
Un informe reciente del Fondo Monetario Internacional indica que "todos los caminos conducen a precios más altos y a un crecimiento más lento".
Las repercusiones económicas de la guerra en Irán, que se encuentra ya en su quinta semana, están afectando a consumidores y empresas de todo el mundo y elevando el precio de productos básicos como los alimentos y el combustible.
"Aunque la guerra podría influir en la economía mundial de diferentes maneras, todos los caminos conducen a precios más altos y a un crecimiento más lento", escribieron esta semana los principales economistas del Fondo Monetario Internacional.
El martes, las señales de tensión podían verse en las proyecciones más recientes de un fuerte aumento de la pobreza en todo el mundo árabe, un gran incremento de la inflación en Europa y nuevos máximos de los precios de la gasolina en Estados Unidos.
Los efectos son especialmente onerosos para los países pobres, que disponen de menos recursos. Los países de África, Asia del Sur, Latinoamérica y partes de Medio Oriente que importan la mayor parte de su energía se encuentran en una situación especialmente difícil para hacer frente a unos costos desorbitados.
Para estas economías, el efecto es como "un impuesto grande y repentino sobre los ingresos", explicaron los economistas del FMI.
Sin embargo, aunque los países puedan conseguir los fondos, es posible que no dispongan de suministros de petróleo, gas y muchos otros productos básicos cruciales debido al bloqueo efectivo por parte de Irán del estrecho de Ormuz, una ruta marítima clave, así como a los daños que sufrieron infraestructuras energéticas en toda la región del golfo Pérsico.
Alrededor de un tercio del fertilizante mundial se transporta a través del estrecho de Ormuz. Con el comienzo de la temporada de siembra en el hemisferio norte, la escasez de fertilizantes ahora puede dar lugar a cosechas más pequeñas y a un aumento de los precios de los alimentos más adelante.
La escasez de otros materiales producidos en el Golfo, como el helio, el azufre y la nafta, que se utiliza para procesar plásticos, puede ralentizar la producción industrial, lo que hundiría el crecimiento de algunos países.
Para muchos habitantes de Medio Oriente, el panorama es especialmente inquietante. Un informe reciente de las Naciones Unidas estima que la guerra podría llevar a la pobreza a cuatro millones de personas más en todo el mundo árabe y reducir la producción de la región en más de 100.000 millones de dólares.
En Europa, el aumento de los precios de la energía provocado por la guerra contribuyó a elevar la inflación en los 21 países que utilizan el euro, lo que hace temer que los banqueros centrales suban los tipos de interés si los precios siguen disparándose.
Los precios al consumidor en la eurozona subieron a una tasa anual del 2,5 por ciento en marzo, el ritmo más rápido en un año, según informó el martes la agencia de estadística del bloque. El aumento en febrero fue del 1,9 por ciento.
Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo, dijo la semana pasada que los responsables de las políticas estaban preparados para subir los tipos de interés si la inflación persistía por encima del objetivo del banco del 2 por ciento.
En Estados Unidos, la gasolina superó el martes un promedio de 4 dólares el galón, un umbral que no alcanzaba desde agosto de 2022. Desde finales de febrero, el costo promedio de la gasolina normal ha subido un 35 por ciento, según datos del club automovilístico AAA.
Ver la gasolina a más de 4 dólares el galón --cuando hace un mes estaba por debajo de los 3 dólares-- podría empujar a los conductores estadounidenses a cambiar sus hábitos de gasto.
Los hogares de ingresos medios y bajos son los que más están notando el apuro. El impacto desproporcionado está haciendo que la economía estadounidense sea aún más asimétrica y dependiente del gasto de los consumidores de ingresos altos, dijo Moody's en una actualización el martes.
La incertidumbre sobre cuánto durará la guerra y cuán graves podrían ser los daños a la infraestructura energética de la región está inquietando a gobiernos, empresas y consumidores. Algunos funcionarios han tomado medidas para reducir el consumo, como pedir al público y a los funcionarios que utilicen la bicicleta en lugar del coche, que suban por las escaleras en lugar de utilizar el ascensor y que trabajen cuatro días en lugar de cinco.
Hay algunos ganadores en medio del trastorno económico. Los países exportadores de petróleo que pueden suministrar su producto --incluidos Irán y Rusia-- están cosechando ganancias inesperadas por la subida de los precios. Ahora que Estados Unidos ha levantado algunas sanciones contra estas dos naciones, ambas pueden utilizar la infusión de fondos para financiar sus esfuerzos bélicos.
Erika Solomon y Emmett Lindner colaboraron con reportería.
Patricia Cohen escribe sobre economía global y reside en Londres.
Erika Solomon y Emmett Lindner colaboraron con reportería.
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