
Lo que parece a muchos un símbolo de paz universal es en realidad una provocación usada por el expresidente venezolano tras su arresto por fuerzas estadounidenses.
Algunos de los primeros gestos de Nicolás Maduro ante las cámaras después de ser capturado por las fuerzas estadounidenses parecían cualquier cosa menos una derrota: un pulgar hacia arriba y lo que muchos interpretaron como una desafiante señal de la paz brillaron mientras él y su esposa eran conducidos esposados por las autoridades a su llegada a Nueva York el sábado.
A sus leales no se les escapó el verdadero significado del gesto. El lunes, en una sesión de la Asamblea Nacional de Venezuela en Caracas, la capital, los legisladores hicieron el mismo gesto, a veces con ligeras variaciones.
No se trataba simplemente del signo universal de la paz.
El gesto de hacer una "V" con dos dedos se utiliza desde hace mucho tiempo para señalar la victoria en un contexto bélico, y fue popularizado por Winston Churchill durante la Segunda Guerra Mundial.
La señal de las dos manos que Maduro utiliza --una mano formando una "V" y la otra apuntando hacia ella-- significa "Nosotros venceremos", según los expertos en chavismo, el movimiento político que lleva el nombre de Hugo Chávez, predecesor de Maduro. Es una frase utilizada desde hace mucho tiempo por los movimientos políticos revolucionarios de izquierda de América Latina, incluido el de Cuba, para señalar el triunfo sobre la opresión.
Maduro y su esposa fueron extraídos de Venezuela en una asombrosa operación militar, culminación de una campaña de presión de un mes de duración sobre el dirigente por parte del gobierno de Donald Trump. La captura fue recibida con aparente conmoción e indignación por el gobierno de Venezuela: la vicepresidenta Delcy Rodríguez, quien desde entonces ha sido nombrada dirigente interina, exigió pruebas de vida y denunció el acto como una "barbarie".
Más tarde, Rodríguez moderó su tono, pero la sesión en la Asamblea Nacional de Venezuela demostró que los legisladores leales, que superan en número por mucho a los opositores, siguen desafiantes.
En las redes sociales, el gesto repetido se difundió rápidamente, y algunos afirmaron que se parecía visualmente a la firma de Chávez, que tras su muerte en 2013 se convirtió en un símbolo omnipresente, incluso en tatuajes.
Uno de los legisladores que hizo el gesto fue Jorge Rodríguez, que fue ratificado como presidente de la Asamblea Nacional en la misma sesión en la que su hermana, Rodríguez, se juramentó como dirigente interina del país.
Jorge Rodríguez, psiquiatra de formación y figura clave en el círculo cercano de Maduro, hizo la señal varias veces, incluso cuando el hijo de Maduro, el legislador Nicolás Maduro Guerra, lo propuso como presidente del órgano legislativo para el próximo periodo.
Cuando los presentes en la sala --y las cámaras-- se volvieron hacia Rodríguez, este levantó primero el puño en el aire y luego hizo el mismo gesto en "V" que Maduro, junto con un pulgar hacia arriba. La secuencia parecía un homenaje, o una llamada y respuesta, a Maduro, quien para entonces se encontraba a unos 3400 kilómetros de distancia.
Aquella mañana, Maduro y su esposa, Cilia Flores, estaban en la audiencia donde se leyeron sus cargos en un tribunal federal de Manhattan. En el recinto había una silla vacía para Flores, quien también es legisladora.
Los partidarios celebraron el momento y el principal canal de televisión estatal de Venezuela, VTV, afirmó que el gesto de Maduro era un símbolo poderoso de dignidad y valentía, además de señal de paz y victoria.
Los críticos, sin embargo, tacharon el gesto de vacío.
Maduro, su esposa y su hijo se enfrentan a cargos recién desvelados relacionados con el tráfico de drogas y enriquecimiento, junto con dos altos funcionarios y un presunto líder del Tren de Aragua, la banda de narcotraficantes de origen venezolano.
Muchos venezolanos también culpan al gobierno de Maduro de causar una crisis económica y humanitaria cada vez más profunda que ha empujado a millones de personas a huir del país, así como de una represión de la disidencia que ha dejado entre rejas a cientos de presos políticos.
Sheyla Urdaneta colaboró con reportería.
Annie Correal es una reportera del Times que cubre México, Centroamérica y el Caribe.
Sheyla Urdaneta colaboró con reportería.
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