficial. “Se ha opinado sobre ella sin verla”, comenta a Infobae España José Luis Rebordinos, “y la gente se ha empezado a hacer ideas de algo que no es la película. Para opinar de algo, hay que verlo, y entonces se puede empezar, si se quiere, una polémica”.
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