Un caballo dentro de la lluvia, el nuevo poemario de Adolfo Marino Ponti, llega con la fuerza de quien escribe desde las entrañas. El poeta, oriundo de Santiago del Estero, define el libro con una honestidad que no deja lugar a eufemismos: “Este es mi grito, mi verdad, mi elegía, mi forma de escupir el tiempo y sus crueldades”. La presentación del libro tendrá lugar el miércoles 26 de agosto, a las 19, en el Salón Marabú (Maipú 365, CABA), con entrada libre y gratuita. El cierre musical estará a cargo del Dúo Minondi-Furno, integrado por el violinista Lucas Furno y el guitarrista y cantor Roberto Minondi.
Adolfo Marino “Bebe” Ponti es una de las figuras más completas de la cultura popular argentina. Poeta, narrador y letrista, su obra atraviesa géneros y formatos con la misma voz: la de un hombre que escribe desde el compromiso con el otro y con la tierra que lo formó. Sus canciones fueron grabadas por algunas de las voces más representativas de la música nacional, y su trayectoria literaria acumula poemarios y libros en prosa que lo consolidan como uno de los escritores santiagueños de mayor proyección. Nacido en Quimilí, Santiago del Estero, en 1957, lleva décadas construyendo una obra que transita entre la canción popular, la poesía y la narrativa sin establecer jerarquías entre ellas.
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El nuevo poemario, editado por Funga Editorial bajo la curaduría del poeta y editor Andrés Torres Acuña, organiza su materia en cuatro partes —En la calle, Tierra desolada, Alguien se comerá la voz y Variaciones— que recorren la calle porteña y sus despojos humanos, los territorios en llamas del Iberá y la Amazonía, y desembocan en una reflexión sobre el lenguaje y sus límites. La imagen que da título al volumen funciona como símbolo del surrealismo y el existencialismo social que habita la poética del autor. Torres Acuña lo define con precisión: “Quizá Un caballo dentro de la lluvia sea eso: una fuerza obstinada en avanzar cuando todo alrededor parece haber renunciado a la bondad”. El mismo autor confiesa que al principio dudó en publicarlo —“me parecía demasiado pesimista, existencial, mecido en la intemperie de la calle, del hambre, de la soledad”— hasta arribar a una certeza: “la belleza también habita aquellos lugares donde el paraíso se ha borrado del planeta”. Sus poemas, escribe, son “palabras escritas con los ojos y a veces con ese dolor que se guarda debajo de la piel”.
El prólogo estuvo a cargo de Claudio LoMenzo, ensayista, poeta, crítico literario y codirector de la Revista Nacional de Poesía La Guacha, quien ubica a Ponti en la línea de Raúl González Tuñón, Enrique Santos Discépolo y Juan Gelman. Además, señala que el poeta santiagueño logra, “con una lírica depurada y una mirada horizontal habitada por un yo que es un nosotros, el libro que faltaba, el que había que escribir”.
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A continuación, Infobae Cultura publica el prólogo de Un caballo dentro de la lluvia.
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Adolfo Marino Ponti escribe palabras para ser oídas
Por Claudio LoMenzo
Ese feroz espíritu que se desata de sí mismo, que escribe con los destellos del relámpago, y cabalga por la intemperie con el tiempo envuelto en seda de fuego, sin duda es el poeta Adolfo Marino Ponti. Los poemas de Un caballo dentro de la lluvia conllevan una voz que hace bien escuchar. Voz arraigada a un sentir que nos abraza frente al dolor, en este tiempo sórdido, violento, desenvainado.
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Muchos de los poetas contemporáneos eligieron ser osados al hablar de la propia experiencia, y por supuesto también la espectacularidad para ocupar la centralidad y asociarse a las nuevas tendencias virtuales. Pero olvidaron que la poesía es muchísimo más que eso: es ritmo y es sentido. Dos palabras que el poeta atiende para componer las cuatro partes de este poemario que asume una temática claramente social. Incorporándose así a los pasadizos de este mundo por donde siguen transitando las poéticas de Raúl González Tuñón, Enrique Santos Discépolo, Juan Gelman. Si la poesía es palabra en el tiempo, como afirma Antonio Machado, hijo de este tiempo, vuelto y revuelto, es el poeta Marino Ponti. Un hombre que sufre por tu sufrir y camina a la par mientras describe la soledad que ven tus ojos. Un poeta que está de este lado de la mecha y habla con palabras de este mundo.
La palabra escrita aquí por Ponti es palabra oral. Se desliza por nuestros ojos con la musicalidad propia de aquel que entiende en qué tonalidad puede ser escuchada. Afirma el poeta con su escritura que es tiempo de palabras en voz alta. Palabras para ser oídas, no solo para ser dichas. Ante tanta palabra ensimismada se vuelve necesario escuchar a un poeta afinado, preparado para que no pasen desapercibidos ni los contrastes, ni los matices, y menos las metáforas que le dan peso, color y volumen a cada una de sus imágenes. Es por el ritmo donde se desliza la música del sentido. Y si hay sentido hay visión del mundo, y el poeta vuelve a dar cuenta de ello. Ayer fue el grito de la memoria en La guerra de los pájaros y una luna acribillada en el olvido (1986), y la belleza de su palabra erótica en Luz de azafrán (2020).
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Las cuatro partes de este poemario son: En la calle, Tierra desolada, Alguien se comerá la voz y Variaciones. Cuatro momentos para construir una poética sensible y que sensibiliza. Tamizada por esos ojos comprometidos con las tristes escenas de la vida cotidiana: “Ahora soy yo quien abre la suya,/ quien la extiende,/ quien mendiga el calor de otra mano/ para saber si la soledad ha dejado de aullar”, dice en el poema “Mendigos”. En cada una de sus partes el poeta se involucra, toma riesgos: busca nombrar aquello que ya están viendo tus ojos. Sabe ver, mira desde adentro de cada quién con las pupilas en carne viva. “Quizás las cosas sean como el dolor de sus ojos/ y no como la visión de los míos”, nos dice en el poema “Villa 31”. Y logra, con una lírica depurada, con su mirada horizontal habitada por un yo que es un nosotros, el libro que faltaba, el que había que escribir. Siendo el poeta uno más en este universo poblado de gente.
Celebro los poemas de Un caballo dentro de la lluvia. Celebremos a este poeta santiagueño que elige decir con un lenguaje claro, retomando así el camino de cercanía y recuperando la confianza del lector. Adolfo Marino Ponti percibe el pulso de lo sensible y sus palabras lo saben. Ellas se encabalgan al compás de su armonía. Danza de imágenes en un territorio sombrío. Música del sentimiento. Profunda levedad apasionada, sin estridencias. Y un lenguaje que fluye, para desbaratar cuanta injusticia se le pare de manos. Donde le toque decir, lo hará. Lleva en su sangre el don, el nunca olvido, la luna acribillada, el compromiso con el otro, el amor, y el arraigo a esta tierra que guarda lo más preciado: su raíz.
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