Pizza Hut ofrece un viaje a la nostalgia con todo y lámparas Tiffany

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Rolando Pujol conducía hacia el este por la Ruta 6 en Pensilvania, en dirección a su casa en Queens, Nueva York, en 2020, cuando se topó con lo que parecía un espejismo: un imponente cartel que anunciaba un Pizza Hut con el tejado rojo.

Estos edificios bajos de vieja escuela, antaño habituales en todo Estados Unidos, habían desaparecido en gran medida a medida que la cadena de restaurantes iba modernizando sus establecimientos y se especializaba en la comida para llevar. Pujol, periodista que documenta la cultura retro de las carreteras del país, dice que se "emocionó" y se desvió hacia el estacionamiento.

No era que hubiera descubierto una reliquia abandonada de la era Reagan. Como explicaba una placa junto a la puerta, este restaurante de Tunkhannock, Pensilvania, era un Pizza Hut Classic. El diseño interior y el menú se habían diseñado minuciosamente para reproducir los Pizza Hut de las décadas de 1980 y 1990 cuando las familias y los amigos se acomodaban en cabinas de vinilo rojo los viernes por la noche para comer pizza hechas en sartén y beber Pepsi en vasos rojos de plástico.

El comedor estaba cerrado (era plena pandemia), pero al asomarse por las ventanas trapezoidales, Pujol, de 53 años, vio el Pizza Hut de su infancia. "Los manteles de cuadros rojos, las lámparas Tiffany", dijo. "Todos los detalles que uno asocia con ese lugar cálido y acogedor".

Tras una exhaustiva investigación, Pujol encontró otro Pizza Hut Classic en Kilmarnock, Virginia, y condujo siete horas para hacer el mismo pedido de su infancia en el condado de Westchester. "Mi pizza personal de sartén y mi vaso rojo de plástico", dijo. "Fue increíble".

Hacía tiempo que Pizza Hut no era descrito en términos tan elogiosos. Desde su cambio de marca a finales de la década de 1990, cuando pasó a dedicarse principalmente a la comida para llevar, la cadena ha tenido dificultades para atraer a los clientes con innovaciones en el menú, como la pizza de taberna de masa fina y los bordes rellenos de queso fundido, aunque recientemente haya contratado a Tom Brady como vendedor.

La empresa registró un descenso de las ventas del 3 por ciento en el último trimestre de 2025, su noveno trimestre consecutivo de pérdidas, mientras que para su rival Domino's, las ventas en EE. UU. aumentaron un 3,7 por ciento. En febrero, Pizza Hut anunció que iba a cerrar 250 locales, y el otoño pasado su propietario, Yum Brands, empezó a explorar una posible venta de la cadena.

No obstante, existe gran entusiasmo popular por los Pizza Hut Classics. Los comensales comparten sus experiencias en los foros de mensajes de Reddit. Las publicaciones en Facebook sobre el restaurante de Tunkhannock se han hecho virales. Cuando Pujol publicó una lista de unos 30 locales en su boletín Substack en 2022 (la lista ha aumentado hasta 60), recibió un aluvión de respuestas de lectores que habían visitado alguno o querían hacerlo.

"Sentí que estaba dando a la gente un pasaporte para encontrar un trozo de su historia personal al que le habían perdido la pista", dijo, añadiendo entre risas que, dado que existe poca información sobre estos locales de viaje al pasado, considera que está "haciendo un servicio público".

No existe un directorio oficial de Pizza Hut Classics. Yum Brands no los promociona, ni siquiera reconoce su existencia en su sitio web. Son como agujeros negros en la galaxia de las cadenas de restaurantes, portales al pasado encontrados por serendipia.

Incluso hay ejecutivos de Pizza Hut que no los conocen. Melissa Friebe, directora de márketing de Pizza Hut U.S., dijo que no sabía cuándo ni cómo había empezado el modelo clásico, ni cuántos de los más de 6200 restaurantes de la cadena son de este tipo.

Como hija de los 80, dijo, "conozco ese sentimiento de Pizza Hut en la vida de la gente". Pero hoy en día, añadió, "la forma en que la gente vive es mucho más sobre la marcha".

Nuevas indagaciones arrojaron algo de luz sobre el misterio. El modelo Classic nació de una asociación entre Pizza Hut y sus franquiciados, como forma de celebrar el legado de la cadena y ayudar a las sucursales existentes. La primera remodelación tuvo lugar en Ashdown, Arkansas, en 2019; hasta la fecha, 144 restaurantes se han convertido al estilo clásico.

Solo pueden optar a la decoración de este tipo algunos restaurantes de determinados mercados --por lo general, pequeñas poblaciones alejadas de los centros urbanos, como Iron Mountain, Míchigan y Dahlonega, Georgia-- y que presentan el característico diseño del techo de Pizza Hut. Pizza Hut proporciona a los franquiciados un Manual de Remodelación que describe las normas requeridas.

Una de las razones por las que el local de Tunkhannock resulta tan auténtico es que Tim Sparks, presidente de Daland Corporation, empresa de Kansas que lo posee y gestiona, se ha empapado de la cultura de Pizza Hut.

Sparks, de 61 años, trabajó en su primer Pizza Hut en 1983, como lavaplatos en Hawái. Pronto ascendió a gerente. Y "fui cliente antes de trabajar allí y dirigir uno", dijo. "Comíamos allí en familia. Era nuestra gran salida nocturna".

Pizza Hut vende a sus franquiciados elementos como asientos rojos para las cabinas, manteles a cuadros rojos y blancos y material gráfico de la marca, dijo Sparks. Todos los demás accesorios, como las bandejas para los condimentos y las velas de mesa a pilas, los aporta su empresa. "Soy un gran aficionado a la barra de ensaladas. Habrá un bar de ensaladas", dijo Sparks. "Así es como lo recuerdo en su día".

De las 93 franquicias de Pizza Hut que explota Daland, 38 son del tipo clásico, y la empresa está acondicionando otra, en Prairie du Chien, Wisconsin.

El local clásico de Tunkhannock se ha convertido en un atractivo especial, no solo para los clientes, sino también para los creadores de contenidos, quienes peregrinan a la pequeña ciudad, a 50 km al noroeste de Wilkes-Barre, y publican videos en TikTok e Instagram.

Hace unos sábados lo visité con mi esposa y mis dos hijos pequeños, para ver por qué tanto alboroto y quizá tener una experiencia proustiana con un palito de pan con costra de parmesano.

Permítanme decir de entrada que el lugar daba en el clavo en los detalles. Estaban los vasos de plástico rojos, el original tipo de letra en picado y --algo inaudito en la era de las aplicaciones tipo UberEats-- la barra de ensaladas.

Una camarera, Savannah Robinson, me dijo que había comensales que habían conducido cinco horas desde Pittsburgh para vivir la experiencia clásica. En una esquina había dos parejas de mediana edad que habían acudido desde Hackettstown, Nueva Jersey, a dos horas de distancia.

Los cuatro coincidieron en que podrían haber encontrado una mejor pizza a nivel local, y nombraron algunos establecimientos que han hecho del norte de Jersey una capital de la pizza. Pero probar la tarta perfecta no era realmente lo importante.

"Vinimos aquí por la nostalgia", dijo Chris Morpeth, de 58 años, quien leyó sobre el local de Tunkhannock en las redes sociales y estaba compartiendo una pizza grande con su mujer, Michele, de 57 años. "Te transporta de vuelta".

Yo no esperaba sentir un gran cariño por Pizza Hut. Han cambiado demasiadas cosas en el mundo en 30 años. Y demasiado ha cambiado el mundo de la pizza desde que Pizza Hut tuvo la diabólica idea de rellenar el borde con queso extra. Ahora hay pizzerías al estilo americano que sirven unas cocinadas en hornos portátiles y cubiertas con habas egipcias, o pizzas de Tokio con cristales de sal incrustados bajo la corteza.

Aun así, el comedor de Pizza Hut desprende una notable sensación de lugar. Resulta tan familiar como el plató de alguna de esas comedias tipo Friends o Cheers. Y entrar en ese espacio y encontrarlo exactamente como lo recordaba fue, de hecho, como encontrar un portal de vuelta a mi ser anterior.

En el estacionamiento, vi a dos parejas de unos 30 años salir de su coche, mirar el tejado rojo --introducido en 1969-- y estallar en sonrisas. La chillona arquitectura en cadena había desatado la alegría.

Mi esposa y yo señalamos encantados un póster enmarcado del club BOOK IT!, el programa de incentivos a la lectura que la cadena introdujo en 1984. Un profesor o uno de los padres fija un objetivo mensual de lectura, y cuando los niños lo alcanzan, pueden recibir una pizza personal gratis (el Tunkhannock Classic es uno de los locales participantes).

Para nosotros, esta experiencia masiva estadounidense formaba parte de nuestra herencia alimentaria. Para Pujol, hijo de inmigrantes cubanos, Pizza Hut formó parte de su adaptación al país.

"Cuando entraba en un Pizza Hut, me sentía bienvenido", me dijo. "Formas parte de esta gran cosa estadounidense de la que ves anuncios en la televisión".

Mientras esperábamos nuestro pedido de pizzas personales y palitos de pan, mi mujer miró alrededor del comedor y dijo: "Mira a las familias. No hay teléfonos a la vista".

Erik Vanston dijo que de lo que se trataba era de disfrutar de una noche anterior a la era de los teléfonos inteligentes.

Había crecido comiendo en un Pizza Hut de la cercana Dickson City con su numerosa familia ("Junta a todos y súbanse al Toyota Previa", dijo), y ahora estaba aquí con su esposa, Jessica Pizano, de 39 años, y sus tres hijos pequeños.

Era la segunda vez que volvía, tras descubrir el local de Tunkhannock el pasado julio y regresar semanas después para celebrar su cumpleaños 39.

"Reavivar esa noche de fiesta, mantenerla con mi familia", dijo, mojando un palito de pan en salsa de tomate dulce mientras su hijo hacía clic con los bloques de construcción en su sitio sobre la mesa. "Esa conexión para recordar es importante".

Steven Kurutz cubre tendencias culturales, redes sociales y el mundo del diseño para el Times.

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