
Cody Zervas estaba buscando esposa. Estuvo comprometido, pero su prometida rompió el compromiso y ahora estaba listo para explorar nuevas oportunidades. Deseaba encontrar a la indicada entre el montón, lo que significaba que necesitaba ampliar su círculo de citas.
Justo antes del día de San Valentín de 2022, se conectó a Twitter y ofreció una recompensa de 20.000 dólares a la persona que le presentara a su futura esposa. El premio aumentaría cada año hasta que ella apareciera.
Zervas sigue soltero, pero su "recompensa por encontrar esposa" le permitió encontrar otro tipo de pareja. Lo llevó a conocer a Jake Kozloski, fundador y director ejecutivo de Keeper, una empresa emergente de búsqueda de pareja basada en la inteligencia artificial. Ahora, Zervas es el director de producto de la empresa y hace de Cupido de datos para otras personas heterosexuales con estándares exigentes y dinero que gastar. En noviembre, viajó a San Francisco para representar a Keeper en el Love Symposium, una reunión informal de "fundadores, expertos e intelectuales sinceros" interesados en "proliferar las relaciones saludables a gran escala".
Me puse en contacto con Zervas cuando lo vi en el programa del simposio para promover la idea del "amor a primera vista". Se convirtió en mi punto de entrada a una determinada forma de pensar sobre las relaciones humanas: como problemas que se pueden medir, optimizar y resolver.
A lo largo del fin de semana --y por 200 dólares por persona-- los asistentes escucharon presentaciones sobre la tecnología de predicción de resultados en las relaciones, investigaron las prácticas matrimoniales "metarracionales" y participaron en una sesión rápida de búsqueda de pareja en SF Commons, un relajado refugio urbano que se encuentra en la misma calle que la heladería Salt & Straw y la boutique para caballeros Buck Mason.
Entre ellos se encontraban un filósofo y constructor formado en el Instituto Tecnológico de Massachusetts que genera "gemelos" digitales humanos para simulaciones de citas; una mujer que planea imprimir su propia moneda bajo el seudónimo de Ayn Forger; un "asesor mental" británico que ofrece sesiones de intuición; un gestor de redes sociales que está desarrollando una religión para personas con autismo; y Ann Pierce, fundadora de una empresa emergente que organizó el evento.
Silicon Valley lleva décadas mediando en las relaciones humanas, remodelando nuestras vidas privadas con sus burbujas especulativas y corrientes ideológicas. El Simposio del Amor, ahora en su segundo año, ha surgido en un momento en que el discurso romántico ha adoptado un tono apocalíptico. Hay una "crisis" matrimonial, una "epidemia" de soledad, un "colapso" demográfico. La gente coquetea con novios de IA y desnuda virtualmente a desconocidos en la plataforma social X.
¿Podría otro tipo de tecnología ser la solución?
Encontrar el amor en una "ciudad intelectual"
Pierce me recibió en el Commons un viernes por la tarde con un vestido rojo de cuello de tortuga y me condujo por un pasillo adornado con colgantes de las casas de Hogwarts hasta un sofá aislado por pizarras blancas con ruedas. Me contó que una vez cofundó una empresa emergente en el ámbito de las citas que permitía a los usuarios subir fotografías de sí mismos y recibir valoraciones colectivas sobre lo competentes o divertidos que parecían.
Después de que su cofundador comprara su parte de la empresa, más o menos cuando se divorció de su marido tras 10 años de matrimonio, se jubiló parcialmente y se interesó por el tema de los conflictos interpersonales.
A través de grupos de filosofía del Área de la Bahía, conoció a Matthew Fisher, un investigador e ingeniero de inteligencia artificial preocupado por la soledad que provoca la conexión digital constante. El "problema de búsqueda" de la intimidad humana, como él lo llamaba, significaba que las parejas compatibles seguían buscando en la oscuridad, incapaces de encontrarse. Él quería que la próxima ola tecnológica fuera "un puente hacia otros seres humanos, no una caja de Skinner", comentó.
Se consiguió una URL y nació el simposio. Corrieron la voz entre los "substackers" especializados en relaciones, los filósofos de Silicon Valley, los desarrolladores de aplicaciones de citas, incluido Zervas, y una comunidad informal de usuarios de X con una gran curiosidad intelectual.
"Esta es una ciudad muy intelectual", aseguró Pierce. Pero las nuevas corrientes filosóficas enfatizaban la emoción, la espiritualidad y la idea general de que "somos más que un cerebro sobre un torso", afirmó.
Pierce, de 38 años, es una anfitriona cerebral y cálida, y preparó el espacio con un estilo adorable, salpicado de imágenes generadas por IA de robots y ninfas. El lugar parecía el escenario de un cuento peculiar sobre nerds que unen sus mentes para encontrar el amor.
Sin embargo, en el fondo se percibía el bullicio del financiamiento inicial y el poder político. Los participantes hablaron de desarrollar psicometría para medir de forma objetiva los misterios de las relaciones humanas, una promesa de ternura que también podría degenerar rápidamente en una brutal clasificación de los seres humanos.
¿Personas o productos?
En una cafetería situada en la misma calle del simposio, conocí a Zervas y a dos de sus colegas de Keeper, hombres en sus treinta que parecían haberse vestido con ropa de un armario compartido de colores neutros y estilo colegial. Antes de convertirse en director comercial de Keeper, Wes Myers disparaba misiles para el ejército estadounidense y obtuvo una maestría en Administración de Empresas en la Universidad de Pensilvania. Hunter Ash, director de redes sociales de Keeper, publicaba con frecuencia en X lo que describía como su interés por la psicología.
Le dije a Zervas que cuando lo busqué en internet, encontré un enlace a un formulario de solicitud titulado "Comentarios anónimos para Cody", como si fuera una experiencia de atención al cliente o un local de Burger King. Le pregunté para qué servía el formulario.
"Para cualquier cosa. Cualquier encuentro que tengas conmigo", dijo. "Recopilar y mejorar a partir de los comentarios es una parte importante de cualquier proceso en la vida. Si intentas crear un buen producto...".
"Pero tú no eres un producto", le dije.
"Estoy razonando por analogía", explicó Zervas. "Lo peor sería pasar por la vida dejando que fuerzas que no entiendes la moldeen".
El objetivo de Keeper es comprender tan bien a sus usuarios que pueda conectarlos con sus almas gemelas a la primera.
Y ha instituido una recompensa propia con el fin de "alinear los incentivos" entre la empresa y sus usuarios. Los solteros que se inscriben en su plan Marriage Bounty, de 50.000 dólares, pagan una cuota de presentación por cada pareja que se les presenta y, si la pareja da lugar a una relación duradera, liquidan el resto de la suma.
La solicitud, que puede llevar horas completar, pide a los usuarios su altura, antecedentes ancestrales, puntuación en el examen de admisión universitaria y sus opiniones sobre los emprendedores. Pueden elegir entre una lista exhaustiva de afiliaciones políticas (conservador o progresista, sionista o antisionista, neoliberal o neonazi) y seleccionar la etnia "ideal" de su pareja. El sistema puede evaluar la prominencia de los pómulos, la fuerza de la mandíbula o el porcentaje de grasa corporal a partir de una foto escaneada, y analizar su solicitud para estimar su coeficiente intelectual.
Los usuarios que no consiguen una pareja o que fracasan en una cita reciben comentarios constructivos. "No diría: 'Pierde 7 kilos'", aclaró Myers. "Diría que sabemos qué tipo de persona estás buscando y que las personas que buscas serían compatibles contigo si perdieras 7 kilos. Así que haz lo que quieras con esa información".
Según los creadores, el sistema pretende ir más allá del "factor de valor general como pareja" de un usuario para respetar los deseos idiosincrásicos de cada uno. Ash, que escribe en nombre de Keeper en X, proporcionó un ejemplo de su investigación.
"Si la mujer es aproximadamente media desviación estándar más agradable que el hombre, ese es el punto óptimo para la durabilidad de la relación", dijo, a lo que yo debí de emitir una señal psicométrica observable.
"Mírate la cara", dijo Zervas. "Estás horrorizado".
Más tarde esa noche, Zervas se presentó ante un público de unas 80 personas que se acomodaron en una amplia zona de cómodos sillones y pufs mullidos. Keeper, dijo, estaba trabajando en los casos más difíciles de las citas modernas: una mujer judía busca un hombre no judío que se convierta por ella; un hombre con una rara enfermedad ocular busca una mujer con el mismo padecimiento; un chico que inventó su propio partido político busca una chica con opiniones similares.
Con la ayuda de la IA, dijo: "Se puede separar eficazmente el valor privado del valor común, lo que permitirá que el mercado de pareja humano pase de ser un juego de suma cero a uno de suma positiva por primera vez en la historia de la humanidad, lo que podría desbloquear un bienestar y una felicidad incalculables en el ser humano".
Una mujer del público levantó la mano. Señaló que una de las diapositivas de Zervas mostraba la imagen de una mujer con aspecto de modelo. Se le había asignado una puntuación de atractivo de 8,6.
"Si eso era un 8, ¿qué es un 10?", dijo. "Nunca he visto un 10 si eso es un 8".
"Ese era un perfil de ejemplo", dijo Zervas. "No basen toda su Weltanschauung" --palabra alemana que significa "cosmovisión"-- "en mis diapositivas".
¿Puede ayudar la IA?
Las charlas continuaron durante tres días.
Se propusieron y debatieron otras estrategias para el florecimiento humano. Fisher, investigador e ingeniero, habló de agentes de IA altamente personalizados que podrían funcionar para emparejar a personas compatibles cuando entran en un bar "amplificando su risa" desde el otro lado de la sala o "iluminando ligeramente la luz sobre él cuando ella mira en su dirección".
Geoffrey Miller, psicólogo evolutivo de la Universidad de Nuevo México que asesora a Keeper, sugirió que las relaciones humanas monógamas podrían verse amenazadas por la IA, pero quizás también reforzadas por el desarrollo de parejas artificiales para tríos. Dünya Baradari, tecnóloga especializada en mejora humana, propuso que los datos de las redes sociales se pudieran cargar en un avatar de IA que pudiera cortejar virtualmente en tu nombre, reduciendo así la posibilidad de primeras citas incompatibles. Miller se preguntó si estos avatares podrían envejecer digitalmente, de modo que se pudiera saber cómo sería la cita cuando envejeciera.
Christine Peterson, una pronosticadora que acuñó el término "software de código abierto", dio una charla sobre cómo "los hombres y las mujeres deberían tener citas de forma diferente", una opinión que, aseguró, se basaba en conocimientos sobre la evolución humana. Describió un protocolo en el que los hombres perseguían a las mujeres que más deseaban, mientras que las mujeres aceptaban numerosas citas, sin "perseguir a los chicos", pero retrasando el sexo indefinidamente hasta que hubieran encontrado una pareja aceptable. A continuación, respondió a las preguntas.
"Sinceramente, tu estrategia me da un poco de miedo", dijo un empresario del público llamado Quinn Sure.
Sure dijo que, como hombre asiático en Estados Unidos, las citas lo habían amargado debido a esos juegos de estatus, un sentimiento que le valió el aplauso de la multitud.
"Prefiero que alguien me quiera por lo que soy", dijo. A lo que Peterson respondió: "¡Ah, bueno!".
Sure, de 35 años, me contó que está desarrollando una aplicación que utiliza la inteligencia artificial para facilitar la creación de grupos de amigos entre personas con intereses y vibras similares, eliminando jerarquías y suavizando las presiones románticas. Lo describió como encontrar a tu "alma gemela".
Cuando se inscribe en aplicaciones de citas, siente que lo único que ven sus parejas potenciales es a un hombre asiático-estadounidense de 1,70 metros. "Si me conocen como compañero de tenis, quizá se den cuenta de que en realidad soy muy paciente, simpático, estoy dispuesto a enseñar a la gente y me apetece tomar una copa después", dijo.
Antes de la inteligencia artificial, antes del internet, los sistemas de citas por computadora que surgieron en la década de 1960 se forjaron siguiendo líneas sociales conservadoras, buscando juntar a parejas --que se suponía que eran heterosexuales-- por raza, clase y nivel educativo.
"Era un intento de hacer que la tecnología pareciera más respetable, para que las citas por computadora no alteraran las jerarquías sociales", comentó Mar Hicks, historiadora de la tecnología en la Universidad de Virginia. "Las implicaciones sociales son que los ricos se hacen más ricos, los poderosos siguen siendo poderosos y validan de manera interna sus ideas, francamente bastante estúpidas".
A medida que fui aprendiendo más sobre Keeper, encontré la cuenta personal de X de Ash, su gestor de redes sociales. Descubrí que Ash había incluido "Me encanta la eugenesia" en su perfil de citas en línea y que sus ideas habían llamado hace poco la atención de Elon Musk. Mientras publica en internet en nombre de Keeper sobre cómo la tecnología "profamilia" de la aplicación puede presentarte a una persona "a la que quieres tanto que quieres tener más hijos con ella", su cuenta personal comparte otras opiniones sobre la formación de la familia.
En mayo, escribió que Estados Unidos podría resolver sus disparidades raciales "impidiendo que el 25 por ciento más pobre de la población se reprodujera". En ese momento, Kozloski, el director ejecutivo de Keeper, respondió en una publicación: "Demasiado cruel. Todo el mundo debería poder experimentar la alegría de tener una familia. Es mejor fomentar la selección por coeficiente intelectual en la fecundación "in vitro" y otras tecnologías similares del futuro".
Cuando le pregunté a Zervas sobre los comentarios, dijo que las opiniones de Ash no eran la postura oficial de Keeper y que tampoco reflejaban necesariamente la suya. "Pero cuando estás en el mundo de las empresas emergentes", continuó, "e intentas hacer algo que nadie ha hecho antes, es algo inherente al terreno. Las personas que están interesadas en desarrollar algo emocionante y nuevo también pueden tener perspectivas extravagantes, atrevidas o, como yo las llamo, de 'alta apertura'".
(Más tarde, Ash quiso aclarar su postura: "No apoyo ningún tipo de esterilización obligatoria", me dijo por correo electrónico. "El objetivo era ilustrar la idea general de que las políticas que no distinguen entre razas pueden dar lugar a una convergencia de grupos con el tiempo").
"Un poco similar a 'Black Mirror'"
El Love Symposium era un lugar para vender aplicaciones e ideas, pero también para someterlas a un escrutinio escéptico. Algunos participantes cuestionaron hasta qué punto este negocio de medir a las personas, clasificarlas según su "valor como pareja" y hacerlo "a gran escala" tenía que ver con amarlas.
"No quiero que la gente confíe en la IA en lugar de su propio sistema de orientación interior", señaló Georgina Dorothea, asesora mental y psíquica que se mueve en la comunidad posracionalista. "Ahí es donde perdemos la autonomía sobre nuestros propios pensamientos, nuestra propia voluntad, de forma extrema".
"Es un poco similar a 'Black Mirror', esta idea de que un algoritmo decida quién es tu alma gemela y realice simulaciones en segundo plano para ver si funcionará", dijo Lana Li, refiriéndose a la serie de Netflix.
Durante su sesión, Li, que escribe un Substack sobre datos y citas llamado Love Me Like A Robot, presentó sus propias lecciones tras un año de citas. Cuando encuestó a un grupo de hombres con los que había salido de forma casual y les preguntó por qué las cosas no habían funcionado, se sorprendió al descubrir cuántos mencionaron su hábito de vapear y su desorden. "Así que dejé de vapear y dejé de llevar hombres a mi departamento", relató. Poco después, conoció a su novio actual, un hombre desordenado que vapea.
Pierce, la organizadora del evento, se siente en medio del asunto. "Es muy difícil evaluar a las personas", dijo. "Y en el proceso de evaluarlas, las cambias".
El domingo por la tarde, los organizadores del Love Symposium convencieron a una pareja que se había conocido en Hinge y tenía previsto tener su primera cita en una cafetería cercana para que, en su lugar, escenificaran el encuentro ante el público. Fisher lo calificó como "un gran recordatorio de las realidades desordenadas y emocionales de la experiencia humana de las citas que estamos tratando de mejorar".
Un investigador científico y una comediante de "stand-up" entraron en un simposio. Casualmente, iban vestidos igual, con pantalones de mezclilla negros y camisetas de manga larga grises. Se sentaron en un sofá al frente de la sala, con las piernas casi juntas. Los observamos negociar su conexión, tratando de averiguar si se gustaban y cuánto debían demostrarlo. Luego los interrogamos.
"¿Cómo es su relación con sus madres?".
"¿Quieren tener hijos?".
"¡Que alguien abra un mercado de predicciones!".
"Nos gustaría que bailaran una canción lenta para nosotros", dijo Pierce.
Adoptaron la postura estándar. El público se sintió alegremente nervioso ante la posibilidad de que pudiéramos crear un romance con unas simples órdenes. Cuando terminó el simposio, decidieron que era mejor que fueran amigos.
Abrazos en el Simposio del Amor, en The Commons, San Francisco, 15 de noviembre de 2025. (Jason Henry/The New York Times)
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