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Para qué sirve escribir bien: el libro que cuenta la fascinante historia de los signos de puntuación

En el ensayo “Signos de civilización. Cómo la puntuación cambió la historia” (Godot), el noruego Bård Borch Michalsen desarrolla una genealogía de la escritura. Un ensayo muy provocador con grandes derivaciones en el aula

Borch Michalsen autor del libro Como la puntuación cambio la historia
Bård Borch Michalsen y su ensayo “Signos de civilización. Cómo la puntuación cambió la historia” (Ed. Godot)
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“Se puede escribir de cualquier cosa mientras no sea aburrido”, dice el noruego Bård Borch Michalsen. “De cualquier cosa”, desafía.

Diez años atrás llevó esta idea a la práctica y publicó un libro sobre la historia de la coma. La coma: el signo. A priori, no podría haber nada menos interesante: ¿la historia de la coma? Y, sin embargo, no solo fue un gran éxito, sino que le permitió aprender mucho más sobre los demás signos de puntuación e interpretar la manera en que la puntuación se integró en la escritura, la cultura y la civilización. De allí el origen del fascinante ensayo Cómo la puntuación cambió la historia (Godot).

“No es un libro sobre las reglas”, dice, “sino que cuenta las historias que llevaron a crear los signos”. En cierto sentido, el libro se vincula con El último teorema de Fermat: aquel desde la historia épica de la matemática, este sobre la de la sintaxis.

La escritura es un invento muy reciente, tiene menos de 6.000 años. Hace más de 50.000 años que hablamos, pero, en relación, hace muy poco que escribimos. Sócrates estaba muy en desacuerdo con la escritura, decía que escribir iba en contra del pensamiento y la memoria. “Él formaba parte de la cultura oral, pero yo creo que ahora habría quedado impresionado”, arriesga Borch Michalsen. Hay que entender que, en el comienzo, la escritura no era un modo de comunicación independiente, sino que estaba hecha para extender la forma oral. Se leía en voz alta. “Y, además, leer era casi imposible porque no había espacio entre las letras, no había párrafos y todo se escribía en letras mayúsculas”. No sólo Sócrates detestaba la escritura. Cicerón, en Roma, como hombre de la retórica, también estaba en contra.

Pero gradualmente, el lenguaje escrito se fue haciendo más importante hasta que, a partir de cierto momento que ronda el año 500 después de Cristo, se independizó de la oralidad y se empezó a leer para uno. “Hasta hubo un médico que llegó a decir que leer en silencio era malo para el corazón”, dice Michalsen y larga una carcajada. Desde entonces, la puntuación no solo intervino en la retórica sino también en la sintaxis.

Borch Michalsen autor del libro Como la puntuación cambio la historia
"Un signo de exclamación cansado es un signo de interrogación"

Cómo escribir bien

Picasso decía que había que conocer las reglas como un profesional y romperlas como un artista. (No puede usarse como excusa en los exámenes de Prácticas del Lenguaje). Cada signo de puntuación, dice Michalsen, tiene una personalidad y una historia de vida. Primero fueron los espacios, después los puntos, en algún momento aparecieron las minúsculas, la coma, después el punto y coma, y los signos de exclamación e interrogación. El lenguaje escrito es un animal vivo que evoluciona permanentemente. Y, aún cuando pensemos que hemos llegado al final del camino, es probable —es casi seguro— que se inventen nuevos signos que ayuden a mejorar el sistema.

Cómo la puntuación cambió la historia es un libro hermoso porque, entre otras cosas, muestra la maravilla de la invención humana. “La escritura se parece a una app”, dice. “Es la primera app pensada para compartir: puedes leer efectiva y fácilmente. Todas las reglas dificultan la escritura y facilitan la lectura”.

Los signos son evidencias de cómo actuamos y nos relacionamos. Por ejemplo: en el siglo XIX se usaba el doble de puntuaciones que ahora. Hay escritores que detestan el punto y coma —a Kurt Vonnegut le parecía un artificio de académico; a Hemingway, una muestra de debilidad—. Hay quienes ven en el punto y aparte un mensaje pasivo-agresivo —”Si te responden ‘OK.’, ese punto dice que no está OK”, dice Michalsen—. Según ciertos estudios, las mujeres usan más signos de exclamación que los hombres.

Borch Michalsen autor del libro Como la puntuación cambio la historia
Bård Borch Michalsen

Escribir mal está permitido

¿Qué pasa con los mensajes de texto? La escritura es una forma de comunicación que depende del contexto. Escribir mal está bien, siempre que se tenga en cuenta la situación. Entonces el mensaje de WhatsApp, que mezcla una situación entre el hablar y el escribir, es una desprolijidad aceptada y aceptable. Un adolescente puede avisar que sale con amigos sin poner una coma, pero a la vez sabe que debe respetar las reglas en una evaluación en la escuela.

La función del texto es ser un articulador de saberes. Un texto bien escrito habla de un dominio de la técnica y de lo que se está transmitiendo. “Si lo escribe correctamente, entonces lo estás pensando correctamente”, dice Michalsen, “porque escribir es una tecnología del pensamiento”.

¿Cómo se escribe correctamente?

—Con oraciones breves. Estructura: sujeto, verbo, predicado. Pensemos en Hemingway: “Él fue al río. El río estaba allí”. No se puede escribir cincuenta páginas de esa manera, hay que alternar entre oraciones cortas, medias y largas, pero hay que hacérselo fácil al lector.

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