
Para Sebastião Salgado (Minas Gerais, Brasil, 1944), el ser humano ha sido corrompido por los tratados políticos, económicos y sociales que rigen la coyuntura actual. El fotógrafo ha estado 25 años inspeccionando la Amazonia. “Me podría pasar toda la vida ahí y nunca podría fotografiarla, es un espacio inmenso”, declara el brasileño en la presentación de Amazônia, la exposición que recopila la riqueza de la naturaleza selvática y de las tribus indígenas, y que se podrá disfrutar en el Centro Cultural de la Villa hasta el 14 de enero de 2024.
Para Salgado, que estuvo siete años conformado este proyecto (con un total de 58 viajes), Amazônia no es una expresión artística que pretenda recopilar su ya conocida artesanía y magia detrás de la lente, más bien un tratado de conservación de un espacio que agoniza y sin el que el mundo dejaría de funcionar. La exposición, una inmersión sonora y visual completa, es un grito de ayuda, de cooperación y de concienciación. “Es un ecosistema amenazado” que ha perdido casi el 18 por ciento de su biomasa por lo que, en Amazônia, hay “fotografías del 82 por ciento restante”.
Siete años y una inmensidad que, en ocasiones, ni las mejores cámaras son capaces de capturar. La exposición de Salgado, comisionada por su mujer, la diseñadora Lélia Wanick, recoge el tratado salvaje que abarca más de nueve países amazónicos y que ambos llevan un cuarto de siglo adorando. Aunque en la exposición parezca etéreo y natural capturar el efecto de las nubes sobre el agua o cómo la lluvia golpea las hojas de las palmeras, Salgado navegaba durante días y semanas para llegar a las tribus y a sus espacios protegidos. Una instantánea se toma en un segundo, pero llegar a los enclaves no fue tarea fácil.
“La destrucción se debe a nuestra sociedad de consumo”, ha declarado el brasileño. “Juntos tenemos que intentar que nuestro sistema político haga presión para protegerla, porque si no perderemos la Amazonia”. Para el brasileño, el enclave forestal que tiene su propio sistema de supervivencia es un “paraíso”, un espacio de una “belleza inmensa y profunda”, que hay que conservar a toda costa. Espera que sus imágenes sean capaces de hacerlo.
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La vida de las tribus indígenas
Además de las impactantes fotografías que capturan el paisaje virgen de sus montañas, sus ríos, sus árboles y las nubes que se posan sobre sus lagos, Sebastião Salgado se ha sumergido en la vida de las tribus indígenas que pueblan la Amazonia. Conocer los detalles que las distinguen entre sí es un trabajo de campo que supera los siete años que el fotógrafo dedicó a este proyecto.
“Hay tribus que yo fotografié que no comen carne de animales que tienen la sangre caliente porque creen que les pone agresivos”, un sentimiento que, afirma, rechazan por completo. “La agresividad es nuestra”, apela ahora a las sociedades actuales. “Vivimos con presión política, con la presión de las fronteras y eso nos hace la vida complicada”, apostilla. “Nosotros somos los animales, no ellos”.
Para el fotógrafo, haber estado en contacto con tribus indígenas (no expuestas a la vida exterior) que rechazan la agresividad es una prueba fehaciente de que “no éramos agresivos” varios siglos atrás. Ha sido la vida y la sociedad la que nos ha convertido y modelado a su antojo.

Amazônia elabora un perfil pormenorizado de muchas de las tribus que conviven en el enclave forestal. Todas ellas viven “de una forma más liviana”, tal y como indica el hombre detrás de las impactantes fotografías que describen una rutina y una visión vital diametralmente opuesta a la nuestra.
“Hay una tribu en la que las mujeres tienen cinco maridos y ahí se vive bien”, declara cómico Salgado en la rueda de prensa a la que ha acudido Infobae España. “Las señoras tienen un poder fantástico, esta tribu no tiene creencias divinas y vive de forma colosal”, explica.
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La política amazónica
Brasil ha vivido cuatro años convulsos de mandato de Jair Bolsonaro, un político que “no respetó las colonias” y que “ha sido un criminal”. Sin embargo, Salgado saca algo positivo de su destrucción amazónica: “Ha creado una reacción en torno a su acción maléfica”.
Tras la llegada de Lula da Silva en 2023, la deforestación en la Amazonia brasileña ha experimentado una disminución significativa, mostrando su nivel más bajo desde 2017. Las cifras publicadas por el Gobierno de Brasil indican una caída del 66 por ciento durante el mes de julio y una reducción acumulada del 42,5 por ciento desde que iniciara el 2023.
Salgado no pone a Bolsonaro como el malo, tampoco a Lula como el bueno: el principal responsable de su destrucción es la sociedad de consumo que ve rédito en sus tierras y selvas. Lo que sí destaca es la incorporación en el gabinete presidencial de la figura de Sonia Guajajara, primera ministra en la historia del país encargada de los pueblos indígenas y su conservación. “Hoy, seguramente, Brasil sea el país que más concienciación tiene de la pérdida del Amazonas”, concluye.

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