
Una investigación de The New York Times encontró patrones de abuso y coacción en el ejército ruso. Esta es la historia de cómo la divulgación accidental de quejas oficiales condujo a estas revelaciones.
A principios de este año, una persona que había presentado una queja ante la oficina del defensor del pueblo de derechos humanos del gobierno ruso ingresó en línea para verificar el estado de la misma.
La persona escribió por error un número de queja incorrecto y, en lugar de recibir un mensaje de error, se le mostró la queja de otra persona completamente distinta, según Maxim Kurnikov, un periodista ruso en Berlín.
El número mal digitado, dijo, llevó a una revelación asombrosa: miles de quejas, incluyendo las de soldados rusos que luchan en Ucrania, habían sido puestas públicamente a disposición en el sitio web del defensor del pueblo.
La información hecha pública era extraordinariamente sensible, incluyendo historiales médicos, detalles de pasaportes e información de contacto. También era de gran interés público, especialmente por los relatos de abusos y coacción dentro del ejército ruso.
La persona que descubrió el aparente descuido alertó al señor Kurnikov, según el relato del periodista. El señor Kurnikov, quien huyó de Rusia tras la invasión de Ucrania en 2022 y ahora dirige el medio Echo desde Berlín, trabajó con su equipo para recopilar las quejas accesibles al público.
Las quejas más antiguas visibles tenían fecha de abril de 2025, justo después de que la defensora del pueblo, Tatyana N. Moskalkova, anunciara que su oficina había actualizado sus sistemas informáticos. Las quejas dejaron de estar disponibles en septiembre, cuando la oficina aparentemente se dio cuenta de que estaba publicando quejas abiertamente en línea. En total, el señor Kurnikov y su equipo recopilaron más de 9.000 quejas del período de cinco meses. Se desconoce cuántas otras personas pudieron haber consultado la base de datos mientras fue pública.
El señor Kurnikov publicó varios artículos sobre las denuncias contenidas en las quejas. También compartió todo el conjunto de documentos con The New York Times.
Un equipo de periodistas de The Times pasó cerca de dos meses analizando y categorizando las quejas de forma independiente, confirmando su autenticidad y contactando a muchos de los denunciantes.
Los archivos incluían información de contacto, registros médicos y legales, e imágenes de pasaportes y otros documentos personales. En cientos de los casos examinados por The Times, las direcciones de correo electrónico, números de teléfono y otros datos personales coincidían con información que podía encontrarse en redes sociales y otros sitios en línea.
The Times tomó medidas para mantener la confidencialidad de la información personal y resguardar esa información.
The Times usó un programa informático para reducir el número de quejas a más de 6.000 que parecían estar relacionadas con la guerra en Ucrania. Aproximadamente la mitad de esas quejas parecían ser búsquedas de personas desaparecidas: seres queridos que buscaban información sobre soldados perdidos.
The Times se centró en las 3.000 quejas restantes, leyendo y clasificando cada una de ellas. Más de 1.500 incluían denuncias de irregularidades relacionadas con la guerra. Si bien la mayoría de las quejas fueron presentadas por familiares de soldados, más de 300 —según encontró The Times— fueron presentadas por los propios soldados rusos.
El equipo luego contactó a más de 240 de los denunciantes y, en algunos casos, a varias personas mencionadas en una misma queja. The Times se centró en comunicarse con personas que habían realizado denuncias más detalladas en diversas categorías clave que el equipo identificó, como castigos extrajudiciales y casos en los que hombres no aptos para el servicio eran obligados a combatir.
El equipo buscó, primero, verificar que las quejas hubieran sido efectivamente presentadas. En segundo lugar, The Times trabajó para conocer todo lo posible sobre las denuncias individuales de abuso.
Si bien la mayoría de los contactados no respondió o se negó a hablar, 75 confirmaron que habían presentado una petición. Decenas brindaron detalles adicionales. Algunos ya habían hecho públicas partes de su historia, incluso con videos publicados en redes sociales.
Muchas de las quejas incluían pruebas corroborativas de abusos: videos, fotografías, mensajes de voz y mensajes de texto enviados desde el frente, así como informes médicos, expedientes judiciales y documentos internos del ejército.
En algunos casos, las personas contactadas por The Times compartieron pruebas adicionales. En otros, The Times no pudo corroborar las denuncias presentadas en los archivos.
La defensora del pueblo que recibió las quejas, la señora Moskalkova, reporta al presidente Vladimir V. Putin y tiene autoridad para investigar abusos o injusticias dentro de distintas partes del gobierno ruso, incluido el ejército. Los rusos suelen recurrir a esta oficina como último recurso. La oficina también ha coordinado intercambios de prisioneros durante la guerra.
La oficina de la señora Moskalkova no respondió a una solicitud de comentarios. Tampoco lo hicieron el Kremlin ni el Ministerio de Defensa ruso.
El señor Kurnikov dijo que las quejas contradicen la idea, impulsada por el Kremlin, de que la sociedad rusa afrontaba la guerra con facilidad y, en cierto sentido, ni siquiera sentía sus efectos.
“Las peticiones que vimos de inmediato dieron vuelta mi percepción, incluida mi comprensión de lo que la guerra significa para los rusos”, dijo. “Qué infeliz está nuestra sociedad, cuántas personas han perdido a sus hermanos, padres, esposos, cuánto sufren por eso y cuánta indiferencia enfrentan del Estado y de los funcionarios en sus intentos por encontrar o traer de regreso a sus familiares”.
(C) The New York Times.-
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