Alexandria Ocasio-Cortez expresa frustración tras su primer gran viaje al extranjero

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En una entrevista, la congresista dijo que las especulaciones sobre una candidatura presidencial eclipsaron su mensaje antiautoritario en la Conferencia de Seguridad de Múnich.

La representante Alexandria Ocasio-Cortez había anticipado una recepción potencialmente gélida a sus argumentos contra el poder establecido en la Conferencia de Seguridad de Múnich, una sede a la que llamó "un lugar de élite de los que toman decisiones que, francamente, no responden a un mensaje basado en clases".

Y la visita a Alemania parecía de gran importancia: fue el viaje al extranjero más destacado hasta la fecha de la congresista progresista neoyorquina, quien hasta ahora se había centrado sobre todo en las prioridades nacionales. Sus comentarios de la semana pasada sobre cómo abordar las preocupaciones de la clase trabajadora en todo el mundo, y la recepción por parte de los líderes mundiales, fueron a la vez muy esperados y objeto de un intenso escrutinio.

Pero, más que la sustancia de sus argumentos, fueron sus tropiezos ante la cámara al responder a preguntas sobre asuntos mundiales concretos los que se dispararon en las redes sociales conservadoras e impulsaron gran parte del debate sobre su visita, mientras los observadores políticos especulaban sobre si harían mella en una posible candidatura presidencial en 2028.

El caso más notable fue cuando se le preguntó si Estados Unidos debería enviar soldados para ayudar a Taiwán si China invadía la isla. Se entretuvo unos 20 segundos antes de ofrecer una respuesta que reflejaba la prolongada política de ambigüedad estratégica de Estados Unidos.

La forma en que su actuación fue microscópicamente diseccionada a través de la lente de lo que significaba para una hipotética campaña a la Casa Blanca frustró a Ocasio-Cortez, de 36 años. Dijo que le preocupaba que su mensaje --advertir que los líderes mundiales ricos deben proveer mejor a sus clases trabajadoras o arriesgarse a que sus países se deslicen hacia el autoritarismo-- se perdiera en toda la conmoción.

Así que el lunes por la noche, mientras aún estaba en Berlín, Ocasio-Cortez habló por teléfono con The New York Times y trató de subrayar ese mensaje.

"Un periodista se me acercó y me dijo: '¿Es Múnich el nuevo New Hampshire? Y no puedo dejar de expresar lo errado y fuera de lugar que es eso, genuinamente", dijo Ocasio-Cortez en una entrevista, en referencia a la tradición del estado de celebrar primarias presidenciales anticipadas. "Las democracias globales están en llamas en todo el mundo, y los partidos establecidos están cayendo ante los movimientos populistas de derecha".

Para Ocasio-Cortez, el discurso sobre su visita había pasado por alto el punto más importante sobre los riesgos del autoritarismo, un argumento que, según dijo, había sido bien recibido por los europeos durante dos paneles sobre política exterior, reuniones privadas con líderes alemanes y un discurso en un auditorio universitario abarrotado en Berlín.

Añadió que había ido a Múnich "no porque me vaya a postular a la presidencia, no porque haya tomado algún tipo de decisión sobre una carrera de caballos o una candidatura, sino porque tenemos que hacer sonar las alarmas de que muchas de esas personas con trajes bien planchados que están en esa sala no estarán allí mucho más tiempo si no hacemos algo sobre la desigualdad descontrolada que está alimentando los movimientos populistas de extrema derecha".

Ocasio-Cortez argumentó que los esfuerzos por hacer virales en línea fragmentos de "cualquier cosa de cinco a diez segundos" de sus declaraciones, especialmente en el ecosistema conservador, se habían hecho para "desviar la atención de la esencia de lo que estoy diciendo".

Sobre el terreno, en Alemania, la reacción a la visita de Ocasio-Cortez pareció mayoritariamente positiva, en un momento en que muchos de los aliados occidentales tradicionales de Estados Unidos están alarmados por la hostilidad del presidente Donald Trump y ansían un enfoque alternativo.

Rafał Trzaskowski, alcalde de Varsovia, dijo que lo había animado la visita de Ocasio-Cortez y su afán por diagnosticar las causas del reciente auge del populismo de derecha, que fue el tema de uno de los paneles de la congresista en Múnich.

"Por supuesto, es refrescante ver a algunos políticos estadounidenses que hablan abiertamente de todos esos retos a los que nos enfrentamos", dijo Trzaskowski. "Es bueno escuchar voces progresistas que son lo suficientemente valientes como para llamar a las cosas por su nombre".

Mary Robinson, expresidenta de Irlanda y antigua jefa de un grupo de líderes mundiales conocido como los Ancianos, dijo que Ocasio-Cortez ofrecía una frescura generacional y que sus ideales de izquierda atraían a los europeos.

"No estoy segura de que Estados Unidos esté preparado para eso todavía", dijo. "Pero quizá lo esté".

Aun así, los pasos en falso de Ocasio-Cortez fueron sorprendentes para una política que suele ser rápida de reflejos y está considerada una de las mejores comunicadoras de la política. Además de la respuesta sobre Taiwán, los críticos destacaron los comentarios que hacían referencia a la "Asociación Transpacífica" (ella aclaró en internet que quería decir Atlántica) y que sugerían que Venezuela estaba por debajo del Ecuador (el país se encuentra justo al norte).

Las actuaciones en Múnich de otros destacados demócratas considerados posibles candidatos presidenciales, como los gobernadores Gavin Newsom, de California, y Gretchen Whitmer, de Míchigan, también fueron observadas con atención por los asistentes y los medios de comunicación europeos --y, en el caso de Whitmer, criticadas--, pero ninguna de ellas pareció generar tanto revuelo o escrutinio como Ocasio-Cortez.

En Múnich, Ocasio-Cortez se reunió en privado con Lars Klingbeil, ministro de Finanzas alemán; Carsten Schneider, ministro de Medio Ambiente; y Siemtje Möller y Sonja Eichwede, miembros del Parlamento, según una persona familiarizada con las conversaciones. Los representantes de Klingbeil y Schneider declinaron compartir sus perspectivas sobre las reuniones, y dijeron que eran conversaciones privadas.

Pero Ocasio-Cortez dijo que sus reuniones habían ido bien y que se había quedado "gratamente sorprendida" por su acogida en Múnich, y atribuyó parte de ella a la preocupación de los gobiernos europeos por los movimientos de extrema derecha en auge.

En una rueda de prensa en Múnich, dijo que "hemos intentado todo lo que la sabiduría popular considera que es mejor, y hoy nos encontramos en una desigualdad récord". Añadió que "no tenemos otra opción, la única alternativa es un mundo dominado por un puñado de élites".

En la entrevista, dijo que en sus reuniones se habían tratado cuestiones como la forma de estructurar un impuesto mundial sobre la riqueza o sobre las empresas. Y dijo que ella y los líderes europeos también habían discutido cómo rebatir los argumentos conservadores contra la energía renovable, por ejemplo al destacar el papel de los centros de datos de inteligencia artificial en el aumento de los costos de la energía y enmarcar la energía renovable como un respaldo a los volátiles precios de los combustibles fósiles.

Citó el discurso del secretario de Estado Marco Rubio, que en general fue recibido positivamente por los líderes europeos, y dijo que los movimientos que ella consideraba hostiles a los intereses de la clase trabajadora aún son poderosos. Y advirtió que tales grupos se estaban coordinando en todo el mundo, alimentados por figuras como el primer ministro Viktor Orbán de Hungría, el presidente Javier Milei de Argentina y el expresidente Jair Bolsonaro de Brasil.

"Todos se equivocan al creer que se trata de mi candidatura a la presidencia", dijo Ocasio-Cortez. "Podría dar… no me importa eso, para ser honesta". Y añadió: "La historia no se trata tanto de que los oponentes sean unas primarias hipotéticas. Para mí, mis oponentes son la red que une a Orbán, Trump, Milei, Bolsonaro, a todos ellos".

La frustración de Ocasio-Cortez, dijo, fue que sintió que había habido un esfuerzo "para ensombrecer y oscurecer todo esto a través de la idea de una carrera de caballos. Como, 'Su actuación sobre esto, o su actuación sobre aquello. ¿Qué significa eso sobre ella como candidata?'. No fui a Múnich para eso".

Y añadió: "Si yo fuera candidata --si hubiera tomado una decisión o algo sobre ser presidenta, o senadora, o algo así-- francamente, digo esto todo el tiempo: ¿Estoy actuando como alguien que intenta presentarse? No. Porque estoy allí con un propósito muy diferente y específico".

En Berlín, se encontró con un público más amistoso, recorriendo el Bundestag, el Parlamento federal, con un grupo de miembros más jóvenes y progresistas del Partido Socialdemócrata de Alemania, y dándoles consejos sobre cómo hacer campaña y organizarse. El lunes, se reunió con miembros de Die Linke, el principal partido socialista democrático de Alemania, y debatió la aplicación de un impuesto sobre el patrimonio.

En ambas ciudades, su argumento fue que la mejor manera de contrarrestar a los movimientos de extrema derecha era abordar las luchas económicas de la gente --incluidos los esfuerzos antimonopolio contra las corporaciones-- para que no buscaran "chivos expiatorios" para sus desafíos.

Y criticó el enfoque del mundo occidental, con el argumento de que los acuerdos comerciales globales a menudo se utilizaban "como una puerta trasera para que las grandes corporaciones y las industrias globales" eludieran a los gobiernos y promulgaran normas que favorecieran a los ricos.

En el acto universitario de Berlín, Ocasio-Cortez se encontró con otra situación delicada: estudiantes universitarios propalestinos que exigían que la universidad y el Partido Socialdemócrata con el que se reunía condenaran abiertamente a Israel, un tema especialmente tenso en Alemania debido al Holocausto.

Ocasio-Cortez dijo a los estudiantes que era importante seguir siendo críticos, pero también mantener unidos a los movimientos de izquierda, un signo de su evolución a lo largo de los años desde agitadora progresista dentro del Partido Demócrata a alguien que intenta construir coaliciones.

"Tenemos que ser capaces de estar muy enfadados los unos con los otros, y también saber cuál es el verdadero enemigo", dijo. "Tenemos que hacer crecer nuestras filas y tenemos que persuadir. Si vamos por separado, lo perderemos todo".

En la entrevista, dijo que esa idea se puso de relieve cuando estuvo en el Bundestag. Dijo que contempló el hemiciclo del Parlamento y vio los escaños de los distintos partidos liberales dispuestos unos junto a otros, incluso cuando tienen conflictos sobre si deben trabajar juntos, desavenencias que benefician al partido de extrema derecha del país, Alternativa para Alemania.

"Pienso mucho en toda la acidez que el Partido Demócrata ha tenido a veces en estas conversaciones internas", dijo Ocasio-Cortez. En ambos países, añadió, si el centro-izquierda y los que están más a la izquierda no son capaces de dejar de lado sus diferencias, "entonces todo se va por la ventana".

Jim Tankersley colaboró con reportería.

Kellen Browning es un reportero del Times radicado en San Francisco.

Jim Tankersley colaboró con reportería.