Especial para Infobae de The New York Times.
Las fotografías de las flores arruinadas siguen atormentando a los floristas. En 2020, cuando la pandemia hizo que una gran parte del mundo estuviera en confinamiento, se tuvieron que desechar muchas cosechas de flores de invernadero. Dado que nadie sabía qué iba a suceder, no se sembraron nuevos cultivos como de costumbre.
Ahora, debido a los desafíos provocados por la pandemia a las cadenas de suministro, a la escasez de mano de obra y a las malas condiciones climáticas en las principales zonas de cultivo, el abasto de flores frescas a nivel mundial no es suficiente, sobre todo el de las flores que se producen para algunos eventos, como las bodas.
“Antes nunca teníamos problemas, pero ahora todo es un problema”, señaló Bob Conti, socio de Ed Libby Events, una empresa de diseños florales en Hackensack, Nueva Jersey. “Resulta que no hay flores blancas o, bien, que las rosas para usos especiales simplemente no están disponibles. No tenemos manera de conseguirlas. No se pueden conseguir contenedores, cinta para flores, suministros y ni siquiera velas de colores. Nadie puede prometer nada. Ha sido una locura. Algo muy loco”.
Conti ha trabajado durante 30 años en la industria floral dedicada a eventos y nos comentó que nunca había visto tanta escasez de materiales. Muchos floristas de todo el país mencionaron que estaban pasando por lo mismo.
“En 2020, los productores de flores tuvieron muchísimas pérdidas debido a todos los productos que se arruinaron o que no se vendieron como resultado del confinamiento, y no sabían qué cantidades planificar para 2021 y después”, explicó Rishi Patel, director general y director creativo en HMR Designs, una empresa productora de eventos en Chicago. Patel señaló que, anteriormente, si un producto no estaba disponible, a menudo se debía a algún desastre natural en una zona determinada y que casi siempre su equipo encontraba lo que necesitaban en otra parte, solo que a un precio más elevado. Pero ahora ese no es el caso.
“Lo que estamos enfrentando en estos momentos es una abrupta paralización de toda la industria floral”, explicó Patel.
Esto está sucediendo al mismo tiempo que abundan las bodas, para las cuales muchas parejas gastan miles de dólares en flores. De acuerdo con el grupo empresarial Wedding Report, se espera que este año haya alrededor de 2,5 millones de bodas en Estados Unidos; por lo tanto, Conti calcula que quizás hasta 2023 el negocio funcione como lo hacía antes de la pandemia.
“La temporada de bodas está a punto de comenzar de nuevo, así que seguiremos teniendo dificultades”, aseveró. “Quizás nos falte todavía un año para alcanzar una cierta estabilidad”.
Del campo a la mesa
En la industria de las flores frescas interviene una complicada cadena de suministro que, a pesar de su complejidad, antes de la pandemia lograba funcionar casi sin contratiempos.
La mayor parte de las flores que se venden en Estados Unidos proceden de los Países Bajos, Colombia, Ecuador y Kenia, los cuales se consideran importantes zonas de cultivo. La enorme mayoría de las rosas que hay en las bodas de todo el mundo, por ejemplo, son de Ecuador, y los Países Bajos producen la mayor parte de las peonías. Aunque hay granjas de flores en Estados Unidos, estas tienden a especializarse en variedades más inusuales porque no pueden competir ni con el volumen que producen los productores de otras partes del mundo ni con los precios más bajos que manejan.
Las flores que se usan en los eventos son diferentes de las que se venden en los supermercados o en internet. Las que se denominan flores para eventos son cultivadas con una mayor calidad y alcanzan su máxima floración antes del día del evento. Por lo general, estas flores se cosechan a mano casi diez días antes de la boda, que es más o menos el tiempo que tardan en abrir por completo.
Las flores de los supermercados son creadas para tener una vida más larga y se cosechan más pronto a fin de que los pétalos se queden bien apretados y no se abran antes de que las compren. Pero es común que nunca abran por completo, motivo por el cual la mayoría de los floristas que se dedican a las bodas no las usan.
Después de que las flores frescas se cosechan, pasan a las licitaciones y a los mercados de ventas al mayoreo, los cuales las empacan y las embarcan en camiones y aeroplanos, siempre a una temperatura controlada, para enviarlas a los almacenes y a otros puntos de distribución de todo el mundo. De ahí, son despachadas a negocios como los de Patel y Conti o a mercados locales más pequeños, como los distritos de las flores de Los Ángeles y de Nueva York.
Muchos floristas tienen un método híbrido de abastecerse para las bodas. La mayor parte de las flores son del tipo que se usan para eventos y se compran directamente a los mayoristas con el fin de garantizar el volumen y las variedades que requieren. Después, las complementan con otras flores específicas que emplean para pequeños arreglos, ramos y ramilletes que estos floristas compran en los mercados de flores locales unos cuantos días antes del evento.
Durante las décadas en que este proceso fue eficiente, los floristas como Conti podían hablar acerca de los diseños florales con sus clientes hasta con un año de anticipación y exhibir algunos arreglos de muestra de seis a ocho semanas antes de la celebración. No era común que los floristas se preocuparan por no poder conseguir las docenas de flores blancas que necesitaban para el altar ni las rosas para el arreglo de la mesa nupcial.
Luego vino la pandemia.
Los desafíos de cada etapa
Luego de los confinamientos de 2020, los productores no solo sembraron menos, sino que cambiaron lo que cultivaban, comentó Tracey Morris, una florista de Santa Bárbara, California. Muchas granjas con las que trabaja su empresa, Ella & Louie, pasaron de cultivar flores para eventos a sembrar el tipo de flores que se venden en los supermercados debido a que eran más rentables en ese momento, afirmó. También añadió que las granjas ya han vuelto a cultivar flores para eventos, pero que el proceso es más lento porque tienen que esperar hasta que recolecten lo que se sembró o sacar esas flores para poder sembrar otras.
También la escasez de mano de obra ha afectado la industria. Tras la caída de la demanda en 2020, las granjas y los mayoristas despidieron empleados, entre ellos recolectores y vendedores. Otros trabajadores dejaron sus empleos como consecuencia de una reacción en cadena a los cambios en el estilo de vida que trajo la pandemia.
Morris comentó que en una de las granjas locales con las que trabaja, “la hija de un empleado tuvo que empezar el preescolar en línea y su padre se quedó a acompañarla. Eso implica que hay una persona menos que siembra y cosecha ese año”.
También se trastornó el proceso de llevar flores de un lugar a otro. Patrick Dahlson, director general de Mayesh Wholesale en Los Ángeles, mencionó que su tienda de flores, el cual tiene diecinueve sucursales en once estados y centros de distribución en ciudades como Miami y Portland, Oregón, ha sufrido demoras cada semana. Dahlson afirmó que había menos camioneros que transportaran las flores y, debido a la reducción de vuelos internacionales, en las aeronaves hay menos espacio para importaciones. Esos retrasos, señaló, pueden traer como consecuencia la pérdida de productos debido a que tal vez las flores se queden durante varios días en un enfriador del aeropuerto antes de ser embarcadas en algún vuelo.
Las temperaturas más frías de lo normal en 2021, junto con una temporada de cultivo más lluviosa en Sudamérica alteraron el rendimiento de los cultivos de algunas flores como las rosas y los claveles, ambas muy populares en las bodas. Además, las sequías en California han seguido planteando un reto a las granjas de flores de ese estado, en el cual se encuentra la mayor cantidad de negocios de ese tipo en el país.
Estos retos también han provocado que suban los precios, tanto de las flores nacionales como de las importadas. Conti mencionó que las rosas que costaban 1,50 dólares por tallo ahora están en 3 dólares o más el tallo. Según Patel, también se ha incrementado, de 25 a 50 por ciento, el costo de las flores blancas, el color que más piden para las bodas.
Soluciones creativas
En medio de todo esto, los floristas están descubriendo formas creativas de ofrecerles a sus clientes las flores que soñaron para su boda. El secreto es la flexibilidad y la creatividad.
“Los eventos más fáciles para nosotros son aquellos en los que podemos aplicar toda nuestra creatividad”, comentó Kara Nash, propietaria de Kara Nash Designs, en Atlanta. “Aunque todo parezca negativo, hay flores; solo que quizás estas sean de variedades diferentes de las que se esperaban”.
Nash ha estado replanteándose cómo elaborar un arreglo cuando no tiene disponibles las flores que usa. Nos comentó que arranca el centro de una rosa para transformarla en una rosa de jardín, o el centro de un clavel para que parezca un lisianthus. También modifica el color de las flores con pintura floral.
Conti añadió que, en vez de hacer grandes arreglos de flores, ha usado otro tipo de flora, como árboles vivos en macetas, los cuales, a diferencia de las flores, se pueden volver a usar para otros eventos. También ha recurrido a las velas, tanto para formar velas de pilar a lo largo de las naves de la iglesia, como para colocar velas votivas colgadas de los techos.
“Las parejas desean que su día se vea hermoso y que sea un reflejo de su estilo”, aseveró Nash. “Siempre y cuando el efecto visual global produzca un gran impacto, qué importa si usamos rosas o peonías para lograr esa impresión”.
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