Alberto empaca verdudas
Alberto empaca verdudas

El largo confinamiento que supone la cuarentena ordenada por el mandatario Nicolás Maduro a propósito de la llegada del coronavirus a Venezuela, ha obligado a los ciudadanos a reinventarse, en especial a los trabajadores del sector informal de la economía. Analistas independientes han estimado que 65% de la fuerza laboral del país trabaja en el mercado negro o por su cuenta.

Sin certezas de cuando se levantará la cuarentena, inicialmente prevista para el 13 de abril, el venezolano que no puede trabajar desde su casa y que quiere prestar un servicio está emprendiendo, en la medida de sus posibilidades.

Así se evidencia en ofrecimientos que han surgido en redes sociales e incluso en los pocos espacios de interacción social que permite la cuarentena: centros de salud, comercios y mercados populares.

Infobae hizo contactos con los “Corona emprendedores”, como los definió Magdamelia Hernández quien renta su punto de venta portátil en un mercado municipal de Caracas.

Dice que su negocio es el de vender y distribuir sillas de oficinas en la capital del país y en ciudades cercanas. “La cuarentena paró en seco a mi trabajo al menos durante dos meses, así que tuve que inventar qué hacer con mi único activo productivo, un punto de venta. No todos los informales lo tienen porque hay que cumplir con muchos requisitos que pide la banca y cada aparato es bien costoso”.

Magda Amelia Bracho alquila su punto de venta
Magda Amelia Bracho alquila su punto de venta

Añade que la escasez de bolívares en efectivo y la poca conectividad del internet “impiden que los minoristas de los mercados en donde compra la gente más pobre puedan vender en las horas permitidas por el gobierno, así que decidí alquilar el punto de venta a varios amigos comerciantes. Cobro una comisión baja de 3% por cada operación. Yo recibo el dinero a las 24 horas de compra y los transfiero a la cuenta de banco del vendedor, restando mi ganancia”.

Dice que tiene 5 días con su emprendimiento “y me va bien, sólo trabajo medio día. Me ayudo y ayudo a los demás”, comenta.

A pocos metros de Magdamelia está el puesto de Alberto Macedo. En conversación con este medio digital, asegura que siguió un consejo de uno de sus primos y optó por prestar servicios a sus vecinos.

“Trabajo tres veces por semana durante cuatro horas en este mercado. El resto de los días, me dedico a empacar la poca mercancía que llega a mi puesto en estos momentos y las vendo en el edificio en donde vivo”.

Está consciente de que la cuarentena es estricta y puede ser larga “con Maduro nunca se sabe, habla para adelante y para atrás, así que creo que estaremos más de dos meses confinados. Esta semana me llegaron pocos kilos de hortalizas y de frutas desde el interior del país. Mi proveedor subió 20% los precios porque asegura que debe conseguir gasolina al precio que sea para poder venir acá a Caracas a vender. Incluso, la paga en dólares”.

El excedente de mercancía, “que es bastante porque la gente no tiene tanta plata lo empaco y lo llevo a mi casa. Mando un mensaje de WhatsApp a mis vecinos y ellos me encargan lo que quieren. Lo único que cobro extra son las bolsas de plástico en donde embalo el producto. Entrego las compras en la sala de fiestas del edificio, en donde hemos armado un espacio de cierto distanciamiento social. Recibo pagos en mi punto de venta portátil y listo, negocio hecho”.

Nubia confecciona tapabocas
Nubia confecciona tapabocas

Otra emprendedora es Nubia. Es oficinista de lunes a viernes y los sábados y domingos es costurera. “Me encanta el corte y la confección y creo que voy a tener mucho tiempo para coser. Mis jefes me han dicho que la cuarentena es larga. Vi una oportunidad de negocios en la elaboración y venta de mascarillas tapabocas. Todos tenemos que protegernos del Corona virus con lo que tengamos a la mano”.

Dice que con varias camisetas de algodón viejas “corté y cosí mascarillas. Empecé regalándolas a mis familiares y vecinos hasta que me ocurrió venderlas. He visto que los tapabocas desechables cuestan un dólar y las venden en la calle, sin ningún tipo de asepsia. Yo por Bs. 120.000 (0.8 centavos de dólar) ofrezco una máscara de tela que puede ser lavada y desinfectada. Solo vendo a conocidos y en esta tienda de un amigo que abre todas las mañanas. En nueve días he vendido 60 máscaras, la gente está preocupada por su salud”.

Raúl Pacheco es estudiante de administración de empresas, en una universidad privada de Caracas. Asegura a Infobae que sin su trabajo formal (encargado de la venta de golosinas en un cine) y con los estudios paralizados, “me propuse hacer algo que me generara dinero porque no soy de esta ciudad y de algo tengo que vivir”.

Armó un grupo de WhatsApp con varios condiscípulos y presta servicios a adultos mayores “hacemos compras de comida y medicinas, recargamos teléfonos celulares, recogemos basura. Todo muy temprano en la mañana y cerca de donde vivimos”.

También atiende dos veces por semana un kiosko en donde su tía vende productos de limpieza, “son muy necesarios en estos tiempos de contaminación del coronavirus. Mi pariente es adulta mayor y su salud está en riesgo por eso entre un primo y lo atendemos el negocio. Tenemos bastante stock y aspiramos venderlo todo este mismo mes”.

Raúl Pacheco hace compras para adultos mayores
Raúl Pacheco hace compras para adultos mayores

El venezolano se reinventa

El economista Aarón Olmos considera que el reciente decreto de alarma para atender el avance del coronavirus en el país, “está cambiando la forma de cómo trabaja y se relaciona el venezolano. La gente está dejando de hacer actividades formales de capacitación y de trabajos no prioritarios para enfocarse en el sector servicios”.

En entrevista con Infobae, Olmos, quien estudia el fenómeno del emprendimiento en esta nación caribeña, considera que “luego de una semana de confinamiento forzado se está generando una explosión de creatividad y de reinvención. No todas las actividades laborales pueden desarrollarse desde casa, tampoco se pueden digitalizar”.

Considera que de esta cuarentena, los emprendedores exitosos serán los costureros, maestros, diseñadores de ropa, tejedores, los prestadores de servicios puntuales, entre otros.

“Hay cosas que no pueden hacerse por internet sino en el vecindario del demandante: recarga de agua potable, compra de comida o de bombonas (cilindros) de gas, etc. Los niños que no pueden ir a la escuela pueden necesitar tareas dirigidas. Hemos visto que en conjuntos residenciales hay quien da clases gratuitas de varias materias”, añada Olmos.

A juicio del analista, las fallas en los servicios públicos que se prestan en Venezuela abren un nicho de trabajo al emprendedor.

Añade que las medidas económicas anunciadas por Maduro contemplan la inamovilidad laboral hasta diciembre de este año, “nadie puede ser despedido así que el empresario debe buscar la forma de generar recursos para pagar sus nóminas. No todas las compañías recibirán el apoyo económico ofrecido por el Ejecutivo”.

Finalmente, Olmos estima que “en esta crisis, el venezolano está demostrando que quiere hacer las cosas bien y más en esas situaciones tan adversas en donde hay tanto qué activar para resurgir y mantenernos”.

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