Cómo una entrenadora de TV se convirtió en comentarista política

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A principios de este mes, Jillian Michaels participó en una mesa redonda en CNN. Junto a ella estaban un congresista de Nueva York, un antiguo ayudante especial del presidente George W. Bush, un analista legal y una estratega demócrata. Pero era Michaels, mejor conocida como la entrenadora más dura de Estados Unidos en The Biggest Loser, la que estaba a punto de convertirse en noticia.

A mitad del programa, la conversación giró en torno a la reciente directiva del presidente Donald Trump de garantizar que el Smithsonian "celebre el excepcionalismo estadounidense" y "elimine las narrativas divisivas o partidistas". Cuando alguien planteó lo que esto significaba para las representaciones de la esclavitud, Michaels salió en defensa del presidente, diciendo que no estaba "blanqueando" la esclavitud y que "cuando haces que cada exposición trate sobre el imperialismo blanco, cuando no es relevante en absoluto, eso es un problema".

La respuesta no se hizo esperar: algunos de los que estaban en directo con ella --y muchas personas en redes sociales-- sugirieron que Michaels le restaba importancia al papel de la supremacía blanca en la historia estadounidense, mientras que otros le aplaudieron. ("Es increíble", dijo la comentarista conservadora Megyn Kelly, "me encanta"). La propia Michaels argumentó que sus comentarios habían sido malinterpretados y que se refería a la esclavitud a lo largo de la historia del mundo. "No hubo ningún momento en el que defendiera la esclavitud", dijo Michaels a Fox News, añadiendo que su argumento era que "no se puede culpar de todo a una sola raza". Hacerlo, me dijo al día siguiente, "está generando muy mal comportamiento en ambas partes".

Pero, en medio del caos, una de las reacciones más comunes fue la confusión. ¿Qué hacía Michaels, una famosa entrenadora física, hablando de la esclavitud en CNN?

La propia Michaels puede parecer sorprendida de encontrarse en esa posición. Su experiencia, como ella misma reconoce, tiene que ver con la nutrición y el ejercicio, y se convirtió en celebridad en un programa de telerrealidad que convertía la pérdida de peso en un juego, para luego pasar años apareciendo en portadas de revistas y ofreciendo consejos de transformación corporal.

Sin embargo, en el último año y medio se ha metido de lleno en el mundo del infoentretenimiento, pasando de ser una autoridad del bienestar apolítica a una comentarista política sin filtros. Y en el camino, ha experimentado una transformación personal, pasando de ser una liberal de Hollywood --que respondió a la primera elección de Trump publicando una foto triste de sus hijos en Facebook-- a ser una persona que considera como propaganda muchas de sus opiniones anteriores.

Michaels temía que ser sincera al respecto pudiera resultar contraproducente; en lugar de esto, hacerlo ha catapultado su carrera. Desde que comenzó a incluir temas no relacionados con la salud en su pódcast Keeping It Real, ha recibido invitados que van desde Lara Trump hasta Kara Swisher, y ella misma se ha convertido en una invitada muy solicitada en las noticias por cable y los pódcast, dispuesta a opinar sobre prácticamente cualquier cosa y a lanzarse hacia la polémica, no importa si el tema es el Ozempic, la falta de vivienda o las cuestiones raciales.

El año pasado también se convirtió en el rostro del movimiento MAHA (Hagamos a Estados Unidos saludable de nuevo), el eslogan popularizado por Robert F. Kennedy Jr., director del Departamento de Salud y Servicios Humanos. En septiembre, Michaels publicó una foto suya en una excursión con Kennedy y otro partidario de su movimiento con el pie de foto: "Lista para ir a la guerra con este equipo". Unas semanas después, Michaels apareció en una mesa redonda del Senado junto a Casey Means, actual candidata a cirujana general, diciendo que la salud de los estadounidenses había sido "sacrificada en el altar de la codicia corporativa desenfrenada". En mayo, visitó la Casa Blanca con motivo de la publicación del reporte MAHA de ese mes, y se sentó en el lugar de los "nuevos medios" de la sala de prensa.

No obstante, Michaels me dijo que en realidad no se considera parte del movimiento de Kennedy. Y en su pódcast, luego de que el youtuber de derecha Benny Johnson dijera que Michaels era la "madre de MAHA", ella objetó diciendo que solo había "visto a Bobby en persona dos veces". Del mismo modo, en 2024, tras anunciar que había votado por Trump, añadió que no lo había respaldado públicamente y que, en última instancia, ella veía las elecciones como "una cuestión de escoger el menor de los males".

¿Cuál es la inclinación de Michaels ahora? "Supongo que hacia la centroderecha", dijo. Y añadió: "No voy a seguir a nadie tribalmente".

Ella considera que los liberales modernos son intolerantes, pero sigue viéndose como una versión de uno de ellos de la década de 1990, con lo que quiere decir que adopta posturas como apoyar el derecho al aborto (aunque no el tardío) y el matrimonio igualitario (está casada con una mujer) y acepta con agrado las discusiones francas, incluso cuando son sobre creencias profundamente diferentes.

Pero también cree que es un error medicalizar las transiciones de género en los niños (en los adultos no hay problema) y, a diferencia de la mayoría de las autoridades en la materia, le preocupa que las vacunas no se hayan estudiado lo suficiente (aunque, en general no se considera antivacunas). También tiene fe en que tanto Kennedy como Trump tienen, en general, buenas intenciones. Sin embargo, me dijo que si Trump trata de obtener un tercer mandato saldría a "amotinarse en las calles".

Su disposición a hablar libremente de todo esto la hace parte de un grupo de presentadores de pódcast tipo Joe Rogan, que más que una serie de opiniones compartidas tienen una dedicación colectiva a las conversaciones abiertas, a "hacer tu propia investigación" y a cuestionar el consenso de los expertos. Durante su reciente participación en el pódcast de Rogan, hablaron de los riesgos de controlar la información ("Dios nos libre de no verificar todos los datos de todo el mundo", dijo Michaels); de su oposición a las vacunas de ARNm; del nihilismo; y de los peligros que los gatos callejeros representan para los pájaros.

"Los medios de comunicación están cambiando ante nuestros ojos, ¿no?", dijo Cenk Uygur, cocreador del programa progresista The Young Turks, quien recientemente fue invitado al pódcast de Michaels. "Y Jillian", continuó, "es una personificación de ese cambio". Dijo que la gente había llegado a desconfiar tanto de los medios de comunicación tradicionales, de los que dijo que envuelven los hechos con "propaganda corporativa del statu quo", que muchos recurrían a voces externas como la de Michaels. "Es una fuga de la prisión del sistema dominante", dijo, añadiendo que "Jillian es una de las personas de esa fuga".

Para algunos, la nueva prominencia de Michaels indica una mayor receptividad al pensamiento crítico. Para otros, es una señal de nuestro descenso a un mundo inundado de falsedades en el que proliferan las ideas conspirativas y las opiniones peligrosas. Lo que es innegable es que, en el caótico panorama político de 2025, Michaels tiene un amplio alcance e influencia.

Estando en la Casa Blanca, Michaels también entrevistó para su pódcast a Lee Zeldin, director de la Agencia de Protección Ambiental, preguntándole sobre la normativa medioambiental y si el cambio climático era real. La razón por la que él había accedido a la entrevista estaba clara.

"Tienes muchísimos seguidores", le dijo Zeldin en un momento, añadiendo que "te sintonizan para poder ir directo al grano, para poder conocer el resto de la historia".

En abril, pasé dos días con Michaels en Los Ángeles. El primer día, grabó tres episodios de pódcast (incluido uno con Bill O'Reilly), filmó dos clips de noticias por cable (para Newsmax y NewsNation) y recibió llamadas sobre un posible proyecto televisivo. El segundo, nos reunimos en Santa Mónica para un almuerzo que duró seis horas. Estar cerca de Michaels, quien tiene 51 años, puede ser como ir por la vida en cámara rápida y con el contraste al máximo. Habla de los chicles de nicotina (que mastica) con el mismo brío con el que se refiere a Gavin Newsom (a quien detesta), y una pregunta puede derivar en cinco tangentes distintas.

Michaels describe su casa de Jackson Hole, Wyoming, que compró en 2022, como su "residencia principal", pero ha sido objeto de una larga renovación. Mientras tanto, por trabajo y por su familia --tiene dos adolescentes en coparentalidad con su expareja Heidi Rhoades--, aún pasa mucho tiempo en Los Ángeles. (Cosa que, en sus palabras, le disgusta. En junio publicó "Los Ángeles y Nueva York están perdidas" en X. "No se molesten en luchar por ellas. Simplemente huyan. Y adondequiera que terminen, voten diferente").

En la casa de arquitectura elaborada que alquila en Santa Mónica, adonde me invitó a almorzar, me preparó un té en la cocina, se sentó con las piernas cruzadas sobre la barra y, en un momento, cargó a su galgo mestizo de 18 años, Seven, como si fuera un bebé. Era fácil imaginarla como la confiable demócrata del sur de California que había sido apenas unos años atrás, viviendo en Malibú con una pequeña granja de animales, horrorizada por Trump y escuchando a Rogan de vez en cuando para aprender algo sobre extraterrestres o universos paralelos.

En 2020, poco después de que la pandemia de la covid paralizara gran parte de Estados Unidos, Michaels sí estaba escuchando el pódcast de Rogan, de hecho, mientras conducía por la autopista de la Costa del Pacífico, cuando su invitado mencionó algo que se le quedó grabado: la posibilidad de que el virus se hubiera filtrado desde un laboratorio de Wuhan, China. A Michaels le impactó tanto la idea que detuvo su auto y empezó a buscar en Google, un momento decisivo en su transformación política.

"Ese fue mi momento de Neo en Matrix", le dijo a Rogan en su programa. "Eso fue. Me perdí para siempre. Tomé la píldora roja".

Michaels ya se sentía preparada para reconsiderar algunas de sus suposiciones. Cuando Trump se convirtió en presidente por primera vez, "yo de verdad pensaba: 'Ah, eres un títere de Rusia y una prostituta te orinó encima'", dijo. También le preocupaba que los homosexuales perdieran su derecho al matrimonio. "Hasta que fue como: en realidad, nada de esto es cierto". Lo que le hizo preguntarse: "¿Qué más no es verdad?". (Si se anula el matrimonio igualitario, me dijo, "¿sabes lo que va a pasar? Todos los que tomamos esa decisión vamos a pagarlo").

Ese mismo año, Michaels recibió críticas por unos comentarios suyos que fueron calificados de gordofóbicos. Luego de que una presentadora de BuzzFeed mencionara la positividad corporal de la cantante Lizzo, Michaels dijo que la gente debería celebrar su arte, no su cuerpo, "porque no va a ser genial que le dé diabetes".

Posteriormente, Michaels se negó a retractarse, declarando que "decía cada palabra en serio" y reiterando, desde entonces, que la idea de que se puede estar sano independientemente de la talla es "una clara maniobra psicológica de las compañías de comida", como me dijo.

En cuanto a la respuesta, "Fue entonces cuando pensé: lo que sea que esté pasando con este wokismo por acá en la izquierda no es bueno", dijo Michaels. (Ella admite que desearía haber logrado sacar a Lizzo de la conversación, "solo por su bien", dijo. "No por el mío").

Para entonces, Michaels llevaba alrededor de un año saliendo con DeShanna Marie Minuto, una seguidora de Trump con la que más tarde se casaría. Al principio discrepaban sobre política, y Minuto sostenía que la izquierda era más hipócrita e intolerante que la derecha. "Iríamos a la guerra", dijo Michaels. Sin embargo, Michaels poco a poco comenzó a ver más evidencias que respaldaban las posturas de Minuto.

Mientras Michaels empezaba a percibir de forma diferente a sus antiguos aliados, se sintió acogida por personas del otro lado de la brecha política. Aunque no les encantara que fuera gay ni estuvieran de acuerdo con todas sus opiniones, ella creía que dejaban más espacio a las perspectivas divergentes. Ha comparado el proceso de abrirse públicamente sobre su cambio político con otro que, cuando era joven, inicialmente resistió: salir del clóset.

"Está saliendo de su burbuja liberal", dijo Kelly, la comentarista conservadora, en agosto, tras las declaraciones de Michaels en CNN. "Y su viaje aún no ha terminado".

Tanto en persona como en televisión, Michaels suele dar la impresión de ser una persona de opiniones apasionadas y con ganas de conectar. "No lo sé, mamá", me dijo unos cinco minutos después de conocernos, tras iniciar una conversación sobre un reciente bombardeo en Ucrania. "Es como que te despiertas por la mañana y nunca sabes qué diablos va a pasar".

Como cualquiera que haya visto The Biggest Loser sabe, Michaels también puede ser dura (era famosa por decir a los concursantes que no se detuvieran a menos que "se desmayen, vomiten o mueran"); un reciente documental de Netflix sugería que Michaels descartaba los consejos médicos y promovía la restricción intensiva de calorías, afirmaciones que ella ha negado enérgicamente (el documental "son puras mentiras", me escribió en un mensaje de texto a finales de agosto). El entrenador Bob Harper, compañero de Michaels en el programa, la describió como "volátil" y al mismo tiempo ferozmente protectora con sus concursantes. (Michaels fue más directa sobre su relación con él: "No somos cercanos", dijo. "Desafortunadamente. Y ni siquiera voy a fingir que lo somos").

Los productores de The Biggest Loser se dieron cuenta enseguida de que Michaels crearía material atractivo para la televisión. "Fue ese momento eléctrico de enamorarse a primera vista", dijo Mark Koops, cocreador del programa, sobre conocer a Michaels, a quien describió como alguien que tenía "algo magnético". También ayudó que la historia personal de Michaels resonara con el tema del programa: de niña, siendo una hija única en un hogar turbulento en Tarzana, California, Michaels tuvo problemas con su propio peso, sobre todo cuando sus padres se divorciaron, y tenía 12 años.

En pocas temporadas, Michaels había alcanzado la fama. En 2008, cuando ella y su socio, Giancarlo Chersich, crearon una empresa para gestionar su creciente marca, su objetivo era hacer que Michaels fuera sinónimo de salud y bienestar, así como Martha Stewart lo era en el ámbito del hogar.

Durante mucho tiempo, la marca de Michaels fue neutral; su equipo creía que meterse en política implicaba el riesgo de alejar a una gran porción de sus seguidores, que incluían a personas de todo el espectro político. "Gran parte de mi público siempre ha estado en la clase media estadounidense", dijo Michaels. Van a la iglesia, continuó, y quieren una vida mejor, aunque no puedan permitírsela.

Sin embargo, a principios del año pasado, Michaels fue al pódcast de Bill Maher y compartió sus opiniones sobre el precio de los huevos, los bloqueadores de la pubertad para los niños trans y la posibilidad de que Joe Biden fuera sustituido como candidato presidencial. Maher vio en ella un espíritu afín, aunque fuera un espíritu afín que escuchaba "demasiadas estupideces de derecha".

Unos meses después, Michaels apareció en un pódcast presentado por Sage Steele, una comentarista conservadora y antigua presentadora de ESPN. "Yo crecí aquí", le dijo Michaels a Steele sobre Los Ángeles. "Soy mujer. Soy una mujer gay. Mi madre es judía. Mi padre es árabe. Tengo un hijo negro. Y aunque no lo creas, mi hijo es mitad latino, aunque no lo parezca. En tu juego de póquer de victimología woke, yo tengo un millón de cartas". El video se hizo viral.

¿Fue bueno para el negocio el giro político de Michaels? Chersich dijo que en general había sido una "ganancia neta". Por cada seguidor o cliente que han perdido, añadió, han atraído a 10 más. Si miras a Rogan o a otros como él, "ahora son enormes", dijo. Estas figuras hacían lo mismo que venían haciendo desde hacía mucho tiempo, continuó. "Pero el consumo es diferente".

En julio, Michaels viajó a Tampa Bay, Florida, para asistir a la Cumbre de Acción Estudiantil del grupo conservador Turning Point USA. Ahí, Donald Trump Jr. criticó al liberal estereotípico "furioso" y a la "mafia trans", mientras que Steve Bannon declaró que "el Estado profundo debe ser destruido". Michaels pasó su tiempo en el escenario animando a los asistentes a escuchar perspectivas opuestas.

"Se los prometo, ellos quieren exactamente lo mismo que ustedes", dijo a la sala llena de jóvenes conservadores. "Solo tienen ideas diferentes sobre cómo lograrlo".

Esto concuerda con el objetivo de su pódcast que, según ella, es facilitar conversaciones que expongan a la gente a distintos puntos de vista, incluyendo tanto los liberales que ama, como su madre y su hermano, como sus contrapartes conservadoras.

Sin embargo, es indiscutible que su lista de invitados se inclina a la derecha. Michaels dice que no es por falta de esfuerzo, y que incluso invitó en persona a la expresidenta del Comité Nacional Demócrata, Donna Brazile, durante la fiesta de Navidad de Maher del año pasado. "¿Con quién voy a tener más cosas en común, con Donna Brazile o con Matt Walsh?", dijo Michaels, refiriéndose al comentarista católico conservador. "¿Quién vino? Matt Walsh". (Brazile escribió en un correo electrónico que le había gustado hablar con Michaels, pero que ha seguido "la regla" de no participar en pódcast, porque si vas a uno tienes que ir a todos).

Cuando llegó Walsh, él y Michaels mantuvieron una larga discusión sobre su oposición al matrimonio igualitario. Michaels sostiene que en la mayoría de los casos, ya sea sobre eso, los orígenes de la covid o las vacunas, es mejor dejar que las ideas se expresen y se discutan abiertamente que silenciarlas.

Como alguien que ha llegado a creer muchas cosas de las que antes dudaba, la alternativa parece más aterradora. "No necesariamente coincido con ciertas opiniones de los invitados que tengo en el programa", dijo Michaels. Pero a pesar de ello, los deja hablar. "De lo contrario, creo que no vendrían", dijo, añadiendo que, además, "quiero oír lo que tienen que decir".

Este enfoque puede dar espacio para que las ideas conspirativas se difundan sin control. En abril, por ejemplo, cuando Michaels tuvo en su pódcast a Candace Owens, una comentarista conservadora, la autodenominada "superantivacunas" Owens sugirió que ciertas enfermedades circulaban más entre las personas que se habían vacunado contra ellas y reiteró su creencia de que "la verdad es" que la esposa del presidente Emmanuel Macron de Francia había nacido hombre. (Los Macron han demandado a Owens por difamación, por hacer esta afirmación repetidamente).

La difusión de teorías cuestionables está en el centro de gran parte de las críticas al movimiento de salud de Kennedy. "Toman un poquito de verdad", dijo Jessica Knurick, una dietista con un doctorado en ciencias de la nutrición, quien ha sido descrita como "la principal crítica de MAHA en Instagram". "Y la usan para sembrar dudas sobre toda la ciencia".

Con el tiempo, la actitud de Michaels hacia el movimiento ha evolucionado. Mientras que antes tenía grandes esperanzas, ahora está más preocupada. Cuando se supo que el reporte MAHA de mayo citaba estudios inexistentes, Michaels no lo podía creer. Cuando se hace algo que probablemente recibirá críticas, me dijo por teléfono unos días después, "¡revisa el informe!". También le preocupa que el movimiento de Kennedy pueda convertirse en un "tigre sin dientes", me dijo. Como dijo en su pódcast en agosto: "Hay cosas y dogmas y luchas internas y politización que empiezan a hacerme dudar de si se va a lograr hacer algo bueno ahí".

En ocasiones, Michaels ha dudado si quiere seguir inmersa en tantos debates polarizados. En diciembre, cuando decidió tomar por primera vez la droga alucinógena ayahuasca, esperaba entender por qué la vida seguía empujándola a la refriega política, me dijo. "Porque se trata de una conversación tan divisiva", dijo, y no es que pensara que todos los implicados estuvieran salvando el mundo. "La mitad de las veces solo decimos: creo que esta opción es un poquito mejor", dijo.

Lo que aprendió tomando la droga fue "que hagas lo que hagas, tienes que abordarlo con empatía", dijo. Pero la revelación le pareció solo el principio de una respuesta. "No me encontré con Dios", dijo sobre su experiencia con la ayahuasca. "Como pasó con todos los demás".

Ciertamente no la ha llevado a alejarse del conflicto. Hasta finales de agosto, inmersa en la controversia por el documental de Netflix y sus comentarios en CNN, ha contratacado con fuerza, realizando múltiples apariciones mediáticas para defenderse.

Hubo un periodo en el que Michaels creía que la gente de izquierda era "la verdaderamente empática", me dijo en algún momento, pero desde entonces su visión del mundo se ha vuelto más confusa. "Pensaba que había un bien y un mal", dijo. "Y ahora sólo pienso que todo el mundo está como sucio y que tengo que elegir un bando".