Sulli
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SEÚL, Corea del Sur — Cuando Sulli, la estrella del K-pop, acabó con su vida el mes pasado, su colega cantante, Goo Hara, se veía destrozada al despedirse de su mejor amiga en un video que transmitió en vivo. Mientras las lágrimas le corrían por las mejillas, Goo expresó su deseo de que Sulli viviera “como ella quisiera” en el cielo.

“De ahora en adelante viviré con el doble de diligencia porque ya no estás aquí”, dijo. “Queridos admiradores, estaré bien. No se preocupen por mí”.

Pero el domingo, seis semanas después de la muerte de Sulli, también Goo fue encontrada sin vida en su casa de Seúl y la policía considera que ella misma se quitó la vida. Los suicidios de dos de las estrellas más queridas del K-pop han dejado a los admiradores reflexionando sobre qué ha pasado con el K-pop, la exportación cultural más exitosa de su país.

Lee Yong-pyo, jefe de la Agencia de la Policía Metropolitana de Seúl, les dijo a los reporteros que el cuerpo de Goo fue encontrado por una trabajadora doméstica el domingo, 24 de noviembre, por la tarde. Los investigadores también encontraron una nota escrita a mano en la que Goo expresaba la desesperanza que sentía, dijo Lee

Mientras los admiradores aquejados por la pena llegaban en raudales al hospital de Seúl donde yacía su cuerpo, su familia planeaba hacer un funeral privado.

Aunque antes eran populares casi solo en los países asiáticos, los grupos de chicas y chicos de K-pop ahora son capaces de convocar un gran número de seguidores a nivel mundial. El género ha captado la imaginación de fanáticos de todo el mundo con su fusión de canciones sintetizadas, arte visual, atuendos de moda y rutinas de danza sincronizada que mezclan la sexualidad con una inocencia enternecedora.

Pero los expertos de la industria del entretenimiento desde hace mucho han advertido sobre el lado oscuro del K-pop, el cual en gran parte ha permanecido oculto detrás de su glamur a pesar de estar lleno de escándalos.

Legiones de jóvenes surcoreanos entrenan durante años, a veces empiezan desde que están en la pubertad, perfeccionando su voz y sus pasos de baile con el afán de impresionar a agencias de “representación de estrellas”, pues quieren que los consideren lo suficientemente buenos para debutar su primer sencillo. Incluso después de haber pasado la prueba para volverse ídolos del K-pop, su estatus rara vez es duradero, pues estrellas más jóvenes con una apariencia más atractiva y pasos de baile más asombrosos los remplazan. Las estrellas del K-pop que se acercan a los 30 años ya se consideran viejas, y estos ídolos en decadencia intentan buscarse nuevos papeles en la actuación o como solistas o invitados recurrentes en algún programa de entrevistas, una transición difícil que suele no ser exitosa.

El fenómeno del K-pop se disemina principalmente por medio de YouTube, Instagram, Twitter y otros canales de redes sociales, donde sus estrellas están expuestas tanto a un torrente de cartas de admiradores como al ciberacoso y comentarios llenos de odio, sobre temas que van desde su apariencia hasta su habilidad para cantar o su vida personal.

En 2017, Sulli, una exmiembro del grupo de chicas surcoreanas llamado f(x), asistió a un funeral de otra estrella del K-pop, Kim Jong-hyun, de 27 años, que se había suicidado tras dejar una nota en la que decía que se sentía consumido por la depresión.

Sulli, de 25 años, también se quitó la vida el mes pesado luego de quejarse amargamente sobre los troles misóginos de internet que la agredían sobre todo a raíz de que se unió a una campaña feminista que abogaba por no usar brasieres.

Goo, de 28 años, una exmiembro de Kara, un grupo de K-pop muy popular formado por chicas, también había tenido dificultades con las agresiones en línea. Unos troles esparcieron rumores de que le debía su apariencia sobre todo a la cirugía plástica. Ella reconoció que se había sometido a una intervención quirúrgica por sus párpados caídos.

Las cosas empeoraron cuando terminó con su novio diseñador de peinados, Choi Jong-beom. Incluso hubo rumores de un video en el que la pareja tenía relaciones sexuales.

“Ya no seré permisiva con estos comentarios maliciosos”, escribió Goo en su cuenta de Instagram en junio, quejándose de su depresión y problemas de “salud mental”. (Tras su muerte, las publicaciones como esta que tenía en Instagram fueron eliminadas).

En ocasiones parecía estar desesperada, pues incluso les rogaba a sus críticos que cesaran sus ataques.

“¿Que no hay nadie allá afuera con una mente hermosa capaz de acoger a los que sufren?”, imploró.

“No es fácil para los artistas públicos como yo, nuestra vida personal se somete a un escrutinio incomparable y sufrimos un dolor del que no podemos hablar ni con nuestros amigos y familiares”, sostuvo. “¿Pueden por favor preguntarse qué clase de personas son antes de publicar en línea un comentario malicioso?”.

La situación con su exnovio, Choi, se volvió especialmente contenciosa. El año pasado lo demandó, pues decía que la había amenazado con divulgar la grabación donde se les veía teniendo sexo. En agosto, lo sentenciaron a 18 meses en prisión con cargos de extorsión, coerción y agresión a Goo. Pero el tribunal suspendió su sentencia, por lo que permaneció en libertad.

El suicidio de Goo ha provocado una examinación de conciencia en Corea del Sur. Desde que se supo de su muerte, se ha duplicado a 217.000 el número de personas que apoyan una petición en línea dirigida al presidente Moon Jae-in que exige sentencias más severas para el acoso sexual.

En su último mensaje de Instagram, Goo subió una foto de sí misma acostada en su cama. Escribió: “Jalja”, que significa “duerme bien”.

*Copyright: 2019 The New York Times Company