Pulseras que duran para siempre, como los diamantes

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Especial para Infobae de The New York Times.

Sophia Wu y Rachel Fulton, quienes son mejores amigas, se conocieron en 2013, en su primer día en la Universidad de Nueva York. Poco más de ocho años después, el 5 de noviembre, seleccionaron unas pulseras Forever, Sweet Nothing a juego que les soldaron alrededor de la muñeca: un vínculo literal para celebrar su unión emocional.

“Es muy sencilla y delicada”, mencionó Fulton, de 26 años, sobre su pulsera. “Siempre nos va a gustar y combina con todo”.

Wu, estudiante de la Escuela de Medicina de la Universidad George Washington en Washington D. C., había viajado el fin de semana para animar a Fulton durante el maratón de la ciudad de Nueva York e intercambiar regalos navideños.

“Pensé que podríamos darnos nuestros regalos de Navidad por anticipado, y también es algo para que recuerde en esos 42 kilómetros que estoy pensando en ella”, afirmó Wu, de 26 años, antes de la carrera.

Fulton, que trabaja en ventas de la industria de la moda y vive en el East Village, y Wu adquirieron sus pulseras soldadas en la sucursal de SoHo de Catbird, una marca de joyería establecida en Brooklyn en 2004. La empresa dice que realiza 70 sesiones de soldadura al día.

Los clientes eligen entre cinco cadenas de oro sin cierre cuyo precio oscila entre los 98 y los 334 dólares, antes de que se les haga un ajuste personalizado y luego el “zapping” (una soldadura de un minuto, sin contacto con la piel).

“Lo que vemos es a muchas personas que vienen a marcar una ocasión o a llevarse un recordatorio de un triunfo o una tribulación, o lo usan como una pulsera de amistad”, dijo Leigh Plessner, la directora creativa de Catbird.

Rony Vardi, fundadora y directora general de Catbird, relató que ella y los joyeros del estudio Catbird comenzaron a experimentar con la idea de soldar joyas alrededor de sus cuerpos en 2016. “Parecía una evolución del estilo de joyería con el que siempre hemos comerciado. Siempre se trata de joyería sin esfuerzo”, afirmó Vardi. “Yo nunca me quito ninguna de mis alhajas”.

También probaron con collares y tobilleras soldados, pero llegaron a la conclusión de que ninguno de ellos funcionaba tan bien como las pulseras. “Las tobilleras se estiran bastante rápido y pueden engancharse en las cosas”, explicó Vardi, “y los collares también pueden ser bastante complicados y enredarse con el cabello”.

El primer evento fugaz de soldadura de la marca fue en el barrio de Williamsburg, en Brooklyn, en la primavera de 2017. Hasta la fecha, Catbird dice que ha soldado 26.000 pulseras, el 90 por ciento en la tienda de SoHo.

También hay motivos pragmáticos. “Cualquiera que sea el mecanismo que se utilice para sujetar un artículo como un collar o una pulsera, a menudo va a ser el eslabón débil de una pieza de joyería”, sostuvo Jeffrey Cohen, el presidente de Craft Lab Grown Diamonds en Nueva York. “Al eliminar el broche y crear el efecto sin juntas, es probable que el artículo esté más seguro”.

Varios videos de pulseras permanentes han llegado a acumular cientos de miles de “me gusta” en las redes sociales. “Se ha vuelto muy popular gracias a los videos de TikTok”, comentó Lindsey Bishop, propietaria y jefa de metalistería de Lackadazee, una empresa de joyería artesanal de Louisville, Kentucky. Su tienda ofrece pulseras permanentes de plata y oro con y sin dijes. “Hemos visto una gran afluencia de gente”, contó.

Leah Belford, propietaria de Leah Alexandra, una marca de joyería de Vancouver, Columbia Británica, empezó a ofrecer pulseras permanentes tras ver un equipo de soldadura en una feria. Dos años y medio más tarde, su negocio Spark Studio fabrica unas 800 pulseras al mes.

En una tienda fugaz que estuvo disponible durante una semana en el Hotel Shangri-La de Toronto en septiembre, Belford indicó que dos técnicos de soldadura atendieron a 800 clientes, algunos de los cuales habían conducido cuatro horas para llegar. Spark Studio vende 15 variedades de pulseras de plata, oro y oro blanco que cuestan entre 60 y 250 dólares (incluida la soldadura).

A menudo llegan mujeres de veintitantos años en pares y grupos, pero también hay clientes fuera de ese grupo demográfico. “Empezamos a ver parejas que vienen a hacérselo juntos. Nunca he visto a un hombre entrar y resistirse”, comentó Belford. “En una ocasión, vinieron tres generaciones, con una criatura de dos años. Una vez, le soldamos una pulsera a una persona de 100 años”.

La vida útil de una cadena soldada depende del estilo de vida y la actividad del individuo. Si la persona cambia de opinión sobre la permanencia (o necesita una resonancia magnética, por ejemplo), las bandas sin cierre pueden cortarse fácilmente con unas tijeras domésticas.

En cambio, las piezas permanentes más resistentes a veces requieren herramientas para fijarlas y quitarlas. Desde 1969, muchas pulseras Love de Cartier se venden con un destornillador (incluido el diseño original). “Llevo uno en el bolso para apretarla” unas dos veces al mes, dijo Ted Gibson, de 55 años, peluquero de la farándula y fundador de Starring by Ted Gibson en Los Ángeles.

Gibson lleva tres pulseras Love en su muñeca derecha: una de oro rosa que compró hace 10 años en Cannes, Francia, y dos (una de oro y otra de oro blanco) que le regaló su marido cuando cumplió 50 años. Nunca se ha quitado los brazaletes.

“Me gustaría que me enterraran con los brazaletes de Cartier, pero me van a cremar, así que no tendría sentido”, relató Gibson. “Quiero que las tenga alguien de mi familia”.