
El Presidente Luiz Inácio Lula da Silva vuelve a apañar dictadores. Durante la Sesión del Consejo Permanente de la OEA de este miércoles 7 de junio, Brasil se reusó a pronunciarse sobre los crímenes de lesa humanidad del dictador de Nicaragua, Daniel Ortega.
El país sudamericano es parte de un Grupo de Trabajo sobre Nicaragua integrado por Chile, Costa Rica, Canadá, Estados Unidos, Perú, Colombia y Ecuador. Durante los últimos cinco años, Brasil había sido vocal y valiente sobre abusos de Ortega. Ya no más.
Lula vuelve a callar. Hace tan solo una semana el Presidente de Brasil dijo, sin sonrojarse, que los crímenes de lesa humanidad de Nicolás Maduro en Venezuela eran una “construcción narrativa”. Todavía no ha pedido disculpas.

¿Por qué duele tanto el silencio de Brasil?
Brasil es un país muy religioso. Ortega ha obligado a salir de Nicaragua a 77 líderes eclesiales, ha perpetrado más de 530 ataques contra la iglesia, arrestado sacerdotes, profanado templos y disparado contra casas de oración.
Brasil tiene peso. No solo es la economía más grande de América Latina, Brasil preside el Banco Interamericano de Desarrollo, la OPS y el Banco de los BRICS. Su silencio en temas de derechos humanos en Nicaragua tiene relevancia y repercusiones.
El Presidente de Brasil jamás va a llamar a Ortega dictador. Son hermanos y compañeros de lucha. Gracias a Ortega Lula logró conocer a su líder y mentor, el dictador Fidel Castro, su gran inspiración para crear el infame Foro Sao Paulo.
Vale recordar que, en 2021, Lula dijo: “¿Por qué Angela Merkel puede estar 16 años en el poder y Ortega no?”. En julio de 2021, elogió a la dictadura de Cuba y aseguró que si no estuviera sometida al “bloqueo sería como Holanda”.
La muerte de Joao Baena Soares. El silencio de Brasil en la OEA se produce justo el día de la muerte de Baena Soares, un Secretario General de la OEA que fue clave para la paz en Nicaragua. Soares ayudó a poner fin a la dictadura de Ortega en los años ochenta y cimentó las misiones electorales en América Latina. Un brillante legado empañado por el Presidente Lula.
Un escandaloso silencio. Una nación grande y querida como Brasil no se merece un Presidente pequeño y cobarde como Lula, que defiende a dictadores, apoya corruptos y calla ante sus crímenes.
*El autor es un periodista desterrado, fue embajador ante la OEA y ex miembro del Cuerpo de Paz de Noruega (FK).
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