Con Mauro Martín a la cabeza, la Doce celebró fin de año en el lugar donde estaban algunas agrupaciones del club. Varios de sus integrantes, incluso, pidieron sacarse fotos con los barras
Con Mauro Martín a la cabeza, la Doce celebró fin de año en el lugar donde estaban algunas agrupaciones del club. Varios de sus integrantes, incluso, pidieron sacarse fotos con los barras

La conferencia de prensa de Miguel Angel Russo había terminado una hora atrás. Ya no quedaba prensa en el club y sólo había algunos socios. De a poco, varios integrantes de La Doce comenzaron a ingresar a la institución. De a cinco primero, y después en grupos más grandes hasta llegar a unos 50. A la cabeza de todos estaban Rafael Di Zeo y Mauro Martín. Ocuparon la parte central de los quinchos de Boca y corrieron a la gente de una filial del oeste que estaba allí también haciendo el asado de fin de año, para despedir un 2019 que otra vez los encontró sin la ansiada Copa Libertadores. Y si bien algunos adujeron que los muchachos de la filial y de algunas agrupaciones fueron invitados a correrse de modo poco amigable, lo cierto según averiguó Infobae es que lo hicieron por propia voluntad. Siempre es bueno anticiparse a cualquier problema. Es más, algunos de la zona oeste hasta decidieron inmortalizarse con los líderes de La Doce, que tienen derecho de admisión para la Bombonera y cuentas pendientes en la Justicia, pero que hicieron valer su condición de socios para copar la zona y festejar el fin de 2019 y brindar por un 2020 que traiga la Copa. Porque pueden cambiar las dirigencias, pero nunca el poder de una barra que en la noche del 30 de diciembre hizo una exhibición de fuerza y le marcó la cancha a la nueva administración xeneize, encabezada por Jorge Ameal. La pregunta del millón es si la flamante comisión directiva estaba al tanto de la situación. La respuesta fue ambigua aunque Infobae averiguó que había una persona que no sabía nada: Juan Román Riquelme, cuya relación con La Doce oficial se rompió definitivamente en abril de 2010 cuando la barra al mando de Mauro Martín se presentó en un entrenamiento y apretó mal a Javier García, arquero del team por aquella época e íntimo de Román, quién había tenido un altercado con el entrenador de entonces, Abel Alves.

La historia de la cena en el quincho en realidad se planeó 20 días atrás, después de que la fórmula Ameal-Pergolini ganara las elecciones del club. La Doce jugó abiertamente para Christian Gribaudo, especialmente el grupo de Martín, quién era el verdadero interlocutor de Daniel Angelici. Si bien la barra tenía un pacto por el cual Rafael Di Zeo seguía siendo para el afuera el rostro visible (él mismo se encargaba de mostrarse en los partidos alrededor del estadio), el teléfono rojo y las vituallas venían al pie de Mauro. Por eso, en la previa a la elección y cuando el clima era claramente de triunfo para Amor Ameal, Rafa comenzó a jugar sus piezas y hasta mandó a su gente a la tribuna de enfrente, la que da al Riachuelo, para hacer notar el cambio de fuerzas. De hecho, el día de la elección forzó su entrada al búnker opositor y logró mostrarse cerca del candidato que después ganaría la elección. El intento de la barra por acercarse ese mismo día a Román fue infructuoso: desde el círculo del ídolo les dijeron que no tenía nada qué hablar con ellos y que no habría relación posible.

Por eso con la nueva realidad en curso y sabiendo que la facción disidente de La Doce había jugado para Ameal en la interna (entre ellos los ex jefes Christian De Vaux y Maximiliano Mazzaro, quienes integraban la cúpula durante la anterior presidencia de Ameal de 2008 a 2011) y ante el temor a que ese apoyo se pagara con un regreso a la tribuna, el sector oficial decidió actuar y ahora el tándem invirtió los roles: Di Zeo primero, Martín después. En ese negocio comenzaron a mandarle mensajes indirectos al nuevo presidente sobre la conveniencia de no cambiar de jefes de la popular. Y como la respuesta no llegó nunca en forma afirmativa, decidieron mostrar su poder de fuego: ir a hacer la cena de fin de año al club, algo que Angelici les tenía vedada desde que estalló la causa por asociación ilícita que llegó hasta las orillas del ex presidente. Desde aquel 2013 el acuerdo era seguir manteniendo los beneficios a cambio de que no pisaran la institución. Veremos qué ocurre ahora.

Mauro Martín y Gori, de zona Oeste, en el festejo
Mauro Martín y Gori, de zona Oeste, en el festejo

Lo cierto es que los barras decidieron no jugar de incógnito. Sabían que los 30 de cada año varias agrupaciones y filiales despiden el calendario en los quinchos. Podrían haber elegido una fecha menos concurrida, pero eso quizá no habría tenido el efecto de mensaje directo a la nueva dirigencia. ¿Con quién intentarán el acercamiento? Con Riquelme no hay chance: de hecho su hermano Cristian supo tener un vínculo por su amistad con el Mellizo Fernández, un histórico de La Doce pero que quedó del lado de la disidente. Y la orden familiar es no meterse con nadie. Pergolini, en su momento como hincha allá lejos y hace tiempo, había admitido que colaboró para algún viaje de “los muchachos” pero esta vez estaría lejos de querer tener relación con ellos.

Así planteadas las cosas, deberá ser Ameal el que defina si va a ser un interlocutor con los violentos, si los va a combatir, si mantendrá el status quo como en su anterior presidencia o si habrá cambios en la segunda bandeja que da a Casa Amarilla. Por lo pronto, La Doce cenó y mientras hacía la digestión, desafió a propios y extraños bajo el concepto de siempre: los dirigentes pasan, la barra queda.

Rafael Di Zeo en el búnker de Jorge Amor Ameal, el día de las elecciones
Rafael Di Zeo en el búnker de Jorge Amor Ameal, el día de las elecciones

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