
Los 400 conquistadores españoles que entraron en la capital azteca en el siglo XVI siempre tuvieron la idea de la conquista y las riquezas del nuevo mundo en sus mentes, aunque al principio fueron recibido como amigos. Desde ese punto de vista pacífico, se sorprendieron por el esplendor de la gente de Tenochtitlan y su brutalidad caníbal.
Encontraron templos empapados de sangre y corazones humanos en braseros de cerámica, según explica el Instituto Arqueológico de América.
Habían oído leyendas de miles de sacrificados en la dedicación al Gran Templo, cuatro filas de víctimas que se extendían por kilómetros, esperando a que se le arrancaran los corazones.
Los conquistadores y los españoles que los siguieron escribieron sobre las víctimas y los sacrificios humanos que rodaban por los escalones del templo. Allí fueron desmembrados para ser devorados en un guiso hecho a base de chiles y tomates.
Pero hay una cosa que aterrorizó aún más a los europeos recién llegados: un estante de cráneos humanos que se elevaban sobre una esquina del templo hacia Huitzilopochtli, el dios azteca del sol, la guerra y los sacrificios humanos.

Andrés de Tapia, uno de los saldados de Hernán Cortés, escribió que eran tantos los cráneos humanos que tuvo que recurrir a la multiplicación para contarlos todos.
"Encontramos 136,000 cabezas".
Aquellos cráneos, según suposiciones de los conquistadores, eran lo que quedaba de los hombres que habían sido derrotados en la batalla.
Todos estaban ornamentados con el siguiente mensaje: "Esto es lo que les pasa a los enemigos de los aztecas".
Casi 500 años más tarde, los científicos que cavan en la Ciudad de México han desenterrado los cráneos.
También han planteado más preguntas sobre la naturaleza del sacrificio humano azteca que están en conflicto con el pensamiento de los conquistadores.
Su mayor hallazgo: los cráneos no eran solo las cabezas de los hombre guerreros que habían sido derrotados por los aztecas. Algunos eran más pequeños y más delgados, de mujeres y niños.
"Esperábamos que solo fueran de hombres, obviamente hombres y jóvenes, que así debían ser los guerreros. Lo que pasa con las mujeres y los niños es que uno pensaría que ellos nunca irían a la guerra", apunta a Reuters Rodrigo Bolanos, un antropólogo biólogo que investiga el hallazgo.

Está claro que los aztecas habían exhibido públicamente los cráneos de mujeres y niños, pero ¿quiénes eran?
¿Derrotaron a los miembros de las civilizaciones vecinas? ¿Los aztecas habrían sido sacrificados?
Los investigadores creen que la torre de cráneos fue, definitivamente, una muestra de poder por los aztecas. Pero una explicación más detallada ha eludido la visión de los estudiosos y sopesan que ahí también habían aztecas.
Los cráneos fueron encontrados en el edificio cilíndrico, cerca del Templo Mayor, uno de los templos principales en Tenochtitlan.
Bolanos y otros expertos del Instituto Nacional de Antropología e Historia de México han estado estudiando el estante del cráneo desde que fuera descubierto en 2015.
La excavación desenterró cerca de 700 cráneos.
El proceso todavía sigue en curso y los investigadores esperan encontrar más a medida que se acerquen a la base de la torre de cráneos.
Los conquistadores no eran precisamente conocidos por su atención y su cuidado a la preservación histórica. Mataron a los aztecas, que superaban en número a los españoles, y los desarmaron. Los aztecas que evitaban las balas españolas sucumbieron a las enfermedades del Viejo Mundo, lo que perjudicó aún más a la población nativa.
Sobre las ruinas del imperio azteca, la ciudad de México empezó a levantarse.
De hecho, Cortés y los españoles que los siguieron utilizaron las estructuras prehispánicas como base para nuevas iglesias y catedrales, según un informe de Associated Press.
Fue una decisión simbólica y una decisión práctica.
Mostraba cómo los dioses aztecas habían sido desplazados por la iglesia cristiana, pero también salvó a los españoles del problema de tener que construir nuevos cimientos, paredes y pisos.
Durante los siglos intermedios, las ruinas aztecas fueron olvidadas (así como también las pistas sobre su civilización prehispánica) y fueron enterradas bajo la ciudad más grande Norteamérica.
Pero las ruinas se han negado a quedarse enterradas. Algunas de ellas fueron descubiertas en los escombros de los edificios destruidos tras un terremoto, en 1985.
En 1978, los trabajadores que colocaban cables eléctricos a dos cuadras del Zócalo, la plaza principal de la Ciudad de México, descubrieron el Templo Mayor de los Aztecas.
Siglos después de que la civilización azteca cayera, ese nuevo hallazgo está planteando nuevas preguntas.
"Está ocurriendo algo de lo que no tenemos registro documental. Es realmente nuevo, es un nuevo comienzo", comenta Bolanos.
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