
Mientras el mundo entero se obsesiona con los estragos posibles e imaginados que esta generando la cepa delta del COVID 19 pocos advierten la presencia y expansión de la cepa alfa. Esta cepa cuyos orígenes son geopolíticos y no biológicos avanza con mayor rapidez y poder que el COVID 19 y podría llevar al mundo a mayores aprietos.
Su presencia es obvia. Luego de una campaña presidencial particularmente disruptiva y francamente extremista la administración Biden esta siguiendo al pie de la letra el guion conocido como América Primero que creara Donald Trump. Y más allá de que Biden quizás está escribiendo demasiados cheques para alimentar el consumo, el resto de sus políticas siguen el sendero marcado por su antecesor. Desde la propuesta de reconstruir la envejecida infraestructura de Estados Unidos pasando por poner fin a la presencia militar norteamericana en Afganistán, Irak y cualquier costado del mundo que no se ubique dentro del primer circulo de seguridad de Estados Unidos, todos os pasos de la Administración Biden siguen el libreto Trump. Y la explicación de este sin razón simplemente es: aislacionismo.
Biden como cualquier otro político exitoso de Estados Unidos sabe que su pueblo desea retirarse de un mundo que desde el 11 de septiembre del 2001 ve con una mezcla de miedo y rechazo. Al no comprender la razón de atentado y mucho menos la presencia de sus ejércitos por dos décadas en la antigua guarida de los atacantes, el pueblo norteamericano ha regresado emotiva y comunitariamente a la idea primigenia de los fundadores del país: establezcamos una sociedad aislada de los vicios del mundo y protegida de sus ataques.
Esto fue así durante buena parte de la historia de Estados Unidos cuyos líderes siguiendo los consejos de George Washington en su carta de despedida del gobierno se inhibieron de participar en los procesos de cambio político que acompañaron a la consolidación del estado nación. Tuvo que ocurrir un bombardeo al territorio norteamericano para que el pueblo aceptara que su país participara en lo que ya era un conflicto mundial.
Algo similar ocurrió luego del ataque terrorista al World Trade Center. El pueblo norteamericano consideró que había que involucrarse tanto militar como políticamente con el resto del mundo para impedir que el ataque quedara impune y que se repitiera. Pero luego de dos décadas en que se ha vivido una de las peores crisis económicas mundiales, el terrorismo ha crecido, y el debilitamiento de los estados nación ha llevado al florecer de los conflictos, el pueblo norteamericano desea volver a casa y levantar los puentes que comunican a su país con el resto del mundo excepción hecha de México y Canadá que son vistos como miembros de su vecindario.
Y es allí donde reside el peligro. Una retirada de Estados Unidos del mundo puede ser tan aparatosamente nociva como la retirada de Afganistán o la conclusión de la alianza con Australia para dotar a ese país de submarinos nucleares. En Afganistán se ha iniciado un proceso de colapso que no sabremos cuantas víctimas cobrara. El acuerdo con Australia ha provocado el retiro de Francia de los escenarios que comparte con Estados Unidos. Y de continuar el espíritu aislacionista cobrando fuerza podríamos experimentar severas dislocaciones en la cadena de suministro ya que su reactivación luego del COVID 19 depende la colaboración entre las potencias tecnológicas del mundo que solo son 5 ( Alemania, Estados Unidos, China, Japón ,Israel). Pero la colaboración exige aportes que no sabemos si Estados Unidos esta dispuesto a realizar en esta era de aislacionismo. De no realizarlos quizás quien gane terreno sea China lo cual hace más complicada la solución del dilema entre Estados Unidos y ese país. Porque en Estados Unidos se interpretará cualquier ganancia de terreno de China como una agresión y responderá tensando las relaciones con ese país. Y en la medida que las relaciones se tensen la economía mundial sufrirá graves danos dada la interdependencia económica y tecnológica entre China y Estados Unidos. Y este forcejeo bien podría sentar las bases de una recesión económica de proporciones dantescas.
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