Elogios, alivio y el agobio: los líderes mundiales reaccionan al alto al fuego en Irán

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En Europa y en todo el mundo, la guerra ha dañado las economías, ha agitado la política y ha puesto de relieve la falta de opciones para hacer frente a los caprichos del presidente Trump.

El miércoles, los líderes mundiales expresaron su alivio por el hecho de que Estados Unidos, Israel e Irán acordaran un alto al fuego temporal y el presidente Donald Trump se retractara de su amenaza apocalíptica de recrudecer una guerra que ya había desencadenado una serie de crisis mundiales en cascada.

Pero el alivio se vio atenuado por la profunda impotencia que la mayoría de los países han sentido en las últimas seis semanas al ver a Trump librar una guerra que ha sacudido sus economías, sus suministros energéticos, su política interna y sus relaciones con la superpotencia preeminente del mundo.

Los líderes mundiales se han visto arrastrados por los vuelcos personales y giros geopolíticos de Trump desde que comenzó la guerra a finales de febrero. Han tenido que adivinar si lanzaría nuevos ataques contra Teherán o si pondría fin a las hostilidades, dos opciones para las que ha dado señales en varias ocasiones. Han tenido que soportar largas peroratas sobre la ayuda insuficiente y la ingratitud que Estados Unidos recibe de sus aliados, peroratas que suelen ir acompañadas de amenazas de abandonar la OTAN, al tiempo que sufrían las crisis de los precios del petróleo y el gas y la escasez de suministros provocada por la guerra.

Funcionarios de algunos de esos países señalaron los obstáculos que quedan para que el alto al fuego de dos semanas se convierta en permanente, entre ellos abordar las espinosas cuestiones de las ambiciones nucleares de Irán y asegurar el estrecho de Ormuz para el transporte marítimo mundial. Reconocieron lo difícil y tardado que sería reparar las grietas que esta guerra ha abierto en la economía mundial y en el entorno de seguridad.

Y se quedaron en búsqueda de mejores formas de navegar por el nuevo orden mundial que Trump ha puesto en marcha en su segundo mandato en la Casa Blanca, uno en el que el presidente azota a amigos y enemigos por igual, con poca capacidad para amortiguar los golpes.

"¿Es el mundo un lugar mejor hoy que ayer? Sin duda", escribió en la plataforma de redes sociales X el ministro de Asuntos Exteriores danés, Lars Lokke Rasmussen. "¿Que hace 40 días? Eso es más que dudoso".

Pedro Sánchez, presidente del gobierno español y opositor declarado a la guerra en Irán, elogió el alto al fuego como "una buena noticia. Sobre todo si conducen a una paz justa y duradera". Pero añadió una dura condena a la campaña militar de Trump.

"El alivio momentáneo no puede hacernos olvidar el caos, la destrucción y las vidas perdidas", escribió. "El Gobierno de España no aplaudirá a quienes incendian el mundo porque se presenten con un cubo. Lo que toca ahora: diplomacia, legalidad internacional y PAZ".

Fue quizá una sorpresa que el miércoles Sánchez se uniera a otra media decena de líderes europeos, junto con dirigentes de Canadá, la Comisión Europea y el Consejo Europeo, en un compromiso para prestar apoyo gubernamental para "garantizar la libertad de navegación en el estrecho de Ormuz".

Tal esfuerzo sigue siendo conceptual por ahora, a pesar de la insistencia de Trump en que sus aliados de la OTAN envíen activos militares para ayudar a aliviar el bloqueo iraní de la vía marítima, con el objetivo de que los precios mundiales del petróleo y el gas, ahora en niveles elevado, vuelvan a bajar.

Más allá de Europa, el alto al fuego suscitó elogios de países como Omán, Japón, Malasia y Australia, acompañados a veces de críticas a Trump y a los efectos de la guerra en sus economías, o de discusiones sobre el difícil camino diplomático que tienen por delante.

Winston Peters, ministro de Asuntos Exteriores de Nueva Zelanda, dijo en un comunicado que "aunque se trata de una noticia alentadora, queda mucho trabajo por hacer en los próximos días para garantizar un alto al fuego duradero". La guerra, dijo, "ha tenido repercusiones y trastornos de gran alcance, tanto en Medio Oriente como en otros lugares".

Otros dirigentes hicieron una referencia importante a las continuas interrupciones del suministro mundial de energía a causa de la guerra, que han empujado a muchos gobiernos a adoptar costosas medidas para aliviar la carga que recae sobre los conductores y otros consumidores.

"El objetivo ahora debe ser negociar un final duradero de la guerra en los próximos días", dijo Friedrich Merz, canciller de Alemania, en una declaración el miércoles, en la que también prometió la ayuda alemana en un esfuerzo internacional para reabrir el estrecho. Esas negociaciones, añadió, "pueden evitar una grave crisis energética mundial".

Para su frustración, los dirigentes parecen tener poca capacidad para influir en Trump, en esta guerra o en cualquier otro conflicto. La dificultad para analizar las declaraciones belicosas y a menudo cambiantes de Trump ha sido un reto durante el último mes. Otros líderes han adoptado diversas respuestas, como un apoyo moderado, un rechazo comedido y, a veces, simplemente el silencio público, con la esperanza de que Trump cambie de opinión por sí mismo.

Por ejemplo, el martes, cuando Trump lanzó una amenaza apocalíptica a Irán, en la que dijo que Estados Unidos acabaría con su civilización. Ni Merz ni Keir Starmer, el primer ministro británico, respondieron públicamente a la declaración, como tampoco lo hizo Emmanuel Macron, el presidente francés.

Parecía tratarse de un silencio deliberado, destinado a evitar cualquier posible provocación al presidente estadounidense, mientras los diplomáticos --dirigidos por el gobierno paquistaní-- trabajaban entre bastidores para garantizar el alto al fuego. En cambio, Macron y Merz publicaron comentarios ajenos al tema en la plataforma de redes sociales X.

Otros funcionarios de toda Europa han intentado durante el último mes mitigar las repercusiones económicas y políticas de la escalada de los precios del petróleo y el gas, impulsada por la guerra.

En Italia, el presidente de un sindicato de profesores ha advertido que los alumnos podrían tener que volver al aprendizaje a distancia en las últimas semanas de clase si continúa la escasez de combustible y se dificulta mantener abiertos los edificios. La crisis ha golpeado a la primera ministra Giorgia Meloni en un momento políticamente vulnerable, tras perder un referendo para reformar el poder judicial italiano.

El gabinete de Meloni ha reducido los impuestos sobre el combustible al menos hasta finales de mayo para proporcionar cierto alivio a los consumidores. De forma similar, España ha recortado los impuestos sobre la energía. Las autoridades alemanas han limitado las gasolineras a solo una subida de precios al día, y están debatiendo nuevas medidas para ayudar a los consumidores. La Confederación Europea de Sindicatos estimó el miércoles que una crisis prolongada podría aumentar los costos de la energía en casi 2000 euros, o unos 2300 dólares, este año para un hogar típico de la Unión Europea.

Los expertos advierten que podría necesitarse más ayuda, incluso con los avances en las negociaciones.

"Lo que se ha hecho hasta ahora ha causado profundos daños a la infraestructura energética", dijo Tito Boeri, profesor de Economía de la Universidad Bocconi en Milán. "Así que, aunque se reabra el estrecho de Ormuz, pasará tiempo antes de que estos países recuperen por completo su capacidad".

Starmer tenía previsto viajar al golfo Pérsico el miércoles para reunirse con aliados y debatir cómo mantener el estrecho permanentemente abierto a la navegación internacional, dijeron funcionarios del gobierno. Su viaje estaba previsto antes de que se anunciara el alto al fuego. Se produce tras las conversaciones sobre el estrecho celebradas la semana pasada en el Reino Unido entre diplomáticos y planificadores militares de más de 40 países.

Hasta el miércoles, esas conversaciones aún no han dado lugar a un plan de acción completo.

Motoko Rich en Roma, Carlos Barragán en Madrid, Laura Chung en Sídney y Michael D. Shear en Londres colaboraron con la reportería.

Jim Tankersley es el jefe de la oficina de Berlín del Times, y dirige la cobertura de Alemania, Austria y Suiza.

Motoko Rich en Roma, Carlos Barragán en Madrid, Laura Chung en Sídney y Michael D. Shear en Londres colaboraron con la reportería.